viernes, 21 de noviembre de 2014

Cromática

Despertó una vez más. Nunca sabía si era de día o de noche, de hecho, ella no conocía el día o la noche. No sabía ni si de verdad pasaba el tiempo. No sabía nada sobre ella, solo que despertaba y se volvía a dormir en esa habitación. Esa habitación de paredes, suelo y techo blanco. No había nada, ni puerta, ni objetos, estaba solo ella. A lo mejor se equivocaba, a lo mejor no pasaban ni días, ni horas, a lo mejor solo minutos.
La primera vez que despertó, no se sorprendió de nada. Simplemente dio vueltas por esa habitación de menos de 10 metros cuadrados. Las paredes estaban a temperatura normal, eran lisas. El suelo era de azulejos brillantes y fríos, se sentía un poco húmedo al principio, como si hubieran fregado hacía pocos días, pero después desapareció esa sensación, estaba el suelo estaba completamente seco. Había luces blancas, formaban un cuadrado de 3 por 3 y estaban bastante separadas, iluminaban bien. Olía a detergente, un detergente común con esencia de pino, pero con demasiada lejía. Al principio era un poco desagradable respirar ese aire, pero con el paso del tiempo también desapareció el olor a lejía de esa habitación sin ventilación. Luego empezó a sentir el olor de la pintura...
Ella misma tenía la ropa de color blanco, era de algodón, muy suave, hecha a mano. Si estuviera hecha en fábrica tendría un toque más de áspera. Solamente eran un par de pantalones largos y una camisa, tenía los pies descalzos y sentía lo frío que estaba el suelo cuando andaba descalza.
Ni siquiera se había visto a si misma ¿cómo era su cara? No lo sabía. Tenía el pelo largo y liso, blanco. ¿Era un color de pelo común o ella era única? Su piel también era blanca, pero no tanto como su pelo, ni como las paredes que la rodeaban.
¿Cuánto tiempo llevaba allí? No lo sabía. No había comido nunca, sin embargo no tenía hambre. ¿Significaba eso que era muy poco tiempo? Simplemente dejaba que el tiempo pasase, al fin y al cabo, ella no lo dominaba. No dominaba nada que no estuviera al alcance de sus sentidos.
Un día algo cambió, apareció un espejo colgado en la pared. Nunca en su vida había visto un espejo, estaba segura, sin embargo sabía lo que era. Sus ojos no querían creer lo que veían. ¿Esa era ella? Podría ser ella... Miró su reflejo, lo que la impresionó fueron sus ojos, tenía los ojos azules, tan azules como el mar, como el cielo. Pero ¿había visto ella alguna vez el cielo? Quedó embaucada mirando ese azul... Su reflejo era la única manera de que viera un color, algo que no fuera blanco. Sus labios eran rosas, rosa pálido... Pero rosa. Quería ver más ¿dónde podría ver más? Sabía que sería imposible, pero quería estar en el espejo, quería estar en ese lado, donde no solo había blanco, si no también algo de azul y un tono rosa. Hizo tanta presión sobre el espejo, que al final este se rompió. Ella se cortó la mano, retrocedió rápido e hizo que el espejo cayera y se rompiera a trozos.
Empezó a salir sangre del corte de su mano, sangre roja. Dolía, pero era tan bonita... ¡Deslumbrante! Volvió al espejo, cogió un fragmento del suelo su sangre ensució el espejo, pero todavía podía ver el reflejo de su ojo azul, aunque la sangre roja hubiera manchado el espejo. Rojo, azul, rojo, azul... No sabía cuál era más atrayente, hubiera dado lo que fuera por ver más. No le bastaba con que un trozo de espejo estuviera rojo o que en su reflejo se viera azul, quería más.
No pudo evitarlo, se cortó también la otra mano. Pequeñas gotas de sangre habían caído al suelo, ella puso las dos manos por la pared, dejando dos marcas rojas en medio de la blanca pared. Sonrió, era fascinante.
—Dos de una, concluye la primera fase.
La puerta se abrió. Nunca se había dado cuenta de que estaba allí, había inspeccionado cada centímetro de esa pared y nunca había visto ningún signo de que hubiera puerta, como alguna ranura, por ejemplo. Pero se abrió.
Entraron una mujer y un hombre, ambos vestidos con batas blancas. Ambos tenían el pelo de color marrón oscuro y ambos tenían los ojos marrones, los labios rosados y la piel... La piel de color piel. Era extraño pensar así, pero era así. Como un coral, pero mucho más claro. ¿Era eso lo normal? ¿O lo normal era lo blanco y ellos eran los que tenían el color incorrecto?
