miércoles, 5 de noviembre de 2014

Dark Light 6

Capitulo 6
Reencuentro

El cura seguía hablando y hablando sin parar, era un día que amenazaba con lluvia, pero ella no llevaba paraguas. No había llevado nada consigo. En ese momento todo le daba igual, sus padres se habían ido y ella estaba sola. No esperaba encontrarse en esa situación a los 16 años, quería que estuvieran consigo mucho tiempo más, crecer, hacerse mayor y cuidar ella de ellos cuando ya fueran muy viejos.
Vivir felices.
Pero eso ya no podía ser, ya no. Ahora su custodia la tenían sus abuelos de Alemania, con los que casi no tenía relación. No le quedaba nadie. Pero era tarde para lamentarse.
Había venido mucha gente a su entierro, los conocía a casi todos. Amigos, vecinos, amigos de sus padres, gente del trabajo... Todos venían a consolarla y a darle el pésame. Pero a sus ojos, parecía que no sentía nada respecto al entierro. A su madre nunca le gustó verla llorar, eso la ponía triste y lloraba también. Tampoco vestir de negro en el entierro, su padre decía que esa era la manera de renunciar a tu ser querido y olvidarle, ella no quería olvidarles. Había ido vestida con los vaqueros azules, eran azules turquesa, deportivas blancas, un suéter fucsia y una chaqueta gris. La gente la miraba un poco raro por ir así vestida al entierro de sus padres, pero a ella le daba igual. Vestir de negro no significaba nada para ella.
Empezó a mirar a toda la gente que había venido, no se sabía sus nombres, pero a todos los había visto cientos de veces, eran de verdad amigos de sus padres, lo sabía, los iban a echar mucho de menos. Pero había alguien que no cuadraba allí, era una chica de su edad, no la veía bien porque estaba por detrás de toda la gente, pero no la conocía de nada. A pesar de todas las caras que se le habían grabado en la mente y ahora volvía a ver, esa chica no tendría que estar allí. Algo se lo decía, tenía la tentación de ir a hablar con ella, pero no lo haría. No, le daba igual quien fuera la misteriosa chica.
El cura acabó de hablar, entonces recordó lo religiosos que eran sus padres, aún así, siempre la dejaron elegir su propio camino y no les importó que su hija fuera atea. No creía en Dios y menos ahora en un Dios que se llevaba a sus padres tan pronto y sin motivo alguno. Ella fue la primera en acercarse a la tumba, los habían enterrado juntos. Cogió un puño de tierra y lo tiró, luego se apartó con la cabeza gacha.
Pronto, todos empezaron a marcharse y los enterraron por completo. Solo quedaron las flores y la lápida. Era el último adiós. Entonces cayeron las primeras gotas de lluvia, una lluvia amarga y helada.
Salió del cementerio, en la calle no había nadie, eran las tres de la tarde, caminó sola, despacio, sin prisas, empezó a llover cada vez más fuerte, y ella se estaba empapando, pero le daba igual. Era su madre la que siempre le llevaba el paraguas cuando se lo dejaba en casa, pero ahora ya no podría llevárselo.
La vio allí, en la esquina por dónde ella tenía que girar, la chica de antes, la miró atentamente. Iba toda de negro. Botas altas casi hasta las rodillas, negras y de cuero, pantalones de cuero negros, chaqueta de cuero negra. Tenía guantes de piel blancos. En el pecho tenía una insignia azul con las iniciales en cursiva "DL" y justo al lado una medalla de oro. Llevaba paraguas, tenía el pelo rubio, liso y largo cayendo por la espalda, los ojos marrones muy oscuros, los labios pintados de un rojo sangre. La miraba.
— ¿Te acompaño? —le dijo la desconocida, ofreciéndole cobijo bajo su paraguas.
—No sé quién eres —dudó.
—Lily... Bueno, imaginaba que después de tanto tiempo olvidarías mi cara, aunque no he cambiado nada en este tiempo.
