miércoles, 26 de noviembre de 2014

Dark Light 9

Capitulo 9
Competición


—Te juro que yo no sabía nada —le dijo Aura a Lily.
—Has tenido suerte —dijo Karen—. Ten más cuidado cuando esposes, podría no habértelas quitado. A tu hermana le pasó algo similar en el pasado y salió malparada.
— ¿Qué te pasó? —le preguntó Lily.
—Nada, olvídalo —cambió de tema—. Es hora de tu entrenamiento.
No era tan difícil ir atando cabos, sabía que Aura le ocultaba algo, aunque temía preguntarle. Algo similar, podría referirse a que ella también se quedó esposada con alguien. Y salir malparada... Sus guantes (que al parecer antes no llevaba). Pero no quería pensarlo, porque no podía ser... De ser así, se lo habría contado.
— ¿Entrenamiento? —preguntó. 
—Bienvenida a Dark Light —sacó una insignia como la suya y se la puso a Lily en la parte izquierda de su chaqueta—. Ahora mismo estás en el rango Principiante.
— ¿Y tú?
—En el Plata.

Aura pretendía enseñarle a disparar armas, con la cantidad de categorías que había: lucha, salto, velocidad… Pero ella pensó que sería mejor enseñarle a disparar. Nunca se hubiera imaginado a si misma disparando y de habérselo imaginado, se hubiera reído por llegar a pensar tales tonterías.
Todas parecían armas normales, todo tipo de revólveres, pistolas, metralletas, rifles… Pero, para empezar, Aura le dio una pistola simple. En cuanto la cogió, se encendió una pantalla holográfica a un lado, con toda clase de información. La leyó en voz baja, mientras Aura cogía otra igual y se ponía a su lado.
—Léela en voz alta, es la mejor manera de entender lo que pone.
—Calibre: 9 milímetros. Munición: balas de fogueo, 100%. Recorrido mínimo sin obstáculos: 700 metros. Sistema de tiro: manual. Fuego: silencioso.
—Presta atención. En la mayoría de las armas puedes hacer modificaciones con el comando de voz, por ejemplo en el sistema de tiro, la munición o el fuego. La tuya está cargada con balas de fogueo, pero la mía tiene diferentes tipos, por ejemplo: Comando de voz: Munición: balas de bronce. Sistema de tiro: automático. Fuego: lento
Se oyó un chasquido proveniente de su arma y la información de la pantalla cambió. Aura sujetó la pistola con la mano izquierda, apretó el gatillo sin soltarlo y empezó a disparar hacia la diana que había al fondo de la habitación. Vació el cartucho de balas de bronce, Lily quedó sorprendida.
—Aunque el automático se suele usar muy poco porque gasta demasiada munición y es difícil controlarlo. El moderado es bueno para distancias cortas, el silencioso para misiones encubiertas, ya sabes, si no quieres que te oigan y todo eso... En fin. Todas las armas están diseñadas para que acepten cualquier tipo de balas, fabricadas aquí (obviamente). Siempre tienes que llevar cartuchos de sobra encima, en el cinturón —hasta el momento Lily estuvo escuchando con atención sin perder ni un solo detalle, no quería olvidar nada—. Y ahora te toca. Cógela con las dos manos —Lily lo hizo—. Prepara tu posición, no siempre vas a poder hacerlo si hay alguien siguiéndote, pero intenta equilibrar el cuerpo para evitar balanceos. Antes de disparar, cuando presiones el gatillo, hazlo despacio para que el tiro sea lo más preciso posible, y cuidado con el retroceso. Ahora apunta.
— ¿Y cómo apunto exactamente?
—Cuando Edgar me enseñó a usar esta me dijo algo de la mira delantera trasera, alinearlas y no sé qué más, pero como no entendí el rollo que me había soltado simplemente apunté como me pareció y me salió bien. Solo sigue tu instinto.
—Ah... Vale... Instinto...
Aunque las dos dudaban de que el instinto y, sobre todo, la vista de un humano y un vampiro fueran iguales.
—Con las otras va a ser más fácil, pero ya llegaremos... Otra cosa, cuando dispares a alguien, intenta herirlo, pero no lo mates si algún supervisor (de, por lo menos, rango Plata) te haya dicho que lo mates. Nunca dispares a la cabeza ni al corazón. Aunque a veces aunque apuntes ahí no lo matarás... —Lily asintió—. Dispara.
Lily disparó, se fue unos centímetros del centro de la diana, pero acertó.
—Muy bien —la felicitó Aura—. Casi perfecto. ¿Preguntas?
— ¿Por qué armas de fuego y no cualquier otra cosa?
—Porque eres humana, con cualquier otra cosa tendrías que acercarte mucho a tu objetivo, y podría herirte fácilmente, y tú no te curarías tan rápido como los demás. Las armas de fuego sirven para largas distancias y así aprendes más rápido. Quiero enseñarte lo máximo posible antes del lunes que viene.
— ¿Por qué tan pronto?
—Porque yo soy quien te ha reclutado y mi obligación es enseñarte, tienes que acompañarme siempre a las misiones que yo te diga. El lunes nos vamos a París.


El campeonato anual por equipos... Todos los años Dark Light hacía un campeonato en el cual casi todo el mundo participaba. Se hacían equipos de un máximo de 10 participantes. Los equipos elegían las capitales en las que iban competir, en cada capital habría un mínimo de tres equipos. El objetivo era eliminarse unos a otros hasta que solo quedara un equipo, la única medida de seguridad era que las balas solo herirían gravemente y no estarían hechas ni de plata ni ningún otro material que pudiera herir más a unos que a otros, igual que las espadas, los cuchillos, las dagas, puñales... Y además todo tenía que quedar en silencio, sin que la gente de la ciudad se enterara de lo que pasaba.
No había más rondas, ni finales, ni semifinales. Habría varios equipos en pie, pero solo un ganador. El ganador pasaría de rango inmediatamente, ese era el premio.  E iba a ser alguien del equipo de Aura, porque eran los mejores, o eso decían todos los del equipo de Aura...

Finalmente llegó el lunes, se habían repartido por todo París de dos en dos. Aura con Leandra, Karen con Nancy, Edgar con Sally, Lily con Néstor en la cima de la torre Eiffel. Era la primera vez que veía París y estaba en un campeonato en el que tenían que eliminarse los unos a los otros a base de heridas no graves... Sonaba divertido.


—Así que... ¿Eres mago? —le preguntó a Néstor intentando sacar algún tema de conversación.

