miércoles, 31 de diciembre de 2014

Dark Light 14

Capitulo 14
Inocente

Lily entró en el ascensor, estaba sola, se cerraron las puertas. Cuando pensó en el lugar al que quería ir, imaginaba que: se abrirían las puertas y aparecería allí o no podría ir porque no tenía permiso. Pero no pasó ninguna de esas dos cosas. El ascensor empezó a bajar. El ascensor mágico que te llevaba a cualquier lugar del edificio y nunca se movía, empezó a moverse como uno normal. No tenía ningún sentido.
Y parecía que los calabozos estaban varios pisos por debajo, puesto que se pasó allí dentro casi 5 minutos. Cuando las puertas se abrieron, se encontró con un guardia. Él estaba sentado en una silla, leyendo un periódico. Un periódico, hacía mucho tiempo que Lily no veía uno. Eso sí, estaba armado como un policía, tenía un manojo de llaves, una radio y un detector de metales de mano. Cuando la vio, puso cara de pocos amigos y se levantó.
—Eh... Vengo a hacer una visita.
No podía decirle que no, las visitas no estaban prohibidas, según le había dicho Leandra. El guardia suspiró.
—Armas fuera, y todo lo de metal que lleves encima —le señaló una mesa que tenía al lado.
Lily se quitó el cinturón de armas, se sacó los cuchillos de dentro de la chaqueta, se quitó los pendientes, la insignia de Dark Light, el coletero (que tenía una mariposa de metal), un anillo (no el localizador, ese estaba en su cuarto, un anillo real) y un reloj de pulsera. Lo puso todo sobre la mesa.
El guardia le pasó el detector, luego le abrió la puerta con una de las llaves. Era raro, porque ninguna otra puerta de ese edificio se abría con llave. O se abría con la mano o no se abría, así de simple.
El primer pasillo, estaba vacío, solo había paredes, pero luego cuando dobló a la izquierda, empezó a ver las celdas. La gran mayoría estaban desocupadas, pero una de las primeras, no. David estaba acostado en la cama, mirando el techo blanco, mientras maldecía entre dientes. Habían pasado ocho horas desde que volvieron de la misión, faltaba media hora para su juicio.
—Hola —dijo ella.
David miró hacia ella, no se la esperaba allí. Se levantó.
— ¿Qué haces aquí?
—Dentro de media hora tienes el juicio.
— ¿Y qué? ¿Vas a ser mi abogada?
A pesar de todo, se rió.
—Según me han contado, los juicios aquí son diferentes. Solo estás tú y el juez, que decide tu sentencia según dictan las normas. Si alguien estaba allí de testigo, puede intervenir y defenderte, pero no sirve de mucho. Hay un espejo.
—Tú eres la única que estaba allí de testigo, aunque fueran solo unos segundos. ¿Me crees cuando digo que no lo hice?
—Claro que sí, yo lo vi. Pero aún con todo lo de antes, si dices la verdad delante del espejo, no podrán hacerte nada.
—No es tan fácil, ahora. Hace unos cuantos años, descubrieron una manera de engañar al espejo.
— ¿En serio? ¿Cómo?
—Creyéndose lo que uno dice, pero de verdad. Aunque puedes volverte loco cuando te lo crees. Por eso ya no se fían tanto de los espejos, en realidad casi que no los toman en cuenta, a no ser que respondan.
Se oyeron voces al final del pasillo, se abrió la puerta y se acercaban dos personas. Leandra y Alonso.
— ¿Lily? ¿Qué haces aquí? —preguntó Leandra.
—Pues eso, de visita.
—Lily, aléjate de la puerta. Tú —señaló a David—. Lo mismo.
Los dos se alejaron. Alonso tecleó un código en un monitor que había en la pared al lado de la celda. La puerta se abrió, Alonso le puso esposas a David y salió.
—Bueno, ni que tuviera a dónde ir —dijo él—. Tampoco es que sepa teletransportarme.
—Primero, no se llama así, es el arte de desvanecerse —dijo Alonso, mientras avanzaba por el pasillo—. Segundo, aquí abajo no te serviría de nada.
—Quedan 20 minutos para el juicio. ¿Por qué tan pronto?
Lily recogió todas sus cosas y entró en el ascensor.
—Porque, de normal, hay mucha gente que curiosea a quien van a juzgar —contestó Leandra—. No suelen entrar a mirar, pero sí que les gusta burlarse bastante. Mejor llegar antes de que se amontonen en la puerta. Es por tu bien, creo que te consideran un traidor o algo así.

*   *   *

Todos los que habían ido a esa misión aquel día, estaban allí presentes. El chico que había detenido a David, dijo lo que habían visto todos, casi todos. David solo en la primera planta, todos los prisioneros muertos con las balas provenientes de su rifle. David intentó explicarle lo que había pasado en realidad. Que uno de los prisioneros, al que aún no le había puesto las esposas, le había atacado por detrás. Luego le obligó a disparar a todos los que estaban allí. Técnicamente, David había apretado el gatillo, pero en realidad el otro era el que no le soltaba y le hizo disparar. Lily no olvidó decir que ella también lo vio y Aura, ella no podía mentir, dijo que no estaba segura de lo que había visto, pero no creía que David pudiera haberlo hecho.
—Es decir... Tu supuesto "agresor" te pilló de sorpresa por la espalda. Cogió tu arma, pero no te la quitó. Hizo que tú dispararas a todos los demás presos, es decir disparó a sus propios compañeros y luego se disparó a sí mismo.
Era el mismo juez que había juzgado a Aura años atrás. Machintosh, un duende algo bajito y bastante viejo, según decían llevaba allí desde que se creó Dark Light.
—Exacto —dijo David.
— ¿Me estás vacilando?
—No.
De repente, todos se quedaron en absoluto silencio.
—Eso no tiene el menor sentido. ¿Por qué haría algo así?
—Esa no es la cuestión —intervino Lily— la cuestión es que su reflejo no ha dicho nada, por lo que David no ha podido mentir.
—No hay pruebas concluyentes de que eso sea verdad.
— ¿No hay pruebas? ¿Y qué pasa conmigo (testigo) y una confesión frente al espejo?
—Aún así, las normas son las normas. Era su arma y fue él quien apretó el gatillo, siendo de rango principiante y sin supervisión. La sanción es ser retenido.
— ¡Un momento!
Esta vez intervino Aura, que se levantó.
—Cuando me juzgaron a mí, solo iban a destituirme y bajarme el rango. ¿Por qué le tienen que detener?
—Porque él ya está en el rango más bajo. Y una vez que se entra en Dark Light, no se sale, por lo que no podríamos echarle. La sanción es ser retenido durante dos años en las cárceles, pasado este periodo de tiempo tendrá que volver a hacer la prueba inicial además de un examen psicológico.
— ¿Dos años encerrado? —David no podía creérselo.
— ¡Menudo asco de leyes! ¿Quién es el subnormal que las ha inventado? —dijo Lily.
Todos los que estaban allí presentes la miraron, aunque todos sabían que lo que decía era verdad. Por un momento, Lily, se sintió como cuando tenía 8 años y dijo en la iglesia, delante del cura y un montón de creyentes, que Dios no podía existir, que era imposible.
Machintosh dio el golpe con el martillo, firmó un papel con su sentencia y le iba a poner un sello, cuando un guardia intervino en la sala.
Era el mismo guardia que estaba abajo controlando la entrada a las celdas, pero en ese momento tenía migas en la camisa y una mancha de azúcar glasé en la barbilla. Se acercó a Machintosh y le dio una nota. Podría haber susurrado, pero la mayoría de los que estaban presentes no eran humanos, le hubieran oído perfectamente.
— ¿De verdad?
Machintosh miró al guardia que asintió luego miró a David y después a Lily. Rebuscó en un cajón y sacó otro sello, que mojó en tinta, al parecer llevaba mucho tiempo sin utilizarlo.
—Podéis llevároslo —dijo al final.