Ella los miró a los dos durante un segundo, pero luego volvió a darse la vuelta para mirar la pared, donde el rojo sangre seguía vivo y reluciente.
—Cuatro de una, concluye la segunda fase —dijo la mujer.
Entró en la habitación.
— ¿Cromática estás bien? —preguntó.
— ¿Cromática estás bien? —repitió ella.
—Nos escucha, oída perfecta —confirmó la mujer—. Acércate.
—Acércate —repitió Cromática.
Se dio la vuelta y se acercó, la mujer le tendió la mano y ella se la cogió. Salieron fuera.
—Yo me llamo Adelaida, tengo 36 años.
—Yo me llamo Cromática, tengo 11 años.
—Fase tres completada, reconocimiento propio —dijo él—. Yo me llamo Marcus, tengo 28 años.
Adelaida se llevó a Cromática a la siguiente estancia, había más gente allí, trabajaban con ordenadores, todos iban vestidos de blanco y llevaban gorros que les tapaban completamente el pelo, ninguno se fijó en ella, ni ella se fijó en ninguno.
—Apaguen monitores.
Todos los monitores se apagaron mientras ellos cruzaban hasta la siguiente habitación. 
Entraron, Marcus hizo a Cromática sentarse en una silla, delante de una mesa de cocina de color gris, él se sentó a su lado.
—Voy a vendarte las manos, para que no se te infecten las heridas. ¿Estás de acuerdo?
— ¿Estás de acuerdo? —repitió.
Marcus cogió un botiquín que había encima de la mesa, sacó de él una gasa y una botella con agua oxigenada. Mojó la gasa con el agua y luego cogió la mano derecha de Cromática. Antes de que pudiera siquiera acercar la gasa a su mano, ella la apartó.
—Duele —dijo.
Lo conocía, no lo recordaba, pero conocía el escozor que provocaba el agua oxigenada en una herida recién abierta.
—Lo sé, pero es bueno.
— ¿Pero es bueno...? —Repitió—. No mientes.
Él asintió, decía la verdad y Cromática lo sabía. ¿Lo sabía por sus ojos? ¿Por su expresión? ¿Por su voz? Eso ya no lo sabía. Le volvió a dar su mano, Marcus le limpió el corte que tenía en la palma. Cromática no se quejó, pero sí que le dolía, bastante. Hizo lo mismo con la palma de la otra mano, después le puso unas vendas, pero se aseguró de dejarle los dedos libres y con movimiento. Luego sacó una linterna de su bolsillo.
—Mira aquí ¿de acuerdo?
Cromática asintió, Marcus encendió la linterna y apuntó con ella primero a un ojo y después al otro. No hubo reacción en las pupilas, ni siquiera parpadeó. La luz no la molestaba, ni siquiera alteraba su campo de visión.
—Bien cromática, vamos a jugar a un juego —dijo Adelaida.
—Vamos a jugar a un juego... Mientes.
Adelaida sonrió, pero ignoró esa afirmación.
—Pero para jugar a este juego, tienes que tener los ojos cerrados.
Adelaida le tapó los ojos con una tela blanca, pero opaca, era imposible que pudiera ver a través de ella. Cromática se la intentó quitar.
—No hagas trampas, si no, no será divertido.
Dejó las manos reposadas sobre la mesa. Le había mentido, tenía un tono muy amable y amistoso, pero lo había notado en su voz, eso no era un juego. Adelaida puso un objeto delante de ella.
— ¿Puedes ver Cromática?
—Sí.
— ¿Puedes ver con los ojos?
—No.
—Entonces dime qué es lo que hay en frente tuya.
Tardó unos tres segundos, pero ni siquiera se movió. En esa habitación también olía a detergente, además a plástico y a hielo. A sangre, a humanos, desinfectante, pintura... Pero no tardó nada en seleccionar lo que ella quería.
—Una manzana.
—Bien, muy bien. Ahora dime de qué color es.
Cromática levantó la mano derecha y la acercó a la manzana, logró cogerla. Estaba recién lavada, tenía todavía gotas de agua que no se habían escurrido. Solo la tocó un poco con las puntas de los dedos, fue suficiente.
—Roja, oscura.
— ¿Qué sabor tiene? ¿Puedes saberlo?