—Así que... ¿Eres humana? —respondió Néstor, haciendo salir chispas de su mano.
—Vaya... ¿Fue una pregunta estúpida?
Néstor sonrió, sin apartar la mirada del paisaje, donde buscaba a sus enemigos.
—Tal vez, porque ya sabías la respuesta. Pero imagino que realmente no querías preguntar eso ¿verdad?
—Bueno... No sabía como empezar —reconoció Lily.
—Entonces... ¿Tu pregunta era...?
— ¿Qué hacéis los magos?
Néstor permaneció en silencio unos segundos, mientras comprobaba las coordenadas en un aparato electrónico, que Lily todavía no sabía cómo funcionaba. Tardó poco en contestar, pero Lily pensó que no iba a hacerlo nunca.
—Para Dark Light, todo tipo de cosas. Modificamos las armas por ejemplo, todo lo del reconocimiento de voz, los distintos comandos, el almacenamiento... Todo eso no es posible solo con tecnologia, se necesita magia. Igual para otras cosas, como los localizadores, o nuestra ropa incluso, es de un material especial y muy resistente. Ahora mismo, por ejemplo, hay una barrera entre nosotros dos y los humanos, que impide que nos vean, gracias a mi.
— ¿De verdad?
—Claro, que ahora no haya personas aquí arriba no significa que no puedan venir en cualquier momento.
—Vaya...
— ¿Qué? ¿Decepcionada? ¿Tal vez esperabas otra cosa?
—No. Estoy impresionada, es decir, el simple hecho de que todo esto sea real es impresionante.
Esta vez Néstor apartó la mirada de lo que estaba haciendo y miró a Lily.
—Pero ¿tal vez esperabas algo menos mecánico? ¿Algo que sonara más "mágico"? ¿Algo como esto?
Hizo un ligero movimiento de mano y luego indicó a Lily que se asomara. De alguna forma, en pleno otoño, toda la naturaleza que rodeaba la Torre Eiffel revivió, cambiando todos los colores apagados en verdes brillantes.
—Asombroso —fue lo único que pudo decir Lily.
Néstor volvió a sonreír, entonces se escuchó la voz de Aura a través de su transmisor.
—Néstor deja de jugar, se supone que no deben vernos.
Un segundo después, todo volvió a la normalidad. Y ninguno de los dos dijo nada los siguientes minutos. Todavía no había comenzado la acción.
—Ahí están.
Néstor señaló hacia adelante, a lo lejos, pero Lily tuvo que coger los binoculares para poder verlos. Eran dos chicos que se estaban ocultando entre unos árboles.
— ¿Y ahora qué? ¿Esperamos que vengan? ¿Disparamos?
—Esperamos, si disparamos ya descubrirán nuestra posición. Aunque Karen y Nancy están abajo, seguramente van a ir a por ellas primero. Pero Edgar y Aura están a 76 metros por detrás de ellos, tal vez ya los han visto. 
— ¿Y Sally y Leandra?
—Por ahora, están muy lejos de aquí. Lo que tenemos que averiguar es dónde están los otros 8 del segundo equipo y localizar todo el equipo 3.
Lily siguió mirando por los binoculares registrando la zona, pero no veía nada extraño. Pronto, escucharon la voz de Sally por el transmisor.
—Tenemos a 4 acampando en la Avenida Émile Zola. Son del 3.
—Nosotros tenemos a dos justo delante —dijo Edgar—. Pero queremos asegurarnos de que no haya nadie cerca, antes de eliminarnos. Hay una luz rara en el Campo de Marte. ¿Veis algo desde arriba?
—Creo que solo es uno... —dijo Lily—. Pero no está pendiente de vosotros.
—Vamos allá. Nosotros cogemos a esos dos —dijo Aura—. Nancy y Karen, corred al Campo de Marte. Ahora.
Nadie dijo nada más, Lily y Néstor observaron como Aura y Edgar eliminaron a los dos que habían visto antes. Karen, sin dificultad alguna, se deshizo del que estaba en el Campo de Marte. De sus listas se tacharon tres nombres, quedaban 15. Karen y Nancy se escondieron de nuevo, habían aparecido otros cuatro del equipo 2, pero su compañero ya estaba eliminado. 
—Tenemos a cuatro más aquí —avisó Karen— voy a por ellos.
—Fuego silencioso Karen, y se discreta —le recordó Néstor—. Hay varios humanos rondando por ahí todavía.
—Pues una maniobra de distracción y los cogemos por detrás.
—Voy.
Néstor soltó su arma, miró al cielo, estaba despejado. Frotó sus manos y apuntó al cielo. Encima de la torre Eiffel empezaron a salir fuegos artificiales, los turistas se pararon a hacer fotos, todos miraban hacia allí expectantes. Los del equipo 2 miraron también de dónde provenían y vieron donde se ocultaban sus enemigos, pero Karen y Nancy ya les estaban disparando en modo silencioso, no habían tenido tiempo de delatar sus posiciones.
—Vamos a por los otros, quedan 11 —dijo Leandra.
—Os acompañamos —dijo Karen
De nuevo silencio, hasta que cuatro nombres más se techaron de su lista. Les faltaban siete.
—Estoy fuera —dijo Sally, su nombre también había desaparecido.
—Y yo —susurró Edgar.
— ¿Aura? ¿Dónde estáis? —preguntó Lily.
Edgar y Aura estaban juntos, si Edgar estaba fuera Aura estaría...
—Hemos cruzado el río. Estoy en la Avenida de Paul Doumer. ¡Cuidado tenéis un...
Se oyeron gritos de personas y disparos.
—Estoy... fuera —dijo Aura— Los del 3 son unos malditos tramposos...
— ¿Aura? —La señal se cortó, no dejarían a Aura decir nada más—. ¿Qué ha pasado?
—La habrán herido, pero tranqui, en la enfermería la curaran. ¿Tenemos un qué?
Más disparos, pero los dos se apartaron de allí a tiempo para evitar las balas, rodaron hacia un lado y no les hirieron, pero se distanciaron. Las personas que había abajo de la torre gritaron también y huyeron, o se desmayaron, o se agacharon en el suelo. Estaban empezando a cundir en pánico en la ciudad. El equipo 3 no estaba siguiendo las normas.
Una flecha del equipo 2 salió disparada hacia una chica del tres, quedó eliminada. Subieron los seis que les quedaban del equipo 2 y 3 para acabar. Estaban los dos solos contra todos.
El dos atacaba al tres, el tres al dos... Néstor empezó a disparar, solo consiguió eliminar a una del 2. 
—Vámonos —le dijo a Lily. 
Ella se levantó, pero tenía el paso bloqueado. Un chico del tres, no podía precisar su edad, fue hacia ella. Tenía una cara de furia que Lily hasta se asustó, pero no podía retroceder, tenía la barandilla detrás de ella. No hubo disparos ni siquiera sacó armas, cualquier cosa le hubiera servido. Pero no, lo que hizo fue agarrarla de los brazos mientras ella gritaba, la tiró dese 300 metros de altura. Néstor no pudo impedirlo, mientras le atravesaban con una espada lo único que logró decir, antes de desvanecerse involuntariamente fue:
—Estoy fuera.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Cromática