Otros dos guardias, que estaban al lado de David le cogieron y se lo llevaron. A Lily le hubiera gustado hacer algo. Las leyes y normas de Dark Light eran injustas ¿pero qué podía hacer ella contra una organización tan poderosa?

domingo, 28 de diciembre de 2014

♪♫Notas Musicales♫♪ -4-

—Por favor, dejad paso a las campeonas —dijo Alexis.
Era lunes a tercera hora, tenían optativa, es decir teatro para Dakota y Angely. Al entrar en clase su amiga Alexis había empezado a hacerles publicidad. 
—No me lo puedo creer...
—Habéis conseguido pasar.
— ¡Vais a ser famosas!
— ¿Me firmas un autógrafo? jajá… Es broma. ¿O no? ¿Me firmas un autógrafo?
— ¿Desde cuándo cantas Angely?
Iban haciendo preguntas al mismo tiempo, hasta que Alex hizo la última y todos callaron.
—Yo no canto —respondió Angely— solo ha sido una ocasión especial.
— ¿Quieres salir conmigo? —repitió Sam por enésima vez.
—Que no —le dijo Angely—. Paso de ti —se alejó de él con Dakota.
— ¿Por qué no le das una oportunidad? Está desesperado el pobre —sugirió Dakota.
—Lleva así desde segundo. No es que me caiga muy bien, y tampoco es mi tipo. Solo es un pesado sin más. Ya le he dicho que no de todas las maneras posibles.
— ¡Desfilando todo el mundo!—Dijo la profesora de teatro, había aparecido de repente. Los alumnos se pusieron en círculo de pie alrededor de ella.
No iban a volver a concursar hasta el siguiente mes, el 10 de Abril. Tenían dos semanas para prepararse. Tenían que hacer un buen número, porque solo se salvarían 1000 de 5000.
Al final del día iban de camino a casa de Dakota, pero antes pasaron por delante de la de Eva. Ella estaba en la puerta, a punto de entrar en su casa y todavía llevaba el uniforme de su instituto privado, las saludó con la mano.
—Buena actuación la del sábado, no os he visto desde entonces.
—Tú también lo hiciste muy bien ¿cómo conseguiste ser la primera?
—Lo tenía planeado desde hace días.
—Eva, deja pasar a tus amigas —le dijo su madre, acababa de aparecer de la nada, Eva se encogió de hombros.
— ¿Queréis pasar?
El padre de Eva estaba entrando al salón, las miró de reojo.
—Fernando vendrá este fin de semana —dijo.
—Ya. Qué alegría, un fin de semana con el niñato… —la siguieron hasta el final del pasillo, pero antes su madre dijo:
— ¿Os llevo algo de beber?
—No hace falta mamá.
—Luego bajo —le respondió sin hacer caso a su respuesta.
Bajaron hasta el sótano, y no esperaban encontrarse con un lugar así.
—Parece un estudio de grabación —dijo Angely, muy asombrada
—Es eso más o menos, paso aquí más tiempo que en mi habitación —se sentó en una butaca, Dakota y Angely hicieron lo mismo.
— ¿Quién es Fernando? —preguntó Dakota con curiosidad.
—Mi hermanastro.
—Ah... ¿Ese no era tu padre?
— ¿Mike? No, es mi padrastro desde hace cinco años. Divorciado, como mi madre, y este fin de semana voy a tener que aguantar a Fernando en casa... Menos mal que puedo cerrar el sótano con llave, a saber que hace si lo dejo abierto…
— ¿Cuántos años tiene tu hermanastro?
—Uno menos que yo, 16. No viene mucho a nuestra casa, solo algunos fines de semana, pero aun así no lo soporto. A veces me gustaría… —iba a decir “que muera entre terribles sufrimientos” pero pensó que sería mejor dejar de lado la faceta de loca.
Dakota dejó correr el tema de su familia. Su madre bajó y les dejó encima de la mesa, tres vasos con té helado. Angely no pudo evitar preguntárselo.
— ¿Qué vas a hacer para la próxima actuación?
— ¿Eh? ¿Acaso queréis robarme las ideas? —Angely y Dakota se miraron la una a la otra incómodas, Eva se rió—. Era broma. Tocaré The silence.
—Tienes muchas canciones, me extraña que no hayas hecho ningún disco.
—En realidad voy  a tocar The silence de Alexandra Burke, solo tengo dos canciones propias, pero ninguna de ellas es “oficial” y luego… es una larga historia —contestó Eva, Dakota miró el reloj sonriendo.
—Tenemos tiempo.
—Bueno… Desde siempre tuve el sueño de ser cantante, por eso me iba presentando a concursos de talento, subiendo siempre el nivel de dificultad. Pero cada vez que me ofrecían grabar un disco o cualquier cosa que me involucrara más, tenía que rechazarlo. Mi madre, no quiere que deje los estudios. No quiere que me meta en el mundo de la música hasta  hasta los 18. Y ya tengo 17, por lo que pienso ganar este concurso, para ir preparándome, cuanto más me conozcan antes de que forme mi propio grupo, mejor —las miró—. Bueno… Rectifico. Quiero ganar sea como sea, pero os deseo suerte.
—Eso es… ¿Contradictorio?
—Sinceramente Angely Marlian ¿tú no quieres ganar?
Angely se encogió de hombros indiferente.
—No.
—Eres una chica extraña.
— ¿Tu tocabas la guitarra cierto? —dijo Dakota, para cambiar de tema.
—Sí.
—Yo toco el violín y el piano —añadió Dakota, Eva sacó una partitura.
— ¿Puedes tocar esto? —le preguntó a Angely mientras le tendía una de sus guitarras. Ella la cogió y miró la partitura.
—No creo...
— ¿Por qué? 
—Es que... No sé leer las partituras, bueno en realidad casi que no puedo leer nada —parecía avergonzada.
—No comprendo.
—Que tengo dislexia.
— ¿En serio? —preguntó incrédula.
La miró a ella, miró la partitura, luego volvió a mirar a Angely. No conseguía comprender como había aprendido a tocar la guitarra entonces.
—Si, a duras penas puedo leer un libro. Y si miro una partitura... Complicado.
—Vaya y... ¿Puedo preguntarte cómo tocas entonces?
—Tengo muy buena memoria para la música. Si sé cómo suena una guitarra, sé también como tocar una canción, si la he escuchado.
—Fascinante… entonces escucha.
Cogió otra guitarra y empezó a tocar The silence, aunque solo la primera mitad, entonces miró a Angely, que asintió y empezó a tocar también desde el principio.
—Lo haces bien, realmente lo hacéis bien las dos. Y no me extraña que pasaseis la prueba. Por cierto, la de Esta soy yo me la se pero... —esta vez miró a Dakota— ¿qué cantabas tú?
—Es una canción que sale en un anime, el anime está basado en un grupo pop japonés llamado Akb48… En un futuro, cuando el entretenimiento está prohibido…
—Sí —la cortó—. Vale, no necesito que me expliques toda la historia. Gracias.
Angely se levantó y dejó la guitarra en su sitio.
—Creo que tenemos que irnos. ¿No?
Dakota asintió, volvieron a subir la escalera del sótano. En cuanto se despidieron de ella en la puerta, Eva les dijo:
—Tal vez nos veamos a las seis en la estación. Ya sabéis porque.
Dakota solo dejó su mochila en casa, porque tenía que ir a ensayar con el coro, pero de camino, al llegar a casa de Angely y despedirse dijo:
—Oye Angely... —se le notaba preocupada— ¿Tú no crees que vayamos a pelearnos por quién ganará verdad?
— ¿Qué? ¡No! A mí me da igual perder y si en algún momento tu lo haces, abandonaré.
— ¿Cómo? No puedes hacer eso.
—Estoy haciendo esto solo porque lo haces tú, no tendría sentido seguir. Yo no quiero ganar… Bueno, nos vemos más tarde, avísame cuando salgas.
—Sayonara…

