miércoles, 17 de diciembre de 2014

Dark Light 12

Capítulo 12
Nada

En el edificio, se perdía la noción del tiempo. Lily ya no sabía si era de día o de noche, mucho menos que hora era. No había ventanas, no había relojes en ninguna habitación. Ni siquiera en los ordenadores veía la hora, ella tampoco tenía reloj  o móvil. Si preguntaba a cualquier otro, tampoco lo sabía.
Dormía cuando tenía sueño, se despertaba cuando ya había descansado o cuando la llamaban. Nunca sabía cuántas horas dormía. Y las comidas... Tampoco las respetaba. Cuando vivía con sus padres, desayunaba a las ocho, almorzaba a las once, comía a las dos y cenaba a las nueve... Pero los últimos 6 meses que había pasado allí, comía cuando tenía hambre y lo que pillaba en el "menú del día humano" en la cafetería.
Además de todo eso, ya había visto la mayor parte del edificio, excepto las plantas Top Secret, que nadie conocía y a las que nadie accedía; la azotea, aunque sabía que allí había aviones y helicópteros; y los calabozos. Pero algo que se preguntaba siempre, era dónde estaba la sede de Dark Light.
Era un edificio enorme, muy alto, sin ventanas ¿cómo podría pasar desapercibido? ¿Qué usaban para camuflarlo? ¿En qué continente estaba? ¿Qué país? ¿Ciudad? No saber dónde estaba, la volvía loca. Pero siempre que preguntaba, le decían que no se preocupaba por esas cosas, que no intentarla buscarle la lógica... Pero no podía evitarlo. Pensó que tal vez desde la azotea vería algo, pero para eso necesitaba ir a una misión en avión. Le costó mucho encontrar a alguien que fuera en avión y convencerlo de que la dejara ir.
Había reconocido a los pilotos, Néstor y su nuevo compañero Alonso.
— ¿Vais de misión?
—Sí.
Los dos chicos y los dos pilotos iban a paso rápido hacia el final del pasillo, el ascensor.
— ¿En avión?
—Helicóptero —dijo Néstor.
Faltaban 10 metros para que se metieran en el ascensor.
—Dejadme ir con vosotros.
— ¿Qué? ¿Ahora? Vamos con prisa —dijo Alonso.
Estaban al lado del ascensor.
—Por favor.
—Nos vamos en cinco minutos. Si no estás ahí entonces, te dejaremos aquí. Equípate —dijo Néstor.
Entraron en el ascensor, pero Lily detuvo las puertas.
— ¿Podré subir a la azotea?
De normal, si pensaba en la azotea el ascensor no la llevaba allí.
—Yo, con rango plata, te doy permiso —dijo Néstor también.
Lily se apartó de las puertas, estas se cerraron.
Ella corrió por el pasillo, por suerte estaba en la planta de armas. Ya llevaba el uniforme, solo necesitaba coger armas. Su localizador... Bueno, se había dejado el anillo en la habitación, que compartía con Aura, pero no tenía tiempo ¿qué más daba?
Después de coger las armas y ponerlas en el cinturón, volvió corriendo al ascensor. La azotea la esperaba, podría ver por fin lo que había alrededor.
<<Azotea, azotea, azotea...>> Pensaba.
El ascensor paró, había una escalera en frente. ¿Una escalera? ¿Cómo podía haber una escalera vieja si tenían ese ascensor? Subió corriendo, abrió la puerta de la azotea. Era enorme, por primera vez Lily se dio cuenta de que tamaño tenían las plantas. Había decenas de aviones y helicópteros, había tantas clases que Lily no sabía todos sus nombres y funciones. Los dos pilotos habían subido ya al helicóptero militar, Alonso estaba subiendo, Néstor la esperaba.
Lily iba hacia ellos, entonces miró a su alrededor. El cielo se veía perfectamente, era azul y se estaba poniendo más naranja cada vez, había pocas nubes y el sol se estaba poniendo en el horizonte. ¿Pero qué clase de horizonte era aquel? Se acercó al borde del edificio, ni siquiera había barandilla para no caerse. A parte del edificio, solo se veía niebla. Ningún rastro de una ciudad, un campo, un bosque... Nada. No había absolutamente nada.
— ¡Vamos Lily! —Néstor ya había subido.
Lily se dio prisa en subir también.
—Ponte los cascos —dijo Alonso.
—Y el cinturón —dijo Néstor.
Despegaron. Lily estaba mirando atentamente a la ventanilla, intentando no perderse ningún detalle. La niebla seguía y seguía... Pero sin darse cuenta, aparecieron en Nueva York y sobrevolaron la estatua de la libertad. Allí era de noche.
— ¿Qué? ¿Cómo hemos llegado aquí?
—En helicóptero.
Alonso, se rió de su propio chiste, Néstor también aunque intentaba disimularlo.