Despertó una vez más. Nunca sabía si era de día o de noche, de hecho, ella no conocía el día o la noche. No sabía ni si de verdad pasaba el tiempo. No sabía nada sobre ella, solo que despertaba y se volvía a dormir en esa habitación. Esa habitación de paredes, suelo y techo blanco. No había nada, ni puerta, ni objetos, estaba solo ella. A lo mejor se equivocaba, a lo mejor no pasaban ni días, ni horas, a lo mejor solo minutos.
La primera vez que despertó, no se sorprendió de nada. Simplemente dio vueltas por esa habitación de menos de 10 metros cuadrados. Las paredes estaban a temperatura normal, eran lisas. El suelo era de azulejos brillantes y fríos, se sentía un poco húmedo al principio, como si hubieran fregado hacía pocos días, pero después desapareció esa sensación, estaba el suelo estaba completamente seco. Había luces blancas, formaban un cuadrado de 3 por 3 y estaban bastante separadas, iluminaban bien. Olía a detergente, un detergente común con esencia de pino, pero con demasiada lejía. Al principio era un poco desagradable respirar ese aire, pero con el paso del tiempo también desapareció el olor a lejía de esa habitación sin ventilación. Luego empezó a sentir el olor de la pintura...
Ella misma tenía la ropa de color blanco, era de algodón, muy suave, hecha a mano. Si estuviera hecha en fábrica tendría un toque más de áspera. Solamente eran un par de pantalones largos y una camisa, tenía los pies descalzos y sentía lo frío que estaba el suelo cuando andaba descalza.
Ni siquiera se había visto a si misma ¿cómo era su cara? No lo sabía. Tenía el pelo largo y liso, blanco. ¿Era un color de pelo común o ella era única? Su piel también era blanca, pero no tanto como su pelo, ni como las paredes que la rodeaban.
¿Cuánto tiempo llevaba allí? No lo sabía. No había comido nunca, sin embargo no tenía hambre. ¿Significaba eso que era muy poco tiempo? Simplemente dejaba que el tiempo pasase, al fin y al cabo, ella no lo dominaba. No dominaba nada que no estuviera al alcance de sus sentidos.
Un día algo cambió, apareció un espejo colgado en la pared. Nunca en su vida había visto un espejo, estaba segura, sin embargo sabía lo que era. Sus ojos no querían creer lo que veían. ¿Esa era ella? Podría ser ella... Miró su reflejo, lo que la impresionó fueron sus ojos, tenía los ojos azules, tan azules como el mar, como el cielo. Pero ¿había visto ella alguna vez el cielo? Quedó embaucada mirando ese azul... Su reflejo era la única manera de que viera un color, algo que no fuera blanco. Sus labios eran rosas, rosa pálido... Pero rosa. Quería ver más ¿dónde podría ver más? Sabía que sería imposible, pero quería estar en el espejo, quería estar en ese lado, donde no solo había blanco, si no también algo de azul y un tono rosa. Hizo tanta presión sobre el espejo, que al final este se rompió. Ella se cortó la mano, retrocedió rápido e hizo que el espejo cayera y se rompiera a trozos.
Empezó a salir sangre del corte de su mano, sangre roja. Dolía, pero era tan bonita... ¡Deslumbrante! Volvió al espejo, cogió un fragmento del suelo su sangre ensució el espejo, pero todavía podía ver el reflejo de su ojo azul, aunque la sangre roja hubiera manchado el espejo. Rojo, azul, rojo, azul... No sabía cuál era más atrayente, hubiera dado lo que fuera por ver más. No le bastaba con que un trozo de espejo estuviera rojo o que en su reflejo se viera azul, quería más.
No pudo evitarlo, se cortó también la otra mano. Pequeñas gotas de sangre habían caído al suelo, ella puso las dos manos por la pared, dejando dos marcas rojas en medio de la blanca pared. Sonrió, era fascinante.
—Dos de una, concluye la primera fase.
La puerta se abrió. Nunca se había dado cuenta de que estaba allí, había inspeccionado cada centímetro de esa pared y nunca había visto ningún signo de que hubiera puerta, como alguna ranura, por ejemplo. Pero se abrió.
Entraron una mujer y un hombre, ambos vestidos con batas blancas. Ambos tenían el pelo de color marrón oscuro y ambos tenían los ojos marrones, los labios rosados y la piel... La piel de color piel. Era extraño pensar así, pero era así. Como un coral, pero mucho más claro. ¿Era eso lo normal? ¿O lo normal era lo blanco y ellos eran los que tenían el color incorrecto?
Ella los miró a los dos durante un segundo, pero luego volvió a darse la vuelta para mirar la pared, donde el rojo sangre seguía vivo y reluciente.
—Cuatro de una, concluye la segunda fase —dijo la mujer.
Entró en la habitación.
— ¿Cromática estás bien? —preguntó.
— ¿Cromática estás bien? —repitió ella.
—Nos escucha, oída perfecta —confirmó la mujer—. Acércate.
—Acércate —repitió Cromática.
Se dio la vuelta y se acercó, la mujer le tendió la mano y ella se la cogió. Salieron fuera.
—Yo me llamo Adelaida, tengo 36 años.
—Yo me llamo Cromática, tengo 11 años.
—Fase tres completada, reconocimiento propio —dijo él—. Yo me llamo Marcus, tengo 28 años.
Adelaida se llevó a Cromática a la siguiente estancia, había más gente allí, trabajaban con ordenadores, todos iban vestidos de blanco y llevaban gorros que les tapaban completamente el pelo, ninguno se fijó en ella, ni ella se fijó en ninguno.
—Apaguen monitores.
Todos los monitores se apagaron mientras ellos cruzaban hasta la siguiente habitación. 
Entraron, Marcus hizo a Cromática sentarse en una silla, delante de una mesa de cocina de color gris, él se sentó a su lado.
—Voy a vendarte las manos, para que no se te infecten las heridas. ¿Estás de acuerdo?
— ¿Estás de acuerdo? —repitió.
Marcus cogió un botiquín que había encima de la mesa, sacó de él una gasa y una botella con agua oxigenada. Mojó la gasa con el agua y luego cogió la mano derecha de Cromática. Antes de que pudiera siquiera acercar la gasa a su mano, ella la apartó.
—Duele —dijo.
Lo conocía, no lo recordaba, pero conocía el escozor que provocaba el agua oxigenada en una herida recién abierta.
—Lo sé, pero es bueno.
— ¿Pero es bueno...? —Repitió—. No mientes.
Él asintió, decía la verdad y Cromática lo sabía. ¿Lo sabía por sus ojos? ¿Por su expresión? ¿Por su voz? Eso ya no lo sabía. Le volvió a dar su mano, Marcus le limpió el corte que tenía en la palma. Cromática no se quejó, pero sí que le dolía, bastante. Hizo lo mismo con la palma de la otra mano, después le puso unas vendas, pero se aseguró de dejarle los dedos libres y con movimiento. Luego sacó una linterna de su bolsillo.