—No.
—Intenta averiguarlo, de la manera que quieras.
Cogió la manzana entre sus manos, luego se quitó la tela que cubría sus ojos, no tardó en averiguar la respuesta.
—Amargo.
— ¿Y qué más me puedes decir sobre esta amarga manzana roja?
Le dio un mordisco, la embargaron cientos de sensaciones y recuerdos, tantas cosas que se escondían en un único sabor. Una simple manzana que había sido cogida del árbol recientemente. Pero podía verlo, podía ver todo su pasado pasar delante de sus ojos. Cuando solo era una flor, cuando no había ni flores, cuando el árbol era más pequeño, cuando solo era un brote, una semilla...
—Ella murió hace 27 años, desde entonces hay plantado un manzano en la granja. Ahora es solo un campo abandonado en un pequeño pueblo a las afueras de una gran ciudad en...
—Perfecto Cromática, lo has hecho muy bien.
—Muy bien...
—Oído, tacto, gusto y olfato en perfecto estado, como debe ser. Marcus, encárgate tú ahora de las siguientes pruebas. No falles, va muy bien, podría ser la última.
Adelaida se fue, dejándolos a los dos solos. Marcus puso un maletín blanco sobre la mesa y  se sentó en frente de Cromática. Guardó la manzana.
— ¿Conoces los colores primarios?
— ¿Conoces los colores primarios?
—Enuméralos.
—Amarillo, cían y magenta.
— ¿Qué color es este?
Marcus sacó del maletín una goma de pelo común y corriente.
—Violeta.
— ¿Cómo se forma?
—Magenta y cían.
— ¿Y esto?
Guardó la goma y sacó una hoja, de alguna planta, no tardó en identificar que era una hoja de limonero.
—Verde. Amarillo y cían.
—Y lo que queda es...
—Margarita naranja, magenta y amarillo.
Efectivamente, lo había dicho incluso antes de que se la enseñara.
—Lo estás haciendo bien Cromática. ¿Y esto?
Era un simple palo de madera.
—Marrón. Magenta, cían y amarillo.
Luego le enseñó un folio en blanco, aunque blanco era todo lo que los rodeaba.
— ¿Qué color es?
—No existe.
— ¿Esto no es un color?
Cromática negó con la cabeza. Marcus guardó el folio y lo último que sacó fue una piedra, una piedra negra y lustrosa, plana y del tamaño de un dedo. Cromática se levantó de golpe, retrocedió y empezó a murmurar por lo bajo. Sus ojos iban hacia la piedra, aunque ella no quería verla, se movió de un lado al otro en la pequeña habitación, acabó tapándose los ojos con las manos. Cuando cerraba los ojos la negra oscuridad la envolvía, sin embargo seguía sabiendo dónde se encontraba. Pero las piedras no tenían olor... Ya no podía verla.
— ¿Cromática estás bien?
— ¿Cromática estás bien?
— ¿Qué me dices de este color?
Marcus se acercó a ella, Cromática se dejó caer en el suelo, con la cabeza entre las rodillas, intentando no volver a mirar.
—No, no, no, no, no, no... —repetía.
—Vamos Cromática, puedes hacerlo. Solo esto. ¿Qué me dices del negro?
—No, no, no... Noche. Oscuro. Dolor. Miedo. Locura. Carbón. Malo. Dolor. Miedo, miedo, miedo...
Transmitía tan pocos sentimientos y entre tan pocos todos eran malos. El blanco era inexistente, era una nada. Pero el negro lo era todo y todo era demasiado. Marcus se arrodilló a su lado, ella había avanzado un paso más que las otras anteriores, estaba alcanzando la perfección. Guardó la piedra en su bolsillo.
—Ya no está, puedes abrir los ojos.
Cromática confió en él, levantó la mirada y le miró directamente a los ojos, pero le había mentido. Él mismo tenía las pupilas negras, oscuras como la noche, brillantes como el petróleo.
—Mentira. Mentira. Mentira. Mentira...
—Vamos Cromática, puedes hacer esto. Solo nos quedan unas pruebas. Puedes conseguirlo, ya puedes tocar el cielo con tus manos.
—Cielo... Azul.
Su mente cambió de objetivo, en pocos segundos había olvidado el todo y el demasiado y había vuelto a centrarse. Azul como el cielo, azul como el mar, azul como sus ojos...