La estación del tren estaba repleta ese mismo día, y no solo de viajeros, también de oportunistas. Gabriela Sinder, Kim Harly (que al parecer había faltado al ensayo del coro), Jainy Cantell y muchos otros más, todos haciéndose propaganda, igual que Eva, y todos repetían lo mismo “Cuento con vuestro voto”. Y ahora, Angely, por fin entendía lo que significaba. En las dos últimas pruebas, votaría el público.
Angely estaba mirando a Eva actuar, había gente escuchándola también, entre ellos también varios concursantes que pasaban de hacer ese tipo de publicidad. Ahí estaba Jake, a medio metro de Angely.
—Hola… —saludó, él no contestó, pero Angely buscó conversación—. ¿Tú no eres de aquí cierto?
—No tengo porque darte explicaciones.
—Solo intentaba ser amable.
—… Vengo de lejos. Solo estoy aquí por el concurso.
—Ah… Te deseo suerte.
—… Ya nos veremos en el escenario.

La siguiente prueba era martes, a mediodía. No tenían excusa para faltar a las clases anteriores, pero por lo menos Angely y Dakota se saltarían el terrible examen de matemáticas a última hora, aunque lo tuvieran que hacer otro día.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Dark Light 13

Capitulo 13
Sospechoso

El otro chico se le acercó, era un vampiro. Aún viendo casi doble y borroso, Lily supo distinguir ojos rojos y colmillos.
—No, no creo que sea esta. Se supone que Alexter la convirtió pero... 
Cuando el vampiro estuvo a su lado, Lily volvió a sentir el impulso de coger algo de su cinturón, una pistola, una daga, esposas o lo que fuera. Pero una vez más, la chica la amenazó, con un disparo fallado a propósito, y se acercó más a ella. El vampiro se tomó la amabilidad de quitarle el cinturón con armas y tirarlo lejos. Luego le apartó el pelo del cuello,  y empezó a olerla.
—Es humana al cien por cien. ¿Te han dicho alguna vez que hueles muy bien? Delicioso.
Se lo preguntó como quien pregunta: ¿Qué perfume usas? Lily le arañó la cara. Él se tocó la herida, pero casi que la ignoró. Se oyeron explosiones arriba y disparos abajo.
—Podemos tenerla como rehén —dijo la chica—. Trae las esposas.
El primer chico cogió el cinturón de Lily y buscó sus esposas, mientras el vampiro seguía oliéndola. Lo que Lily no podía casi evitar, eran las arcadas. Por alguna extraña razón, apestaba a ajo y cada vez que hablaba su aliento la invadía y sentía ganas de vomitarle encima.
— ¿Tienes 16 verdad? —le preguntó—. Las adolescentes son las mejores presas. Suelen tener la sangre muy dulce ¿le puedo dar un bocado? —le estaba pidiendo permiso a la chica.
—No —ella hacía un esfuerzo inmenso por controlarse y no mostrar sus colmillos—. Es un rehén. Si yo no la pruebo, tú tampoco. Te aguantas. Además, si muere no podremos liberar a esos —señaló a los otros dos que Lily había esposado.
Ella se dio la vuelta y echó un vistazo a la escalera, de momento, nadie se preocupaba por esa planta. El chico herido le dio las esposas a la vampiresa.
El vampiro que tenía a su lado la cogió del pelo y le dobló el cuello, lo suficiente para poder morderla rápido si la otra vampiresa cambiaba de planes. Pero él no podía resistirse a olerla, le encantaba su esencia. Hubiera dado lo que fuera por un pequeñito mordisquito, no pedía más. 
Cuando la vampiresa iba a ponerle las esposas, utilizó un truco que le había enseñado Leandra para evitarlo. Aunque las dos sujetaran en ese momento las esposas, técnicamente era Lily la que se las ponía voluntariamente, por lo que luego pudo girar las muñecas y convertirlas en simples pulseras. La vampiresa se enfadó, mucho. Le dio un puñetazo y volvió a amenazarla.
—Te mereces un castigo —dijo el vampiro.
La cogió de las manos para que no luchara. Acercó su boca al cuello de Lily, pero no la mordió, empezó a besarle el cuello, luego a lamerlo…
Lo único que consiguió, fue que Lily se acordara de un chico con el que había salido hacía algo más de un año. Le había hecho un chupetón en el cuello, su madre se había enfadado.
<<Ok, esto sí que no. >> Se dijo a si misma en cuanto lo notó. Ella aún tenía armas secretas, aunque ellos no lo supieran. La vampiresa estaba demasiado ocupada muriéndose de envidia como para mantener el arma en alto.
Lily consiguió soltarse una de las manos, rebuscó por dentro de su chaqueta. Antes de que él se diera cuenta, le había clavado un cuchillo en la mejilla gritó. Su compañera volvió a la realidad, pero Lily le había lanzado otro cuchillo también a ella. Le dio en la mano, le cayó el arma. Lily se levantó, de camino volvió a coger su cinturón. Cogió lo primero que tocó, una pistola.
Apuntó primero a la vampiresa le dio en el abdomen, el vampiro se quitó el cuchillo de la mejilla y fue a por ella. 
—Vas a morir —le dijo—. Seas o no la que mató a Alexter, Aura o como te llames.
— ¿Me buscabais idiotas?
Aura subió la escalera corriendo disparó al mismo tiempo que Lily. Los tres cayeron al suelo, no muertos. Lily volvió a convertir las pulseras en esposas. Entonces recordó las palabras de aquel chico que les había dado órdenes. Podían dejarlos moribundos, si querían, mientras pudieran hablar delante del espejo… Cuando le puso las esposas al vampiro, tirado en el suelo quejándose del dolor, le miró con desprecio y le dio una patada en la cara.
Aura estaba llena de polvo, tenía múltiples arañazos, el hombro sangrando y más manchas de sangre en la ropa, la cara y el pelo, sangre que no era suya. En cambio, Lily tenía restos de escombros caídos por la explosión, la sangre que le había salpicado el vampiro en la cara, las manos sucias y... Saliva de vampiro en el cuello.
Se oyeron gritos abajo.
— ¿Quién más queda abajo? —preguntó Lily.
—Solo David pero cuando subí estaba bien...
Lily bajó corriendo las escaleras, pero cuando llegó a la segunda planta, no vio demasiado. David tenía un fusil, un hombre detrás que le tenía cogidas las manos y el arma, obligó a David a dispararle, con el riesgo de que David también saliera malparado. Todos los que habían estado en la planta de abajo, aunque ya estuvieran todos esposados y encadenados, estaban muertos. Tenían heridas de bala en el corazón y en la cabeza y no parecían accidentales.
— ¿David? ¿Qué ha pasado?
Bajó de un salto los últimos escalones, estuvo a punto de resbalar. Había mucha sangre en el suelo y unos siete u ocho cadáveres. Además del que se había "suicidado" y caía al suelo. Tenía que hacer un gran esfuerzo para no vomitar.
—Lily yo... Esto no es lo que crees.
Al momento llegó Aura, miró toda la planta, miró a David que todavía tenía el arma... Luego bajaron los demás.
—Oh Dios. David ¿qué has hecho? —Néstor acababa de bajar.
Todas las plantas habían sido registradas, todos atrapados a parte de algún otro que había escapado. Los otros estaban ya abajo, todos miraban a David como al culpable.
—Yo no... —dejó el arma caer al suelo. Estaba tan conmocionado como los demás. No sabía cómo explicar, que él no había sido.
Aquel chico, que les había estado dando órdenes, el de mayor rango, todos se habían quedado sin esposas, pero alguien tenía que coger a David. Él le quitó las esposas a uno de los cadáveres, sin miramientos, luego sorprendió a David poniéndoselas.
— ¿Qué? ¡Suéltame, yo no he hecho nada!
— ¡No puedes hacerle eso, el no estaba disparando! —protestó también Lily.
—De momento solo le tenemos a él como culpable. Que los espejos y el juez decidan.

Veinte minutos después, llegó un avión, con el que se llevaron a todos los prisioneros y a David. Aunque su culpabilidad no estaba comprobada, de todas formas lo llevaron a los calabozos, hasta el juicio. Pero David no sabía cómo eran los juicios en Dark Light.