—Mira aquí ¿de acuerdo?
Cromática asintió, Marcus encendió la linterna y apuntó con ella primero a un ojo y después al otro. No hubo reacción en las pupilas, ni siquiera parpadeó. La luz no la molestaba, ni siquiera alteraba su campo de visión.
—Bien cromática, vamos a jugar a un juego —dijo Adelaida.
—Vamos a jugar a un juego... Mientes.
Adelaida sonrió, pero ignoró esa afirmación.
—Pero para jugar a este juego, tienes que tener los ojos cerrados.
Adelaida le tapó los ojos con una tela blanca, pero opaca, era imposible que pudiera ver a través de ella. Cromática se la intentó quitar.
—No hagas trampas, si no, no será divertido.
Dejó las manos reposadas sobre la mesa. Le había mentido, tenía un tono muy amable y amistoso, pero lo había notado en su voz, eso no era un juego. Adelaida puso un objeto delante de ella.
— ¿Puedes ver Cromática?
—Sí.
— ¿Puedes ver con los ojos?
—No.
—Entonces dime qué es lo que hay en frente tuya.
Tardó unos tres segundos, pero ni siquiera se movió. En esa habitación también olía a detergente, además a plástico y a hielo. A sangre, a humanos, desinfectante, pintura... Pero no tardó nada en seleccionar lo que ella quería.
—Una manzana.
—Bien, muy bien. Ahora dime de qué color es.
Cromática levantó la mano derecha y la acercó a la manzana, logró cogerla. Estaba recién lavada, tenía todavía gotas de agua que no se habían escurrido. Solo la tocó un poco con las puntas de los dedos, fue suficiente.
—Roja, oscura.
— ¿Qué sabor tiene? ¿Puedes saberlo?
—No.
—Intenta averiguarlo, de la manera que quieras.
Cogió la manzana entre sus manos, luego se quitó la tela que cubría sus ojos, no tardó en averiguar la respuesta.
—Amargo.
— ¿Y qué más me puedes decir sobre esta amarga manzana roja?
Le dio un mordisco, la embargaron cientos de sensaciones y recuerdos, tantas cosas que se escondían en un único sabor. Una simple manzana que había sido cogida del árbol recientemente. Pero podía verlo, podía ver todo su pasado pasar delante de sus ojos. Cuando solo era una flor, cuando no había ni flores, cuando el árbol era más pequeño, cuando solo era un brote, una semilla...
—Ella murió hace 27 años, desde entonces hay plantado un manzano en la granja. Ahora es solo un campo abandonado en un pequeño pueblo a las afueras de una gran ciudad en...
—Perfecto Cromática, lo has hecho muy bien.
—Muy bien...
—Oído, tacto, gusto y olfato en perfecto estado, como debe ser. Marcus, encárgate tú ahora de las siguientes pruebas. No falles, va muy bien, podría ser la última.
Adelaida se fue, dejándolos a los dos solos. Marcus puso un maletín blanco sobre la mesa y  se sentó en frente de Cromática. Guardó la manzana.
— ¿Conoces los colores primarios?
— ¿Conoces los colores primarios?
—Enuméralos.
—Amarillo, cían y magenta.
— ¿Qué color es este?
Marcus sacó del maletín una goma de pelo común y corriente.
—Violeta.
— ¿Cómo se forma?
—Magenta y cían.
— ¿Y esto?
Guardó la goma y sacó una hoja, de alguna planta, no tardó en identificar que era una hoja de limonero.
—Verde. Amarillo y cían.
—Y lo que queda es...
—Margarita naranja, magenta y amarillo.
Efectivamente, lo había dicho incluso antes de que se la enseñara.
—Lo estás haciendo bien Cromática. ¿Y esto?
Era un simple palo de madera.
—Marrón. Magenta, cían y amarillo.
Luego le enseñó un folio en blanco, aunque blanco era todo lo que los rodeaba.
— ¿Qué color es?
—No existe.
— ¿Esto no es un color?
Cromática negó con la cabeza. Marcus guardó el folio y lo último que sacó fue una piedra, una piedra negra y lustrosa, plana y del tamaño de un dedo. Cromática se levantó de golpe, retrocedió y empezó a murmurar por lo bajo. Sus ojos iban hacia la piedra, aunque ella no quería verla, se movió de un lado al otro en la pequeña habitación, acabó tapándose los ojos con las manos. Cuando cerraba los ojos la negra oscuridad la envolvía, sin embargo seguía sabiendo dónde se encontraba. Pero las piedras no tenían olor... Ya no podía verla.
— ¿Cromática estás bien?
— ¿Cromática estás bien?
— ¿Qué me dices de este color?
Marcus se acercó a ella, Cromática se dejó caer en el suelo, con la cabeza entre las rodillas, intentando no volver a mirar.
—No, no, no, no, no, no... —repetía.
—Vamos Cromática, puedes hacerlo. Solo esto. ¿Qué me dices del negro?
—No, no, no... Noche. Oscuro. Dolor. Miedo. Locura. Carbón. Malo. Dolor. Miedo, miedo, miedo...
Transmitía tan pocos sentimientos y entre tan pocos todos eran malos. El blanco era inexistente, era una nada. Pero el negro lo era todo y todo era demasiado. Marcus se arrodilló a su lado, ella había avanzado un paso más que las otras anteriores, estaba alcanzando la perfección. Guardó la piedra en su bolsillo.
—Ya no está, puedes abrir los ojos.
Cromática confió en él, levantó la mirada y le miró directamente a los ojos, pero le había mentido. Él mismo tenía las pupilas negras, oscuras como la noche, brillantes como el petróleo.
—Mentira. Mentira. Mentira. Mentira...
—Vamos Cromática, puedes hacer esto. Solo nos quedan unas pruebas. Puedes conseguirlo, ya puedes tocar el cielo con tus manos.
—Cielo... Azul.
Su mente cambió de objetivo, en pocos segundos había olvidado el todo y el demasiado y había vuelto a centrarse. Azul como el cielo, azul como el mar, azul como sus ojos...
Marcus se levantó y volvió a la mesa, de ella sacó unos cuantos folios, luego volvió con Cromática. Si conseguía pasar de esa, habrían triunfado, si no, tendrían que hacer más cambios y volver a empezar.
—Mira aquí.
Cromática levantó la vista, Marcus sujetaba un folio con un circulo cromático con 24 espacios, pero solo 3 de ellos estaban pintados, los colores primarios.
— ¿Puedes verlo?
Ella asintió, Marcus cambió de folio, esta vez había 6 espacios pintados. Cromática volvió a asentir, Marcus volvió a cambiar de folio, habiendo 12 espacios pintados con 12 colores. Ella lo veía perfectamente ¿de qué se trataba ese juego? El siguiente folio tenía 23 espacios.
— ¿Los puedes ver todos?
— ¿Los puedes ver todos?
—Contesta.
—Sí.
Podía ver los 23 colores al mismo tiempo sin problemas, pero los problemas podrían llegar al 24, si completaba la escala. Marcus pasó el folio, dejando el círculo cromático entero, con 24 colores.