Marcus se levantó y volvió a la mesa, de ella sacó unos cuantos folios, luego volvió con Cromática. Si conseguía pasar de esa, habrían triunfado, si no, tendrían que hacer más cambios y volver a empezar.
—Mira aquí.
Cromática levantó la vista, Marcus sujetaba un folio con un circulo cromático con 24 espacios, pero solo 3 de ellos estaban pintados, los colores primarios.
— ¿Puedes verlo?
Ella asintió, Marcus cambió de folio, esta vez había 6 espacios pintados. Cromática volvió a asentir, Marcus volvió a cambiar de folio, habiendo 12 espacios pintados con 12 colores. Ella lo veía perfectamente ¿de qué se trataba ese juego? El siguiente folio tenía 23 espacios.
— ¿Los puedes ver todos?
— ¿Los puedes ver todos?
—Contesta.
—Sí.
Podía ver los 23 colores al mismo tiempo sin problemas, pero los problemas podrían llegar al 24, si completaba la escala. Marcus pasó el folio, dejando el círculo cromático entero, con 24 colores.
Cromática no dijo nada, no parpadeó, siguió mirando fijamente el círculo de colores. Se tapó los oídos con las manos. Volvía a ser demasiado, pero sí, podía verlos todos perfectamente. Podía verlos... y oír como gritaban. ¿Por qué gritaban? ¿Quiénes gritaban?
—Cromática, no falles ahora, todavía puedes conseguirlo.
—Quema —fue lo único que dijo, pero no dejó de mirar el círculo cromático.
Sus ojos ardían.
— ¡Adela!
Adelaida entró en la habitación, se acercó rápidamente hacia ellos, esperaba buenas noticias.
— ¿Y bien?
— ¿Y bien? 
— ¿Puedes ver todos los colores Cromática? —preguntó Adela.
— ¿Puedes...  Cromática? 
— ¿Qué ves?
—Quema... Abrasa... Arde.
Su temperatura había subido, mucho. Si ella no fuera Cromática, cualquier médico diría que tenía fiebre, o mucho más. Ni Marcus ni Adela hicieron nada, solo esperaron, Adela preparó su grabadora.
Cromática le arrancó a Marcus el folio. Podía verlos, podía sentirlos, soportarlos, escucharlos... Pero no quería hacerlo. Lo rompió en pedazos, pequeños pedacitos de papel, que aunque eso parecieran, se habían convertido en ceniza.
Adela encendió la grabadora, mientras Marcus ayudaba a Cromática a levantarse del suelo.
—Noviembre 21. Cromática 26 ha superado la prueba del círculo cromático estando dos pasos por delante de Cromática 25 y anteriores. Todo ha ido según lo previsto, procedemos a comenzar la prueba virtual—dejó de grabar—. Tantos años... Solo dos pasos Marcus, solo dos pasos...
Se volvió a marchar sin decir nada más.
Cromática volvía a estar sentada, Marcus volvió delante del maletín.
— ¿Cromática estás bien?
— ¿Cromática estás bien?
— ¿Ves esto? Son unas gafas, no te harán nada, solo que tal vez veas la habitación un poco más oscura. ¿Quieres probar? No hace falta que contestes... No hay tiempo que perder.
Dejó las gafas delante de ella, Cromática las cogió y se las puso. Tenía razón, vio la habitación más oscura, pero casi no había diferencia, en cambio cuando Marcus se puso otro par todo se oscureció. Pero ella no tardó mucho en descubrir que sus pensamientos controlaban su visión.
De repente, ya no estaba en esa simple habitación, estaba en una playa de arena dorada, mar azul con olas grandes y cielo claro y despejado. Era un día soleado, aunque no había imaginado el sol en ninguna parte, por lo que no había sombra en ninguna parte.
Empezó a moverse, pero tropezó con la mesa y se dio cuenta de que su campo de visión era ilimitado, su movimiento no.
—Así que el mar... Bueno. Habiendo visto el círculo cromático anterior... ¿Qué es lo que podrías imaginar que tuviera todos esos colores juntos? Eres libre de pensar lo que quieras.