sábado, 20 de diciembre de 2014

♪♫Notas Musicales♫♪ -3-

Era sábado, las ocho de la mañana. El auditorio de la ciudad era enorme, un lugar, en el que cabían miles de personas, con un escenario enorme y muchos, muchos asientos para el público. Y eso solo en la sala del primer piso. Abajo, había una zona reservada para el jurado, y en algunos casos la orquestra. La sala ya estaba a rebosar de gente y había mucho ruido. Además cámaras. Las primeras pruebas se retransmitían solo por Internet, pero eran en directo y las verían muchas personas.
Las cámaras eran el verdadero problema de Angely, no le hacía gracia que pudiera verla tanta gente. Ella y Dakota estaban en el auditorio justo a la hora de apertura, ya tenían sus números, pero aún así querían verse en la lista. Dakota tenía el 6783 y Angely el 6790, muy cerca la una de la otra.
—Pase lo que pase no te pongas nerviosa, ignora a las cámaras —le decía.
—Muy fácil decirlo...
Había mucha gente a la que conocían que participaba, chicos y chicas del instituto, todos los del coro de Dakota, algunos que conocían solo de vista. Por supuesto, la mayoría de los jóvenes que vivían en Etherleen se habían presentado, pero venían también personas de todo el país.
Se encendieron todas las luces del escenario y salió el presentador con un micrófono, se hizo el silencio durante un momento, habían empezado a grabar.
—Señoras y señores, chicos y chicas de todo el país. Les damos la bienvenida a la trigésima cuarta edición de... —redoble de tambor— ¡Notas musicales! —Y dicho esto empezaron los gritos, aplausos, la música de fondo del programa y un juego de luces en el escenario—. Por selección aleatoria, esta edición de Notas Musicales se celebra en Etherleen, no olviden reservar las entradas para el concierto final —añadió—.  A esta edición se han presentado chicos y chicas de todas las edades y de todos los rincones del país, con talentos extraordinarios por descubrir. Un total de trece mil novecientos cuarenta participantes. Las pruebas consistirán en cantar, tocar instrumentos o bailar, la canción no debe durar más de 4 minutos. Pero, si no convencen al jurado desde el principio... Quedarán eliminados. Este año el jurado estará formado por —las cámaras apuntaron hacia la mesa del jurado— Wanda Jols —una mujer de pelo rubio y corto saludó a las cámaras sonriendo—. Heder Kins —una morena al lado de Wanda también saludó, pero tenía pinta de antipática—. Ian Luvien —era el chico más joven del jurado, con el pelo negro y ojos marrones—. Alan Nimeni —este era el más mayor de todos, pero aún así joven—. Y Daniel Herwal —por último saludó un chico rubio—. Y ahora... ¡Qué empiece Notas Musicales!
Se escucharon gritos del público, el escenario se llenó de nuevo de color y unos segundos después, cuando se hizo el silencio, el presentador dijo el primer nombre:
—Número uno, Eva Andester —se hizo el silencio, el presentador se hizo a un lado y se sentó en un sillón de diseño preparado para que él pudiera esperar a que los concursantes hicieran la prueba y no molestara en el escenario. Dakota y Angely se miraron la una a la otra, les sorprendió un poco que ella fuera la primera. En realidad, a Dakota no la sorprendía tanto.
Eva salió al escenario, venía preparada, con su guitarra. Cantó una canción acústica, lenta y simple. Pero estaba bien cantada, ni un solo error, además de que era la primera de todas. El jurado no intervino hasta que acabó y le dieron el visto bueno, Eva pasaba la primera prueba, aunque era de esperar, para quién la conociera.
—Número dos, Gabriela Sinder.
Esa también era conocida, de hecho, los primeros en salir, eran bastante conocidos, pequeños artistas que ya se habían presentado a pequeños concursos e incluso algún que otro cantante anónimo de las redes sociales e Internet. Todos estaban aprobados. Pasaba el tiempo, iban por el numero 1208, una chica de su ciudad, sin ningún talento, como muchos otros que se presentaron antes. En los primeros diez segundos, ya la habían echado, como pasó con los siguientes. Realmente, Heder Kins no tenía mucha paciencia. Aunque la canción pudiera durar hasta 4 minutos, ella pocas veces dejaba pasar 2 e incluso 1, aunque lo hicieran bien y pasaran. Los que empezaban mal en los primeros segundos, se iban fuera. Al llegar al número 4000 hicieron un descanso de diez minutos, lo hacían a cada hora.
Las dos habían cogido sitio entre el público al llegar, llevaban allí tres horas mirando la selección. Todavía tenía pinta de que tendrían que esperar un rato hasta que les tocara salir.
Casi todo el mundo se levantó en el descanso para estirar las piernas, ir a comer… Pero ellas se quedaron.
— ¡Estamos cada vez más cerca! Y por ahora solo han seleccionado a 2302 —dijo Dakota.
— ¿Cómo lo sabes? ¿Has estado contando? —preguntó Angely.
—Lo he mirado en la página oficial —diciendo esto, le enseñó el teléfono a Angely, pero ella a penas pudo leer nada.
— ¿No podemos irnos un rato? Me estoy cansando de estar aquí todo el rato…
Las dos estaban de pié, al principio habían cogido un sitio en el que sentarse, pero luego se levantaron a estirar las piernas. Probablemente les tocaría dentro de unas horas, pero Dakota insistía en quedarse y verlo todo en directo, mientras también lo seguía con su teléfono.
— ¿Cómo lo sabes?
—Recuerda que están emitiendo en directo en Internet y lo han dicho. Hay 2302 ya seleccionados y 47 en espera.
—...
—No te pongas nerviosa, lo harás bien. Imagínate que no están las cámaras ni el público, ni los espectadores viéndote…
—Con la cantidad de buenos talentos que hay, a mi seguro que no me escogen.
—Ya veremos. Todavía quedan unas 2600 personas hasta que nos toque. Disfruta del momento.
Un momento que duraba eternamente. Cada concursante que pasaba la acercaba más a su hora de actuar… Y pasaba el tiempo y se aburría, se cansaba, volvía a ponerse nerviosa, se aburría de nuevo, tenía hambre…