Cromática no dijo nada, no parpadeó, siguió mirando fijamente el círculo de colores. Se tapó los oídos con las manos. Volvía a ser demasiado, pero sí, podía verlos todos perfectamente. Podía verlos... y oír como gritaban. ¿Por qué gritaban? ¿Quiénes gritaban?
—Cromática, no falles ahora, todavía puedes conseguirlo.
—Quema —fue lo único que dijo, pero no dejó de mirar el círculo cromático.
Sus ojos ardían.
— ¡Adela!
Adelaida entró en la habitación, se acercó rápidamente hacia ellos, esperaba buenas noticias.
— ¿Y bien?
— ¿Y bien? 
— ¿Puedes ver todos los colores Cromática? —preguntó Adela.
— ¿Puedes...  Cromática? 
— ¿Qué ves?
—Quema... Abrasa... Arde.
Su temperatura había subido, mucho. Si ella no fuera Cromática, cualquier médico diría que tenía fiebre, o mucho más. Ni Marcus ni Adela hicieron nada, solo esperaron, Adela preparó su grabadora.
Cromática le arrancó a Marcus el folio. Podía verlos, podía sentirlos, soportarlos, escucharlos... Pero no quería hacerlo. Lo rompió en pedazos, pequeños pedacitos de papel, que aunque eso parecieran, se habían convertido en ceniza.
Adela encendió la grabadora, mientras Marcus ayudaba a Cromática a levantarse del suelo.
—Noviembre 21. Cromática 26 ha superado la prueba del círculo cromático estando dos pasos por delante de Cromática 25 y anteriores. Todo ha ido según lo previsto, procedemos a comenzar la prueba virtual—dejó de grabar—. Tantos años... Solo dos pasos Marcus, solo dos pasos...
Se volvió a marchar sin decir nada más.
Cromática volvía a estar sentada, Marcus volvió delante del maletín.
— ¿Cromática estás bien?
— ¿Cromática estás bien?
— ¿Ves esto? Son unas gafas, no te harán nada, solo que tal vez veas la habitación un poco más oscura. ¿Quieres probar? No hace falta que contestes... No hay tiempo que perder.
Dejó las gafas delante de ella, Cromática las cogió y se las puso. Tenía razón, vio la habitación más oscura, pero casi no había diferencia, en cambio cuando Marcus se puso otro par todo se oscureció. Pero ella no tardó mucho en descubrir que sus pensamientos controlaban su visión.
De repente, ya no estaba en esa simple habitación, estaba en una playa de arena dorada, mar azul con olas grandes y cielo claro y despejado. Era un día soleado, aunque no había imaginado el sol en ninguna parte, por lo que no había sombra en ninguna parte.
Empezó a moverse, pero tropezó con la mesa y se dio cuenta de que su campo de visión era ilimitado, su movimiento no.
—Así que el mar... Bueno. Habiendo visto el círculo cromático anterior... ¿Qué es lo que podrías imaginar que tuviera todos esos colores juntos? Eres libre de pensar lo que quieras.
Creyó que no lo había escuchado, pues se había sentado en la arena mirando al mar. Al principio nada cambió, luego empezó a crecer hierba en una parte de la playa, formando una pradera. En la pradera aparecieron árboles, árboles frutales. Limoneros, naranjos, cerezos... Incluso matorrales de moras, frambuesas y demás. Luego flores, margaritas, claveles, rosales, dalias... Flores comunes y hierbajos, de todos los tipos. La arena se llenó de conchas marinas de distintas formas y colores. En el cielo volaban cometas, llovía confeti y ascendían globos de colores. Aparecieron pájaros, simples golondrinas, gaviotas e incluso flamencos, muchas mariposas. Un topo salió de su escondite bajo tierra durante un momento, había conejos y ardillas. Todo iba perfectamente. La prueba se podía dar por superada.
Marcus se dispuso a quitarse las gafas y llamar de nuevo a Adela, pero entonces encontró el error. Todo ese paisaje podría llegar a parecer real, pero se agachó un momento para mirar una cría de conejo que olía las plantas a sus pies. No dudó en agarrarlo, aún siendo virtual pudo hacerlo. Todos los conejos eran blancos, grises, alguno incluso negro, marrones, con manchas... Pero ese era violeta.
Se quitó las gafas y volvió a la habitación. Cromática estaba sentada en el suelo a un lado, seguía con las gafas puestas y no pareció notar la ausencia de Marcus. Este volvió a llamar a Adela. Ella entró sonriente, pensando que todo iba bien, pero él negó con la cabeza.
— ¿Qué ha ido mal?
—Un conejito violeta.
— ¿Estás seguro?
—Compruébalo tú misma.
Adelaida le cogió las gafas de las manos y se las puso. El perfecto mundo de color que Cromática había creado, ya no estaba. El paisaje era el mismo, pero todo estaba mal. Salvo el cielo y el mar azul, ningún color coincidía. Los árboles eran de color rosa, los animales verdes y naranjas, flores negras, nubes moradas y arena de color marrón. Si había algo que conservara su patrón original, no le quedaba mucho tiempo.
— ¿Por qué es así Cromática?
— ¿Y por qué no?
Adela negó con la cabeza, eso no estaba nada bien. Se quitó las gafas y se las devolvió a su compañero. Volvió a encender la grabadora.
—Noviembre 21. Cromática 26 ha fallado en la prueba virtual. Procedemos a buscar el gen defectuoso una vez más y crear una nueva memoria —la apagó y sacó un walkie-talkie—. Cromática 26 ha fallado, preparad el incinerador. Despertad a Cromática 27. Marcus, llévatela de aquí.
Volvió a irse una vez más, Marcus no se molestó en ponerse las gafas, cogió por el brazo a Cromática. Ella no le veía, sin embargo sabía que era él, pero su nuevo mundo no le permitía escucharle, simplemente le siguió mientras caminaba por su pradera de color beige.
Cuando Marcus se separó de ella, se quitó las gafas. Estaba sola en una habitación muy pequeña con paredes de hierro, pero todavía podía escuchar su voz al otro lado de la pared.
—No te preocupes Cromática. No te pasará nada. Te lo prometo.
—Te lo prometo... —repitió ella—. Mientes. Te lo prometo. Te lo prometo. Lo prometo...
Empezó a dar vueltas sobre sí misma sin dejar de repetirlo. Se sentía angustiada, allí dentro no había oxigeno y lo único que olía era a carbón y fuego.
—Lo prometo. Lo prometo...
Estaba realmente asustada, quería salir de allí y sabía que solo había una manera de salir de allí. Volvió a ponerse las gafas y volvió a ver su mundo de colores. Allí siempre estaría a salvo, sintió como una ola de calor la abrazaba, era agradable... Pero segundos después se convirtió en dolor y todo se convirtió en negro. En todo, en demasiado y en nada al mismo tiempo.
Marcus solo escuchó como repetía las mismas palabras por última vez, las mismas palabras que había repetido Cromática 25, 24, 23, 22, 21... Y que deseaba no volver a escuchar allí dentro.
*   *   *