Creyó que no lo había escuchado, pues se había sentado en la arena mirando al mar. Al principio nada cambió, luego empezó a crecer hierba en una parte de la playa, formando una pradera. En la pradera aparecieron árboles, árboles frutales. Limoneros, naranjos, cerezos... Incluso matorrales de moras, frambuesas y demás. Luego flores, margaritas, claveles, rosales, dalias... Flores comunes y hierbajos, de todos los tipos. La arena se llenó de conchas marinas de distintas formas y colores. En el cielo volaban cometas, llovía confeti y ascendían globos de colores. Aparecieron pájaros, simples golondrinas, gaviotas e incluso flamencos, muchas mariposas. Un topo salió de su escondite bajo tierra durante un momento, había conejos y ardillas. Todo iba perfectamente. La prueba se podía dar por superada.
Marcus se dispuso a quitarse las gafas y llamar de nuevo a Adela, pero entonces encontró el error. Todo ese paisaje podría llegar a parecer real, pero se agachó un momento para mirar una cría de conejo que olía las plantas a sus pies. No dudó en agarrarlo, aún siendo virtual pudo hacerlo. Todos los conejos eran blancos, grises, alguno incluso negro, marrones, con manchas... Pero ese era violeta.
Se quitó las gafas y volvió a la habitación. Cromática estaba sentada en el suelo a un lado, seguía con las gafas puestas y no pareció notar la ausencia de Marcus. Este volvió a llamar a Adela. Ella entró sonriente, pensando que todo iba bien, pero él negó con la cabeza.
— ¿Qué ha ido mal?
—Un conejito violeta.
— ¿Estás seguro?
—Compruébalo tú misma.
Adelaida le cogió las gafas de las manos y se las puso. El perfecto mundo de color que Cromática había creado, ya no estaba. El paisaje era el mismo, pero todo estaba mal. Salvo el cielo y el mar azul, ningún color coincidía. Los árboles eran de color rosa, los animales verdes y naranjas, flores negras, nubes moradas y arena de color marrón. Si había algo que conservara su patrón original, no le quedaba mucho tiempo.
— ¿Por qué es así Cromática?
— ¿Y por qué no?
Adela negó con la cabeza, eso no estaba nada bien. Se quitó las gafas y se las devolvió a su compañero. Volvió a encender la grabadora.
—Noviembre 21. Cromática 26 ha fallado en la prueba virtual. Procedemos a buscar el gen defectuoso una vez más y crear una nueva memoria —la apagó y sacó un walkie-talkie—. Cromática 26 ha fallado, preparad el incinerador. Despertad a Cromática 27. Marcus, llévatela de aquí.
Volvió a irse una vez más, Marcus no se molestó en ponerse las gafas, cogió por el brazo a Cromática. Ella no le veía, sin embargo sabía que era él, pero su nuevo mundo no le permitía escucharle, simplemente le siguió mientras caminaba por su pradera de color beige.
Cuando Marcus se separó de ella, se quitó las gafas. Estaba sola en una habitación muy pequeña con paredes de hierro, pero todavía podía escuchar su voz al otro lado de la pared.
—No te preocupes Cromática. No te pasará nada. Te lo prometo.
—Te lo prometo... —repitió ella—. Mientes. Te lo prometo. Te lo prometo. Lo prometo...
Empezó a dar vueltas sobre sí misma sin dejar de repetirlo. Se sentía angustiada, allí dentro no había oxigeno y lo único que olía era a carbón y fuego.
—Lo prometo. Lo prometo...
Estaba realmente asustada, quería salir de allí y sabía que solo había una manera de salir de allí. Volvió a ponerse las gafas y volvió a ver su mundo de colores. Allí siempre estaría a salvo, sintió como una ola de calor la abrazaba, era agradable... Pero segundos después se convirtió en dolor y todo se convirtió en negro. En todo, en demasiado y en nada al mismo tiempo.
Marcus solo escuchó como repetía las mismas palabras por última vez, las mismas palabras que había repetido Cromática 25, 24, 23, 22, 21... Y que deseaba no volver a escuchar allí dentro.
*   *   *

Despertó una vez más. Nunca sabía si era de día o de noche, de hecho, ella no conocía el día o la noche. No sabía ni si de verdad pasaba el tiempo. No sabía nada sobre ella, solo que despertaba y se volvía a dormir en esa habitación. Esa habitación de paredes, suelo y techo blanco. No había nada, ni puerta, ni objetos, estaba solo ella. A lo mejor se equivocaba, a lo mejor no pasaban ni días, ni horas, a lo mejor solo minutos...

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Si te preguntas "¿Qué es lo que ha pasado aquí?" Solo vuelve a leer e intenta entenderlo. Si no puedes entenderlo, invéntatelo. No te preocupes luciérnaga, yo tampoco lo he entendido...

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