La número 4001 era Kim Harly, una chica del coro de Dakota a la que no le tenían mucho cariño. Era rubia, alta, de ojos negros. Cantaba igual de bien que Dakota, pero la superaba en que ella sabía bailar como la musa de la danza y nadie lo podía negar. Pasó la prueba cantando y bailando una balada lenta. Angely no paraba de removerse en su asiento, no había estado tan nerviosa en su vida. Número 6700, ya eran las cinco de la tarde.
—Vamos Angely, date prisa —le dijo Dakota mientras tiraba de ella.
Las siguientes 100 tendrían que estar ya preparadas para salir al escenario, detrás del telón. Ellas llevaban preparadas desde las ocho de la mañana, por suerte habían ido a comer unas horas antes.
Iba avanzando la cola, ahora las dos estaban separadas porque tenían que ir en orden. La 6782 quedó eliminada en los primeros cuarenta segundos de música.
—Número 6783, Dakota Edsan.
Dakota salió al escenario con paso decidido, se sentó en la silla del piano, en cuanto se hizo el silencio, empezó a tocar Into the dark, Sebastian Larsson. No cantó, solo tocó el piano durante cuatro minutos, una buena señal era que no la habían interrumpido, al tocar la última nota, esperó. Los del jurado hablaron entre ellos, Ian era el que parecía querer que pasara, pero los demás se negaban, después dijeron.
—En espera.
Dakota sonrió, saludó y salió del escenario contenta, tendría otra oportunidad para pasar. No pudo detenerse a hablar mucho con Angely porque tenía que irse con los demás en espera (con los otros 65) pero le dio tiempo a decir:
—Animo y recuerda disfrutar del momento.
Su momento se acercaba, seis personas más, el número 6789 se fue fuera después de que el jurado se lo pensara.
—Número  6790, Angely Marlian.
Ya había cogido la guitarra, al salir sentía las manos temblorosas y sentía como si los pies le pesaran toneladas y no pudiera avanzar, pero por suerte llegó al centro del escenario. Tenía un foco encima suya que la estaba cegando, había miles de personas mirándola desde todas partes, escuchaba a la gente hablar… Solo conseguía verle el lado negativo a estar ahí arriba. De repente se le olvidaron todos los acordes que tenía la guitarra y las letras de las canciones y el ritmo y todo lo que había ensayado... Se quedó plantada durante unos segundos que le parecieron eternos, vio como el público ponía caras raras preguntándose por qué no hacía nada, el jurado... Le pareció que comentaban que ya deberían eliminarla, seguía sin poder moverse, tenía la guitarra en posición para tocar, pero hiciera lo que hiciera no le salía ningún acorde. Ya llevaba medio minuto sin hacer nada, el público empezó a inquietarse y a hacer ruido, Heder ya iba a pronunciar la palabra "eliminada" pero antes oyó un grito.
— ¡Muévete Angely! —le dijo Dakota desde el otro lado del telón.
Entonces despertó de su sueño, cerró los ojos y simplemente empezó a tocar de memoria lo primero que le salió, Ian cortó a Heder antes de que hablara. Angely no cantaba, pero su guitarra resonaba por todo el auditorio gracias al excelente micrófono que tenía delante, tocaba A paso de tortuga, El Sueño de Morfeo.
Cuando acabó, el público aplaudió, tal vez les gustó como tocaba, o la canción en sí, o tal vez solo querían darle ánimos. El jurado lo debatió durante un momento y Wanda dijo:
—En espera.
Salió del escenario corriendo, la llevaron a un camerino donde estaban los demás en espera. Había una escalera que conducía a un espacio entre bastidores detrás del escenario, o abajo dependiendo de cómo se mirara. En ese momento todos los trastos estaban amontonados a un lado de la estancia, habían dejado solo mesas y muchas sillas para los que tuvieran que esperar un buen rato. Angely se acercó a Dakota mientras bajaban la escalera y le habló lo más rápido que pudo, trabándose la lengua dos veces.
—Que miedo he pasado, me quedé en blanco ¿por qué no cantarte, cantaste? Podrías haber pasado a la primera. Te has ariezgad.ARIESGADO —respiró hondo, luego continuó y enumeró con los dedos—. Quiero: gritar, saltar, llorar, tirarme desde la ventana más alta, cambiarme de nombre y mudarme a China para siempre.
— ¿No te alegras? ¡Estás en espera! Todavía podemos ganar.
—Ni lo sueñes —le dijo un chico, estaba sentado encima de una mesa, con los pies sobre la silla, cerca de la escalera. Era alto, mayor que ellas (de la edad de Eva) tenía el pelo negro y corto, los ojos castaños claros, llevaba vaqueros rotos y una chaqueta de cuero con deportivas grises.
— ¿Perdona? ¿Tú quién eres? —respondió Dakota mirándolo de arriba abajo.
—Soy Jake —dijo, como si ellas debieran conocer ya su magnífico nombre—. Vosotras dos —las señaló con el dedo— no tenéis ninguna oportunidad. Solo habéis tocado unos instrumentos y eso no vale para nada si no sabes cantar. No sé ni para que os han metido en espera. Ian Luvien, ese es el que defiende los instrumentos, pero no hay oportunidad si no hay voz que los acompañe.
— ¿Y tú que sabrás si sabemos o no cantar? ¿A caso te crees mejor? Porque a ti también te veo en espera, y a saber por qué —Dakota rió falsamente.
—Dakota —le susurró Angely al oído, Jake no había oído nada— es el que desafinó en la parte final, unos 100 antes de nosotras.
—Ah, ya veo —volvió a dirigirse a Jake, y le gritó—. ¡Por lo menos yo no desafino!
Jake se levantó de un salto y en un segundo estaba en frente de Dakota con el puño en alto dispuesto a pegarle un puñetazo, pero no lo hizo, porque Angely se había puesto entre ellos dos, Jake era un palmo más alto que ella, pero no por eso le daba miedo, se había metido en situaciones parecidas con Dakota y ya había recibido golpes por ella otras veces. Golpes que dejaban marca y por los que Dakota se sentía en deuda con ella infinitamente. Pero las dos sabían, que ella haría lo mismo, aunque nunca se les había presentado la ocasión.
Jake tuvo que alejarse de Dakota, se sentó en una silla un poco más lejos y apoyó los pies en una de las mesas. Los que estaban en ese mismo sitio hicieron muecas, pero no protestaron. Dakota daba gracias a su suerte al mismo tiempo en que Angely la arrastraba a otra silla más alejada de él.