Despertó una vez más. Nunca sabía si era de día o de noche, de hecho, ella no conocía el día o la noche. No sabía ni si de verdad pasaba el tiempo. No sabía nada sobre ella, solo que despertaba y se volvía a dormir en esa habitación. Esa habitación de paredes, suelo y techo blanco. No había nada, ni puerta, ni objetos, estaba solo ella. A lo mejor se equivocaba, a lo mejor no pasaban ni días, ni horas, a lo mejor solo minutos...

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Si te preguntas "¿Qué es lo que ha pasado aquí?" Solo vuelve a leer e intenta entenderlo. Si no puedes entenderlo, invéntatelo. No te preocupes luciérnaga, yo tampoco lo he entendido...

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Dark Light 8

Capitulo 8
Prueba

—Lily ¿cómo has llegado aquí? 
—Yo... solo había entrado en un ascensor y aparecí en este piso.
—Eso es explicable ¿pero cómo has encontrado nuestra sala de reuniones?
—Seguí las flechas.
Todos se miraron entre ellos, esperando que alguno supiera a qué se refería.
— ¿Qué flechas? —Preguntó Néstor, el chico del pelo azul y los ojos marrones, debía de tener 20 años, pero a saberse si era así, ahí todos aparentaban algo que no eran.
—No sé, unas flechas azules que aparecieron de repente.
— ¿Flechas azules? Nunca había visto eso —dijo Edgar, el rubio—. He visto colores según el peligro de la situación, verdes, amarillas, naranjas, rojas y violetas. Pero azules...
—Bueno, a lo mejor la luz me engañó y no eran de ese color, no sé, tal vez eran violetas.
Lily dejó correr el tema, pero Edgar seguía pensando.
—Violetas... Eso sería en caso de evacuación... Sonaría una alarma...
—Por cierto ¿quién eres? Y cierra la puerta que se desnivela la intensidad de la luz —dijo Karen.
—Es mi hermana, Lily —Lily cerró la puerta—. Lily ellos son algunos de mis otros compañeros —empezó a señalarlos—. Edgar y Leandra, son lobos. Karen es medio humana, hija de dos lobos. Y Néstor, un mago —él chasqueó los dedos, haciendo que salieran chispas verdes—. Pero al contrario que otros, prefiere dedicarse a la lucha. A Nancy y a Sally ya las conoces.
—Hola... —saludó nerviosa. No se movió de la puerta.
Estaba metida en una habitación con 7 "personas" que probablemente estarían tan bien entrenadas como para matarla en cinco veces antes de caer al suelo.
—Estábamos haciendo planes, enseguida acabamos —dijo Aura—. Nancy apaga la luz.
Nancy apagó la luz y la habitación quedó oscura durante un segundo, la mesa redonda que rodeaban se iluminó como una pantalla, era el mapa del mundo.
Aura se quitó el guante de la mano izquierda y empezó a tocar los diferentes puntos del mapa, acercando así la vista a las diferentes ciudades, luego seleccionaba imágenes aéreas y las separaba, cuando obtuvo 12 imágenes desapareció el mapa y solo quedaron esas vistas. Todo lo había hecho con una sola mano, y encima no era la dominante, o por lo menos no lo era antes.
—Otros equipos se están encargando en este mismo momento de estas siete —separó algunas imágenes. Pronto se reunirán otros para decidir quien se encarga de las demás, ahora nosotros podemos decidir, en esta y esta —señaló a dos de las esquinas— están ya dos equipos, uno es de vampiros y otro de lobos. Las demás aún están libres. 
—Yo digo París —dijo Nancy—. Siempre he querido ir a París...
—No vamos a hacer turismo —riñó Karen—. Pero ya que estamos a mi me da igual.
— ¿París entonces? —todos asintieron, Aura la adjudicó a su nuevo equipo, el primero en elegir Paris—. Enseguida nos mandan la información sobre la prueba. Ya puedes encender la luz.
La luz volvió y la mesa se hizo blanca, como una mesa normal. 
— ¿Vais a París? —preguntó Lily.
No había entendido casi nada de lo que había pasado.
—Sí, es una misión de coordinación entre equipos. No tenemos información todavía, pero siempre es lo mismo.
—Aura, yo... —Lily no sabía si estaba eligiendo bien o sería el peor error de su vida—. Yo también quiero unirme.
— ¿Seguro?
—Sí. Bueno... Eso creo...
No podía perder nada, tenía pocas opciones y esa era la más tentadora. Unirse a un grupo secreto que lucha contra el crimen de los seres mágicos y no tan mágicos... Sonaba mejor que seguir con su vida pero en Alemania con alguna de sus parientes o ponerse a trabajar y buscarse la vida por su cuenta. Además, creía que podía confiar en su hermana.
—Pues acompáñame —estiró el brazo hacia ella, Lily sabía que quería.
— ¿No estabais reunidos?
—La información tardará en llegar, tenemos tiempo.
Lily puso la mano sobre su brazo y se desvanecieron de la sala, pero no solo ellas, todos. Estaban en la sala de interrogatorios, aunque Lily solo veía a Leandra y a Aura, lo que ella no sabía es que detrás de los espejos había otra sala de observatorio, con asientos para el "público". Y tal vez era mejor que no lo supiera.
—Esta es la sala de interrogatorios —dijo Leandra—. Eso que ves con espejos reveladores, si mientes tu reflejo dirá la verdad. Antes solíamos hacer una prueba psicológica, pero desde hace unos seis años la han suprimido. Por lo que solo tienes una prueba: atrapar a alguien.
— ¿Cómo? ¿Tan directa? ¿Cómo voy a atrapar a alguien si acabo de llegar?
Leandra le dio una carpeta con información.
—Sí, es para probar tus habilidades. Abre la carpeta.
Lily la abrió, había una foto de un chico menor que ella, de unos 14 o 15 años.
—Él es un licántropo, como yo. Se llama David y tiene 14 años. Está rompiendo las normas.
— ¿Ha matado a alguien?
—Sí, a dos personas. Pero tranquila, si no lo consigues y quieres rendirte... Siempre tendrás otra oportunidad. Además, nosotros estaremos vigilándote y si ocurre algo, apareceremos ahí sin problemas.
—No, creo que podré.