— ¿De qué me conoces? Te vi antes. ¿Alguna antigua alumna de mi madre? Tienes la edad...
—Haz un esfuerzo por recordar, he venido a buscarte, no quiero dejarte sola, ahora que ellos ya no están —no hubo respuesta de Lily—. Soy tu hermana.
Lily retrocedió. La volvió a mirar de arriba abajo para asegurarse. Ella no podía ser Aura.
—No, no te creo. Mi hermana se fue, hace diez años. Se marchó de casa dejando una estúpida carta de dos líneas… Ella tenía mi edad entonces, tú no puedes ser ella. Ella está en Londres y debe de tener 26 años...
Era imposible, era imposible. Su hermana se había ido y seguramente había crecido. No podía tener el mismo aspecto que la última vez que la vio. Se fue sin más, sin dar casi explicaciones. Pero a ella le daba igual, no le importaba. Ni aunque volviese ahora.
—Nunca fui a Londres Lily, lo siento, pero no podía contaros nada. Y no podía quedarme, no quería que me odiaras. Podía ponerte en peligro.
— ¡Cállate! —Lily gritó y retrocedió un paso otra vez, tenía miedo. Pero no podía irse sin antes entender qué estaba pasando.
— ¿Cómo puedo convencerte de que soy yo?
—No, no... No puedes, no puedes porque tú no eres ella. Aura... Ella se marchó hace diez años... ella me abandonó...
Había muchas cosas que las dos habían compartido y nadie más sabía. Pero Aura decidió recordarle la última.
—Miss Butterfly —eso la tocó muy hondo, nadie más conocía ese nombre—. Antes de irme entré en tu cuarto, tú solo tenías seis años, estabas jugando con las muñecas —dio un paso hacia ella, con cada palabra que decía Lily estaba más confusa—. Tenías en la mano tu muñeca favorita, una princesa morena con vestido azul, me preguntaste si quería jugar, y yo te dije que en ese momento no podía —no entendía como ella podía saber eso, Aura dio un paso más hacia adelante—. Siempre jugaba contigo ¿recuerdas? Y siempre te decía que no se lo contaras a nadie, porque no quería que mis amigos se enteraran de que me gustaban las muñecas.
—No... No...—repetía Lily.
Aura dio un paso más y estuvo a su lado, por lo que pudo cubrirla con el paraguas para que la lluvia no la mojara más. Entonces se dio cuenta, de que aunque las dos tenían el aspecto de una chica de 16 años, Aura era un poco más alta que ella.
—Lily, me fui, pero he venido a buscarte. Quiero que vengas conmigo, quiero... quiero protegerte, ya que nuestros padres ya no pueden. Esta ciudad no es un lugar seguro. Siempre está nublado...
Y en los lugares que siempre están nublados, siempre hay al menos un vampiro. Pero eso no se lo dijo a Lily.
—No... Tú no puedes ser Aura, ella debe tener 26 años, se fue... Ella me abandonó... Tú me abandonaste...
Aura abrazó a Lily, mientras ella lloraba y también la abrazaba.
—Vamos Lily, no llores. A mamá no le gustaba cuando llorabas...
— ¿Por qué? ¿Por qué te tuviste que ir? ¿Dónde has estado? ¿Qué has hecho? ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué vuelves ahora? ¿Por qué no volviste antes?
—Lily, prometo contártelo todo, si vienes conmigo.
— ¿Ir a dónde?
Lily se separó de los brazos de su hermana y la miró a los ojos. Por un momento, dudó si ese marrón oscuro era su verdadero color. Todavía dudaba, no sabía cómo había logrado convencerla. Pero era complicado, aunque no quería creerlo, sabía que era ella.
—Al lugar en el que he estado diez años ¿qué tienes que perder?
—Somos familia... A nadie le parecería extraño que yo me fuera también ¿no?
—Muy bien... Pase lo que pase y veas lo que veas no te asustes ¿vale?
Aura cerró el paraguas y luego puso una mano sobre el hombro de Lily.
— ¿Por qué me tendría que asustar?