—No vayas a meterte en líos, menos ahora. ¿Y bien? ¿Qué vas a cantar?
—No cambies de tema… Gracias, te debo otra.
—No te hubiera pegado de todas formas. ¿No ves que había parado en el último momento?
—Porque te habías puesto en medio.
— ¿Qué vas a cantar?
—Emm… He pensado en... —se cortó y miró hacia atrás, Jake las observaba. Dakota escribió en un pedazo de papel <<hoshi no mukougawa>>.
— ¿Qué? ¡Estás loca!—dijo Angely. Sabía que a Dakota le gustaban esas cosas en japonés y todo lo que era de ese estilo, pero era muy arriesgado.
— Es una canción conmovedora…
—Ellos no sabrán lo que dice la letra —apuntó Angely.
—Es muy bonita, las canciones en otros idiomas valen por más, siempre.
—…Loca, pero de remate.
—Bueno, ya hablaremos de esto más tarde —sonó un teléfono, pero era el de Angely.
Lo sacó de su bolsillo, era su madre y volvieron los nervios. ¿Qué le diría? Ella le había dicho que estaba pasando el día en casa de Dakota.
— ¡Angely! ¡Haberme dicho que participabas! Menuda sorpresa nos llevamos. Estaba navegando y me encontré con la publicidad de esto. Miré por curiosidad ¡y vi a tu amiga Dakota!
—Sí, bueno… Lo olvidé.
Y se hicieron las diez de la noche, Dakota insistía en que no se fueran, porque si no estaban ahí cuando dijeran sus nombres las descalificarían. Durante las horas que estuvieron en esa sala de espera, probablemente las únicas idiotas que se quedaron a esperar, Dakota se dedicó a hacerse fotos y twitear como le iba. Ya habían llegado al concursante número 13940, que perdió. Habían alcanzado un total de 4995 elegidos y 87 personas en espera.
—Estamos a punto de concluir la selección de los primeros cinco mil —dijo el presentador, sin el entusiasmo con el que había hablado al principio—. Tenemos ochenta y siete personas en espera, y solo cinco de ellas, podrán formar parte de los cinco mil elegidos, diez minutos de descanso y volveremos con... ¡Notas musicales!
El presentador fue a la sala de espera, estaba lleno de gente y en cuanto entró se hizo el silencio.
—Bueno —dijo—. Dad lo mejor de vosotros, saldréis en el orden en el que entrasteis al principio y cantareis ahí. Después de que hayáis salido todos, el jurado lo hablará, elegirán a cinco y yo diré vuestros nombres ¿correcto? —todos asintieron y el presentador salió, los demás empezaron a prepararse. Diez minutos después salió el primero, el segundo, tercero... Pasó hora y media hasta que salió Jake, tenía el número 6730. Cantó It's my life, de Linkin Park. Angely se dedicó a criticarlo durante su actuación, mientras que Dakota defendía que no lo había hecho mal del todo. Unas persona más y le tocó a Dakota, esta vez le iban a poner la canción instrumental de fondo. Comenzó.
—Kokoro no dokoka ni. Hitotsu hoshiga aru… Unmei no hito, sundeiru to…
El público se sorprendió, algunos rieron, otros cuchichearon, algúna otra otaku silbó. Al final todos volvieron a aplaudir, se los había ganado, apostar por algo en otro idioma era muy buena idea, según Dakota. En cuanto se fue, volvió a salir Angely, los nervios no se le habían pasado aún, llevaba la guitarra todavía. No sabía que canción tocar, pero entonces miró a Dakota, le estaba haciendo señales, con los pulgares arriba. Esta soy yo, El Sueño de Morfeo, versión acústica. Le costó pronunciar las palabras, pero cerró los ojos para no ver a nadie y imaginó que de verdad
—Dicen que soy, un libro sin argumento. Que no se si vengo o voy, que me pierdo entre mis sueños. Dicen que soy una foto en blanco y negro. Que tengo que dormir más, que me puede mi mal genio. Dicen que soy, una chica normal, con pequeñas manías que hacen desesperar. Que no se bien, donde está el bien y el mal. Dónde está mi lugar. Esta soy yo asustada y decidida, una especie en extinción, tan real como la vida. Y esta soy yo, ahora llega mi momento. No pienso renunciar, no quiero perder el tiempo. Y esta soy yo. Y esta soy yoo —solo guitarra, mientras la gente empezaba con las palmas al ritmo—. No soy lo que tú piensas, no soy tu cenicienta. No soy la última pieza de tu puzle sin armar. No soy quien ideaste, quizás te equivocaste. Quizás no es el momento. Y esta soy yo. Y esta soy yo. Y esta soy yo. Y esta soy yoo... 
No se había sentido mejor en su vida, estar encima de un escenario, oyendo como te aplaude la gente… Era lo mejor del mundo. Salió del escenario corriendo en cuanto pronunciaron otro nombre y volvió con Dakota.
— ¡No me puedo creer lo que he hecho!
—Tal vez, hoy sea el día en el que superes tu miedo escénico, o no…
En una de las paredes de la sala de espera, había una pantalla que enseñaba lo que ocurría en ese momento en el escenario. Acabaron todos y subieron de nuevo, se desordenaron sin querer mientras intentaban hacer un par de filas, y al final Dakota quedó en otra punta, separada de Angely, que se quedó con Jake al lado. Después de una larga perorata soltada por el presentador, empezó la tensión.
—El primer elegido es... Eduardo Montaguel. 
Un chico rubio de unos 16 años salió de las filas un poco ruborizado, saludó al público y un técnico lo condujo a otra parte.
—La segunda en salvarse va a ser... Jainy Cantell.
Esta vez era una chica de su misma edad, parecía un poco engreída, la típica niña malcriada que se adueñaba del mundo. Pero sonrió al público como lo hubiera hecho una niña adorable de 7 años.
—La tercera será... ¡Dakota Edsan! —el público la llenó de aplausos. Angely también aplaudió, se estaba poniendo más nerviosa que nunca, más incluso que cuando actuaba. Llevaban tres, sería demasiada casualidad que la escogieran también.
—El penúltimo es Jake Lorain—la gente volvió a aplaudir.
Angely miró como se iba de su lado, tenía una sonrisa de triunfo, pero durante un momento le pareció que la miraba con pena ¿o con amargura? no se le distinguían mucho las dos cosas en esa cara de idiota que siempre ponía.