Le explicaron diferentes formas de las que le podría atrapar. Luego la dejaron coger un par de amas, por si acaso, pero no se atrevió a coger una pistola. Luego cogió las esposas y un pendiente transmisor. Como a los licántropos les quemaba la plata, suponían que si conseguía ponerle las esposas, le tendrían atrapado.
Y así es como ella, acabó sola en Barcelona, buscando una aguja en un pajar.
Pensaba que le costaría mucho, la ciudad estaba repleta de personas, a pesar de que estaba anocheciendo. Pero David andaba por la calle tranquilamente. Era de su misma estatura, y eso que Lily era bajita para tener su edad,  tenía el pelo corto y castaño oscuro, no pudo verle los ojos. Tenía ropa informal, vaqueros, sudadera y deportivas.
Por un momento, pudo observar como el giraba su cabeza para mirarla de reojo, eso le daba muy mal fario. Pero el fugitivo siguió su camino, con Lily detrás, intentando no parecer que le estaba siguiendo.
Pocos minutos después, en una calle llena de gente, él se paró, se dio la vuelta y le cortó el paso.
— ¿Por qué me sigues?
— ¿Yo? —Dijo intentando aparentar inocencia—. Yo no te sigo.
— ¿Ah no? Llevas media hora detrás de mí.
—No es verdad, ni siquiera te conozco.
—Más te vale, o si no... 
Había algo en la mirada de ese chico que la puso de los nervios.
— ¡A mi no me amenaces niñato!
No supo porqué, pero se había enfadado de repente. En realidad, siempre se enfadaba cuando alguien hacía ademán de amenazarla, y siempre replicaba si estaba en buena situación.
— ¿Cómo que "niñato"? Además aquí has sido tú la que ha empezado a seguirme.
—Que yo no te sigo ¿te crees tan guapo como para que las chicas vayan detrás de ti?
—Pues a lo mejor sí.
Mientras ellos discutían, Aura estaba observando su manera de actuar junto a los demás, hasta que Nancy dijo:
— ¿Están peleando como unos críos?
—Eso parece... —dijo Néstor.
—Cuando creas que está en peligro dímelo Aura —dijo Leandra—. Así vamos a buscarla.
—Podemos esperar...
Aura no sabía porqué, pero Leandra sonreía como si fuera a echarse a reír en cualquier momento, Aura no solía hacer las pruebas a los principiantes. De todas formas no podía atacarla si había tanta gente cerca. Lo único que podía hacer es seguir discutiendo o marcharse. Siguieron discutiendo, obviamente.
—Déjalo ya —decía David.
— ¡Pero si has empezado tu!
—Pero tú has seguido —levantó la mano y la señaló.
Eran los reflejos o el miedo tal vez, pero Lily le puso las esposas, pero solo alcanzó en esa mano. Se quedó de piedra cuando David la miró con cara de asesino, pero lo que él hizo fue ponerle a ella la otra esposa. Era evidente que al hacerlo se quemó la mano, y que la otra también debería quemarle. Mucho.
—Suéltame y te suelto —dijo él con cara de dolor.
— ¡Que te den! —gritó ella. No sabía cómo iba a salir de esa. Se alejó de él, pero hiciera lo que hiciera, estaban esposados juntos, si ella se movía él también.
— ¡Estate quieta que son de plata! —se quejó.
—Lo sé. ¡Ah claro! ¿La plata quema no?
— ¿Qué no lo sabías? Espera... ¿Esta es tu prueba? ¿Me ha atrapado una alumna que todavía está en la primera prueba? ¿Qué pasa?
Lily se rió, era inevitable reírse. David miró a su alrededor, como intentando buscar a alguien.
—Parece que si...
Algunos transeúntes los miraban de reojo, pero ellos solo veían a dos niños discutiendo como idiotas en medio de la calle.
— ¡Pero si no he hecho nada! —intentó ir a por ella, pero Lily retrocedía y se lo llevaba con ella, y las esposas le estaban quemando la mano a David, por lo que perdía el equilibrio y Lily podía evitar sus golpes—. ¡Deja de moverte!
— ¡Yo a tu edad no mataba personas! —respondió ella—. Te lo mereces —volvió a tirar de la cadena, a propósito.
— ¿Yo? Yo no he matado a nadie.
David se tiró sobre ella y cayeron al suelo.
— ¡Lily no dejes que te muerda! —Le dijo Aura por el transmisor—. Aunque no esté convertido es peligroso.
— ¿Y por qué iba a morder yo a esta? —dijo David.
— ¿Qué? ¿Has oído lo que ha dicho? —dijo Lily totalmente confundida.
Leandra y Aura aparecieron allí y se los llevaron de vuelta a la sala de interrogatorios, donde Leandra sujetó a David para que no pudiera acercarse demasiado a Lily.
— ¿Oye cómo me quito esto? —dijo Lily señalando las esposas.
—Solo te las puede quitar él —dijo Aura—. Pero mientras deberías desesposarlo tú primero, está demasiado cerca de ti...
Lo decía con una sonrisa burlona, igual que Leandra, pero Lily no se había dado cuenta.
Lily le quitó la esposa a David lo más rápido que pudo y se alejó de él. David se frotó la muñeca, tenía una marca roja donde había tocado la plata.
—Bueno, a parte de este problema —levantó el brazo mirando la esposa y la cadena colgando—. Atrapado está. ¿He superado la prueba?
—Superada está —dijo Leandra—. Pero de cómo te la quitas, es problema tuyo.
—No... —dijo Lily.
 Leandra le puso otras esposas de metal a David, por seguridad.
— ¿Qué clase de broma cruel es esta? —dijo él.
—Bueno, ya te las arreglarás —dijo Leandra, se desvaneció.
—Suerte —dijo Aura, también se desvaneció.
David y Lily se quedaron  a solas, pensó que la mejor opción que tenía era ir a lo directo.
—Quítamela —le ordenó.
—No me da la gana —dijo él, con un tono propio de un berrinche.
Obviamente, no iba a funcionar, pero había sonado muy infantil por parte suya.
—Vamos, no me dejes con esto colgando de por vida.
—Te aguantas. Tú me has quemado.
—Ya, porque tenía que atraparte.
— ¿Por qué? Yo no he hecho nada.
—Según Leandra has incumplido las normas y has matado a dos personas... ¡Yo que sé! Solo estaba haciendo la prueba.
— ¡Yo no he hecho eso! —dijo poniéndose en pie.
Lily se paró a pensar, él estaba en frente de un espejo revelador.
—Espera... Se supone que si mientes tu reflejo dice la verdad, y tu reflejo no ha dicho nada. ¿Entonces...?
—Ya te he dicho que no he hecho nada —repitió.
— ¿Y entonces por qué me han dicho que si qué lo habías hecho? ¿Aura?
Oyó como se reía Leandra por el transmisor, pero no contestaba. 
—Esto tiene que ser un error... 
—Eso ya lo sé —dijo David enfadado.
—Vale, quítame las esposas y esto se resolverá —le tendió la mano.
—No confío en ti.
—No tienes más remedio.
David le quitó la esposa de la mano, en el momento entró Leandra riéndose y le quitó también las suyas a David.
—Ya te dije David, que te estaríamos vigilando, y que tal vez recibas visitas sorpresa. 
—Pero no me imaginaba que sería este tipo de visita —señaló con un dedo acusador a Lily.
—No lo entiendo —dijo Lily.
—Cómo tu eres humana no podíamos ponerte un fugitivo real, sería demasiado peligroso. David no ha hecho nada. Pero ha sido divertido.
—Te lo dije —dijo David frotándose la muñeca en la que antes tenía la esposa de plata.
—Ah... ¿Lo siento?