*   *   *

Se había prometido no perdonar a su hermana por marcharse, pero lo estaba haciendo. No sabía como lo había hecho, pero la creyó aunque no quería creer que estuviera delante de sus ojos. Tenía el mismo aspecto que la última vez que la había visto, sin embargo parecía más madura.
Lo único que sabía, era que estaba con su hermana en la calle y de repente ya no estaba allí. Parpadeó, y cuando volvió a mirar estaba en una habitación sin saber cómo había llegado allí. Tenía una cama, una escritorio lleno de papeles, otra mesa con pantallas y ordenadores, un sofá de dos plazas y dos sillones. Una mesita en medio, con varios vasos desechables vacíos. A parte de eso, todo estaba ordenado. Pero no pudo evitar entrar en pánico.
— ¿Qu…? ¿Cómo? ¿Cómo hemos llegado aquí? —Lily se separó de Aura y miró a su alrededor nerviosa e inquieta—. Est... Estábamos en la calle...
—Te dije que no te asustaras, por favor, cálmate.
—No puedo… Esto no es… Normal.
—Por favor —rogó Aura— siéntate. Es hora de que te cuente algo.
Aura se sentó en el sillón, esperando a que su hermana también lo hiciera. Y ella lo hizo, se sentó en un lado del sofá, pero más por la conmoción, estaba mareada, no entendía nada. No había ni estufa ni chimenea, pero la temperatura de la habitación estaba bien, comparada con el frío que tenía ella con la ropa mojada.
—Escúchame atentamente. Esto es una organización secreta a costa de los humanos llamada Dark Light.
— ¿A costa de los humanos? ¿De qué me estas hablando? ¿Organización? Suena a secta.
Ahogó un grito. Aura había dicho humanos, como si fueran otra especie...
—Sigue escuchando. Se creó hace cientos de años, cuando todas las criaturas estaban en una guerra que iba a afectar a los seres humanos. Diez se unieron para crearla, está destinada a proteger a los humanos y a mantener la paz entre todas las especies para que no vuelvan a entrar en guerra. Yo entré aquí hace diez años.
— ¿Criaturas? ¿Qué seres? ¿Qué especies?
—Licántropos, magos, elementales, duendes, elfos, vampiros, ninfas, brujas, centauros... De todo. Y eso que solo te he nombrado los que salen en leyendas.
—No vas en serio…
—Si voy en serio.
—Oh Dios mío… ¿Por qué me cuentas esto?
—No quería seguir dejándote al margen ahora que estás sola. Desde que me enteré de la noticia estuve discutiendo con muchas personas, me ha costado convencerlos a todos, pero al final me dejaron que te trajera aquí y te lo contara todo.
Lily la miró fijamente. Había desaparecido hacía diez años y había pasado todo ese tiempo en aquella "organización". Después de esos diez años, seguía siendo igual que la última vez…
—Aura... ¿Qué eres? —preguntó más asustada que nunca.
A costa de los humanos... lo decía como si ella no fuera una.
—Antes de decírtelo, quiero que sepas que yo nunca, nunca te haría daño ¿de acuerdo?
— ¿Y por qué tendrías que hacerme daño?
—No lo voy a hacer.
Estaba muy asustada, demasiado incluso para moverse. Aura cogió el estuche de las lentillas, lo abrió y agachó la cabeza para que Lily no la mirara. Se quitó el guante de la mano izquierda y luego se quitó las dos lentillas marrones y las guardó. Entonces levantó la mirada y su hermana pudo ver sus ojos rojos, además abrió la boca mostrándole los afilados colmillos de vampiro. Lily se levantó atemorizada y retrocedió hasta la pared intentando alejarse de ella lo máximo posible. Esa ya no era su hermana.

3 comentarios:

  1. la forma en que la has vestido en el entierro me recuerda a tu ropa es del mismo estilo incluso si no recuerdo mal tienes unos vaqueros y una sudadera iguales.

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    1. (*_*) ¿En serio? No me había dado cuenta, puede que tengas razón... ¡Soy Lily! Wiiii

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  2. Creo que hasta ahora este capitulo es el que mas me ha gustado con diferencia. No he encontrado fallos a resaltar y el reencuentro con su hermana a sido bastante emotivo.

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