—Y por último, el elegido que va a formar parte de Notas Musicales y el número cinco mil es... ¡Angely Marlian! Y con ella ya tenemos a nuestros cinco mil elegidos.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Dark Light 12

Capítulo 12
Nada

En el edificio, se perdía la noción del tiempo. Lily ya no sabía si era de día o de noche, mucho menos que hora era. No había ventanas, no había relojes en ninguna habitación. Ni siquiera en los ordenadores veía la hora, ella tampoco tenía reloj  o móvil. Si preguntaba a cualquier otro, tampoco lo sabía.
Dormía cuando tenía sueño, se despertaba cuando ya había descansado o cuando la llamaban. Nunca sabía cuántas horas dormía. Y las comidas... Tampoco las respetaba. Cuando vivía con sus padres, desayunaba a las ocho, almorzaba a las once, comía a las dos y cenaba a las nueve... Pero los últimos 6 meses que había pasado allí, comía cuando tenía hambre y lo que pillaba en el "menú del día humano" en la cafetería.
Además de todo eso, ya había visto la mayor parte del edificio, excepto las plantas Top Secret, que nadie conocía y a las que nadie accedía; la azotea, aunque sabía que allí había aviones y helicópteros; y los calabozos. Pero algo que se preguntaba siempre, era dónde estaba la sede de Dark Light.
Era un edificio enorme, muy alto, sin ventanas ¿cómo podría pasar desapercibido? ¿Qué usaban para camuflarlo? ¿En qué continente estaba? ¿Qué país? ¿Ciudad? No saber dónde estaba, la volvía loca. Pero siempre que preguntaba, le decían que no se preocupaba por esas cosas, que no intentarla buscarle la lógica... Pero no podía evitarlo. Pensó que tal vez desde la azotea vería algo, pero para eso necesitaba ir a una misión en avión. Le costó mucho encontrar a alguien que fuera en avión y convencerlo de que la dejara ir.
Había reconocido a los pilotos, Néstor y su nuevo compañero Alonso.
— ¿Vais de misión?
—Sí.
Los dos chicos y los dos pilotos iban a paso rápido hacia el final del pasillo, el ascensor.
— ¿En avión?
—Helicóptero —dijo Néstor.
Faltaban 10 metros para que se metieran en el ascensor.
—Dejadme ir con vosotros.
— ¿Qué? ¿Ahora? Vamos con prisa —dijo Alonso.
Estaban al lado del ascensor.
—Por favor.
—Nos vamos en cinco minutos. Si no estás ahí entonces, te dejaremos aquí. Equípate —dijo Néstor.
Entraron en el ascensor, pero Lily detuvo las puertas.
— ¿Podré subir a la azotea?
De normal, si pensaba en la azotea el ascensor no la llevaba allí.
—Yo, con rango plata, te doy permiso —dijo Néstor también.
Lily se apartó de las puertas, estas se cerraron.
Ella corrió por el pasillo, por suerte estaba en la planta de armas. Ya llevaba el uniforme, solo necesitaba coger armas. Su localizador... Bueno, se había dejado el anillo en la habitación, que compartía con Aura, pero no tenía tiempo ¿qué más daba?
Después de coger las armas y ponerlas en el cinturón, volvió corriendo al ascensor. La azotea la esperaba, podría ver por fin lo que había alrededor.
<<Azotea, azotea, azotea...>> Pensaba.
El ascensor paró, había una escalera en frente. ¿Una escalera? ¿Cómo podía haber una escalera vieja si tenían ese ascensor? Subió corriendo, abrió la puerta de la azotea. Era enorme, por primera vez Lily se dio cuenta de que tamaño tenían las plantas. Había decenas de aviones y helicópteros, había tantas clases que Lily no sabía todos sus nombres y funciones. Los dos pilotos habían subido ya al helicóptero militar, Alonso estaba subiendo, Néstor la esperaba.
Lily iba hacia ellos, entonces miró a su alrededor. El cielo se veía perfectamente, era azul y se estaba poniendo más naranja cada vez, había pocas nubes y el sol se estaba poniendo en el horizonte. ¿Pero qué clase de horizonte era aquel? Se acercó al borde del edificio, ni siquiera había barandilla para no caerse. A parte del edificio, solo se veía niebla. Ningún rastro de una ciudad, un campo, un bosque... Nada. No había absolutamente nada.
— ¡Vamos Lily! —Néstor ya había subido.
Lily se dio prisa en subir también.
—Ponte los cascos —dijo Alonso.
—Y el cinturón —dijo Néstor.
Despegaron. Lily estaba mirando atentamente a la ventanilla, intentando no perderse ningún detalle. La niebla seguía y seguía... Pero sin darse cuenta, aparecieron en Nueva York y sobrevolaron la estatua de la libertad. Allí era de noche.
— ¿Qué? ¿Cómo hemos llegado aquí?
—En helicóptero.