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Dark Light 7

Capitulo 7
Recluta

Era aterrador. Nunca la hubiera imaginado de esa forma, no conseguía verla como la misma que era antes, aunque lo intentaba. Porque, realmente, no era la misma de antes, aunque ella quisiera aparentarlo.
—No te me acerques.
—Lily, confía en mí, no va a pasarte nada. Yo no te haría nada.
— ¿Por eso no has cambiado? ¿¡Eres inmortal!?
Aura se levantó, pero decidió no acercarse a ella aún.
—Por eso. Sí, soy prácticamente inmortal.
—Y tú... ¿matas personas?
—Nunca.
— ¿Y qué comes entonces? ¿Los vampiros no comen personas?
—Supongo que la sangre de algún animal, es lo que hay aquí.
—Ah... Y tú que eras vegetariana.
Se rió nerviosamente. No quería bajar la guardia, pero Aura se había acercado a ella sin que se diera cuenta. Aunque la estaba vigilando, se movía con mucho sigilo
—Yo también lo pensaba antes. Pero eso ya forma parte del pasado. Esta soy yo ahora, pero no he cambiado tanto como crees. No me tengas miedo.
—No, si no te tengo miedo —era una mentira a medias.
—Pues acércate, tampoco nadie de aquí te hará daño. Todos son buena gente.
Debería haber dicho casi todos, había gente muy antipática por allí ademas de algunos traidores... Lily negó con la cabeza, prefería quedarse allí, de pié.
—Entonces tu corazón...
—Ha dejado de latir, sí. Pero sigo estando viva, de una forma u otra... —Optó por dejarse de rodeos e ir directa al grano—. Ahora mismo, estamos en el departamento del equipo J26, mi equipo, somos 3. Trabajamos persiguiendo a los que no cumplen la ley, los atrapamos y los traemos aquí, a las cárceles de más abajo.
—Oh... Cárceles unos pisos más abajo, suena super seguro... ¿Y siempre los encerráis?
—Siempre, la muerte sería demasiado digna para ellos.
— ¿Entonces nunca has matado a nadie?
—...
— ¿Sí o no?
Aura suspiró. No podía ocultarle nada, casi nada, había cosas que Lily no necesitaba saber.
—Sí, hace ocho años. El que me convirtió, Alexter, quería que me uniera a él pero yo me negué. Le maté a él y a dos hombres lobo que estaban con él, pero fue por defensa propia. Aunque casi me cuesta mi sitio aquí. Está prohibido matar sin permiso.
— ¿Y cómo te libraste?
—Los Alphas intervinieron. Ellos son los creadores de Dark Light, casi nunca hablan. Pero me defendieron, y además me premiaron con la medalla al honor, a la valentía ya la lealtad. Supongo que fue porque Alexter era el enemigo más antiguo de Dark Light, fue uno de los creadores, pero se separó.
—Ah...
No sabía que otra cosa decir. Tampoco lo había entendido todo. Se oyeron golpes en la puerta, y esta de repente se abrió. Entró, haciendo mucho ruido, otra chica que parecía un poco más mayor que ellas. Llevaba el mismo uniforme que Aura, tenía el pelo bastante corto, era castaño claro con mechas rosas. También tenía los ojos rojos y, aunque tuviera la boca cerrada, se le veían los colmillos. Se quedó plantada en la entrada, llevaba dos vasos de papel con pajitas.
—Hmmm... Qué ambiente más delicioso... Esto es para ti.  —entró en la habitación y dejó un vaso en la mesa, luego volvió hacia dónde estaban Aura y Lily—. ¿Y ella es...? —Miró fijamente a Lily—. Ah, que tu eres la que huele tan bien... Qué dulce aroma…—se acercó mucho a ella, y a su cuello, a Lily le daba escalofríos, tenía miedo de moverse—. ¿Humana verdad? Me apetece darte un bocado...
Entonces fue cuando Lily cambió de sitio, fue retrocediendo seguida de esa vampiro hasta tropezar con la mesa y caer en el sofá.
—Nancy, déjalo, es mi hermana —le dijo Aura.
Nancy hizo una mueca de presunta inocencia.
—Si no le iba a hacer nada...
Se apartó de ella y se tiró sobre el otro sillón y sorbió de su pajita, Lily se quedó petrificada en su asiento.
—Lily, ella es Nancy, una de mis compañeras. Ella también es un vampiro.
—Sí, sí...Me he dado cuenta...
—Pero no te preocupes, lo decía en broma... ¿Verdad que si? —Nancy asintió, Aura cogió el vaso que le había traído y empezó a beber con la pajita.
— ¿Qué bebes? —preguntó inconscientemente—. Oh... ya... Olvida mi pregunta. ¿Qué hago yo aquí? Si puedo saberlo, claro...
—Pues, yo querría que te unieras... No te voy a obligar ni nada —aclaró—. Eso es decisión tuya, pero es el motivo por el que te he traído.
— ¿Yo? ¿Unirme?
—Piénsatelo lo que quieras... Pero, una vez que entras en Dark Light no puedes dejarlo.
La puerta volvió a abrirse, entró otra chica morena, con el pelo largo y ondulado, los ojos verdes, las orejas demasiado puntiagudas...
— ¿Interrumpo algo? —dijo cuando vio que todas la miraban.
—No —dijo Aura—. Ella es mi otra compañera, Sally.
—Es un ¿es un elfo?
—Si —Sally se apoyó en el escritorio y buscó entre los papeles.
—Ah bueno... Por lo menos supongo que ella no va a morderme.
—No te fíes —dijo Sally sin apartar la vista del escritorio—. Hace mucho tiempo algunos elfos mordían humanos y les envenenaban por simple diversión.
—Genial. Simplemente genial...
—Pero solo algunos, y eso ahora está prohibido.
Se dio la vuelta hacia ellas, estaba leyendo algo.
—Oye Aura ¿por qué llevas guantes? —Le preguntó Nancy—. Tú no llevas guantes.
—Que sutil eres Nancy —dijo Sally en tono sarcástico—. De verdad.
— ¿Qué por qué? —Miró a Sally, luego a Lily, después a las mano de Aura—. Ah claro, por eso...
— ¿Por qué? —Lily no entendía.
—Por nada —dijo Aura.
—Ahora quiero saberlo —insistió.
—Créeme, no quieres. 
Nancy se levantó cuando su vaso quedó vacío, cogió todos los demás de la mesa y los tiró al cubo de basura.
—Nos vemos luego, me voy a entrenar ahora que tengo un rato libre —salió de la habitación.
Lily apoyó el codo en el reposabrazos del sofá, y la cabeza en la mano. 
—Aura esto... Estos papeles no estaban grapados y se han mezclado, ahora no sé quién es quién.
Aura se levantó y fue hacia allá, los informes de los fugitivos estaban mezclados, pero Aura ya los había leído muchas veces y sabía cuál era cuál.
—Este con este... —los iba poniendo en orden— Este aquí... Este nos lo adjudicaron anoche. Este está apresado desde ayer, debería estar ya mandado de nuevo a las oficinas, incluso tiene ya el sello y todo. ¿No le tocaba a Nancy?
—Yo lo llevo  —Sally lo cogió—. Es el que estaba buscando... —se dio la vuelta de nuevo y vio a Lily con los ojos cerrados y la cabeza entre sobre los brazos, cruzados en el reposabrazos—. Creo que tu hermana se ha dormido.
—Bueno déjala... Ya hablaré con ella más tarde.
— ¿Estás segura de que quieres que se una? Ella es más débil que tú. Cuando tú llegaste aquí aceptaste tu destino como si nada, eras de carácter fuerte. Pero ella no. Siempre pueden borrarle la memoria y hacerla volver a su casa, ya sabes, si cambias de opinión.
—Veremos si consigue entrar... Pero las dos sabemos, que a parte del peligro de las misiones, Dark Light es el lugar más seguro que existe en el mundo.

Lily no quería seguir hablando y sin darse cuenta, se había dormido. No había relojes allí, ni ventanas para que se pudiera orientar por el sol. Cuando se despertó no había nadie y no tenía ni idea de qué hora era.
Era idiota, completamente. ¿Cómo había logrado dormirse en un edificio plagado de seres que se alimentaban de personas humanas?
Miró a su alrededor confusa, luego a la puerta. No estaba segura de si se atrevería a abrirla, pero se levantó y lo hizo. Se encontró con un pasillo muy luminoso. Podría perderse y acabar en cualquier sitio, podría meterse en problemas... Salió de la habitación.
Lo primero que pensó, fue en ir hacia el ascensor, estaba al fondo del pasillo, salía y entraba gente de él continuamente. Pero cuando ella estuvo en frente, no había nadie más. Entró y se fijó en que… No había botones. Solo pensó en Aura, no sabía dónde estaba pero era a ella a donde quería llegar.
Las puertas se cerraron y se abrieron rápidamente. Había subido varios pisos, estaba en el 29º. Había más gente allí, ella era la única que no llevaba uniforme e iba algo despistada. Caminó despacio, fijándose en el letrero de cada puerta. Pero no tenía ni idea de qué significaban los números y las letras. ¿Qué había dicho Aura? ¿J24 o algo así?
Había alguien fregando los suelos, un hombre viejo con un mono de limpieza, llevaba un cubo y una fregona normal y corriente. Fregaba como si nada, ese edificio debía ser muy grande. Lily se preguntó si sería el único que limpiaba... Él la miró un momento.
—Buenos días —dijo él.
—Esto… Buenas.
Él volvió a mirar al suelo y siguió con su trabajo. Entonces, en las paredes aparecieron unas flechas azules luminosas. Algunos miraron las paredes extrañados, pero se encogieron de hombros y siguieron a lo suyo. Lily las siguió. Señalaban a la sala de reuniones número 47, reuniones de bajo riesgo, eso decía su letrero. Cogió el pomo de la puerta y desaparecieron las flechas. Abrió la puerta y la luz casi la cegó, era mucho más luminosa que el pasillo. Todo el techo era un cristal enorme que iluminaba toda la sala.
Al ser interrumpidos, todos levantaron la mirada para ver quién entraba. Aura, Sally, Nancy, Néstor, Karen, Edgar y Leandra. Pero solo tres de ellos reconocieron a la chica que entraba. Por un momento pensó que se había equivocado de lugar.