Alonso, se rió de su propio chiste, Néstor también aunque intentaba disimularlo.
—Simplemente llegamos. No le busques la lógica. Por eso tenemos pilotos, para no perdernos.
—Pero, no lo entiendo. Estábamos en... Ninguna parte. ¿De repente aparecimos aquí?
—Estamos a punto de llegar.
— ¿A dónde?
Alonso y Néstor se miraron, al parecer no tenían paciencia con las preguntas.
—A Manhattan. Seguimos las pistas de un antiguo pero numeroso grupo.
— ¿Qué clase de grupo?
—La antigua banda de Alexter. Aunque he oído, que tienen otro líder.
— ¿Solo nosotros?
—Nos esperan otros dos equipo allí.
Tuvieron que desvanecerse de allí, el helicóptero no podía aterrizar en ningún edificio sin alterar a sus objetivos. Estaban delante de un edificio de 10 plantas abandonado, aparentemente, allí les esperaban otros dos equipos de tres personas los dos, pero solo conocía a dos de ellos. David y Aura.
— ¿Pero que hace ella aquí? —preguntó Aura.
—Oye, si no dejas que participe en misiones, no va a aprender nunca. ¿Cuál es el plan?
—Entrar todos a tropel, cerrar las salidas y atrapar a cuantos podamos CON VIDA. No lo olvidéis, porque eso es importante, por mi podéis dejarlos moribundos, pero que puedan hablar frente al espejo. Los novatos que no se separen demasiado. Repasemos. ¿Esposas?
—Cuatro.
—Cuatro —dijo Lily.
—Una.
—Cinco
Todos dijeron el número de esposas que tenían.
— Sí es que no se para que pregunto, deberíais llevar más a las misiones, que parecéis principiantes. ¿Munición?
—Todas al máximo —dijo Lily.
—Dos al 93% y la otra completa.
También todos dijeron cuanta munición les quedaba en las armas.
—Perfecto, como las otras armas me dan absolutamente igual. Preparaos todos.
El chico que había estado hablando se acercó a la puerta, dejó una bomba con temporizador y se alejó corriendo. La gente que viviera cerca, seguramente se asustaría. Mucho. Muchísimo.
La bomba explotó, no esperaron a que se disipara el humo, entraron todos a la vez y algunos empezaron a disparar aleatoriamente. Pero sus enemigos también tenían armas, aunque ellos siempre aseguraban que los chalecos antibalas de Dark Light eran los mejores del mundo.
Aura fue la primera que esposó un vampiro a una tubería. Tres personas se quedaron abajo, el resto subieron, persiguiendo a los que intentaban escapar, entre ellos Lily y David. Aunque Lily solo se estaba dejando llevar por la masa hasta el tercer piso mientras David quedó en el segundo.
Allí arriba solo había tres. El chico que antes había estado hablando, empezó a dispararles. Tenía una puntería increíble, porque a ninguno le dio en el corazón, por lo que seguirían vivos mucho tiempo. Luego siguió corriendo, le tiró dos pares de esposas extra a Lily.
—Asegúrate de que no escapen, y si lo intentan pégales un par de tiros más —subió otra escalera.
Lily los esposó, a pesar de que dos de ellos intentaron resistirse y le soltaron varios insultos muy ofensivos, que no había oído en su vida. El tercero todavía podía caminar, le vio entrar por una puerta oculta debajo de la escalera. Le siguió con el arma en alto, abrió la puerta, pero ellos también tenían bombas.
Lily se vio impulsada hacia atrás, cayó al suelo y se golpeó la cabeza contra la pared de atrás, empezó a ver borroso. Aquellos que estaban escondidos en la habitación de debajo de la escalera, salieron. Ella ya no tenía su arma, cuando llevó la mano a su cinturón para coger otra oyó que alguien decía.
—Quieta.
La estaban apuntando con su propia arma y otras más. Eran tres, dos chicos y una chica.
—Levanta las manos y no te muevas —ella no tuvo más remedio que obedecer. 
El chico que antes había escapado, al que al parecer solo habían rozado las balas, se agachó junto a ella y le puso cinta aislante en la boca. La miraba mucho, y no dejó de mirarla ni siquiera cuando se apartó.
—Esta... Esta es la que detuvo a Sam.
—Es verdad —dijo la chica—. Y Alexter, él también la describió así, aunque. El mismo pelo rubio y largo…
Aura y Lily se parecían mucho. Sobre todo porque, físicamente, las dos tenían 16 años. Eran rubias, tenían los ojos marrones oscuros. Aunque Lily era más bajita, no podían darse cuenta si estaba sentada en el suelo.
—Es decir, esta es la ramera que acabó con nuestro líder y mi ex —concluyó la chica, la apuntó con su arma en la cabeza—. Estarás contenta. Vamos a divertirnos un rato.
La chica se rió, sus dos amigos la imitaron.