—Simplemente llegamos. No le busques la lógica. Por eso tenemos pilotos, para no perdernos.
—Pero, no lo entiendo. Estábamos en... Ninguna parte. ¿De repente aparecimos aquí?
—Estamos a punto de llegar.
— ¿A dónde?
Alonso y Néstor se miraron, al parecer no tenían paciencia con las preguntas.
—A Manhattan. Seguimos las pistas de un antiguo pero numeroso grupo.
— ¿Qué clase de grupo?
—La antigua banda de Alexter. Aunque he oído, que tienen otro líder.
— ¿Solo nosotros?
—Nos esperan otros dos equipo allí.
Tuvieron que desvanecerse de allí, el helicóptero no podía aterrizar en ningún edificio sin alterar a sus objetivos. Estaban delante de un edificio de 10 plantas abandonado, aparentemente, allí les esperaban otros dos equipos de tres personas los dos, pero solo conocía a dos de ellos. David y Aura.
— ¿Pero que hace ella aquí? —preguntó Aura.
—Oye, si no dejas que participe en misiones, no va a aprender nunca. ¿Cuál es el plan?
—Entrar todos a tropel, cerrar las salidas y atrapar a cuantos podamos CON VIDA. No lo olvidéis, porque eso es importante, por mi podéis dejarlos moribundos, pero que puedan hablar frente al espejo. Los novatos que no se separen demasiado. Repasemos. ¿Esposas?
—Cuatro.
—Cuatro —dijo Lily.
—Una.
—Cinco
Todos dijeron el número de esposas que tenían.
— Sí es que no se para que pregunto, deberíais llevar más a las misiones, que parecéis principiantes. ¿Munición?
—Todas al máximo —dijo Lily.
—Dos al 93% y la otra completa.
También todos dijeron cuanta munición les quedaba en las armas.
—Perfecto, como las otras armas me dan absolutamente igual. Preparaos todos.
El chico que había estado hablando se acercó a la puerta, dejó una bomba con temporizador y se alejó corriendo. La gente que viviera cerca, seguramente se asustaría. Mucho. Muchísimo.
La bomba explotó, no esperaron a que se disipara el humo, entraron todos a la vez y algunos empezaron a disparar aleatoriamente. Pero sus enemigos también tenían armas, aunque ellos siempre aseguraban que los chalecos antibalas de Dark Light eran los mejores del mundo.
Aura fue la primera que esposó un vampiro a una tubería. Tres personas se quedaron abajo, el resto subieron, persiguiendo a los que intentaban escapar, entre ellos Lily y David. Aunque Lily solo se estaba dejando llevar por la masa hasta el tercer piso mientras David quedó en el segundo.
Allí arriba solo había tres. El chico que antes había estado hablando, empezó a dispararles. Tenía una puntería increíble, porque a ninguno le dio en el corazón, por lo que seguirían vivos mucho tiempo. Luego siguió corriendo, le tiró dos pares de esposas extra a Lily.
—Asegúrate de que no escapen, y si lo intentan pégales un par de tiros más —subió otra escalera.
Lily los esposó, a pesar de que dos de ellos intentaron resistirse y le soltaron varios insultos muy ofensivos, que no había oído en su vida. El tercero todavía podía caminar, le vio entrar por una puerta oculta debajo de la escalera. Le siguió con el arma en alto, abrió la puerta, pero ellos también tenían bombas.
Lily se vio impulsada hacia atrás, cayó al suelo y se golpeó la cabeza contra la pared de atrás, empezó a ver borroso. Aquellos que estaban escondidos en la habitación de debajo de la escalera, salieron. Ella ya no tenía su arma, cuando llevó la mano a su cinturón para coger otra oyó que alguien decía.
—Quieta.
La estaban apuntando con su propia arma y otras más. Eran tres, dos chicos y una chica.
—Levanta las manos y no te muevas —ella no tuvo más remedio que obedecer. 
El chico que antes había escapado, al que al parecer solo habían rozado las balas, se agachó junto a ella y le puso cinta aislante en la boca. La miraba mucho, y no dejó de mirarla ni siquiera cuando se apartó.
—Esta... Esta es la que detuvo a Sam.
—Es verdad —dijo la chica—. Y Alexter, él también la describió así, aunque. El mismo pelo rubio y largo…
Aura y Lily se parecían mucho. Sobre todo porque, físicamente, las dos tenían 16 años. Eran rubias, tenían los ojos marrones oscuros. Aunque Lily era más bajita, no podían darse cuenta si estaba sentada en el suelo.
—Es decir, esta es la ramera que acabó con nuestro líder y mi ex —concluyó la chica, la apuntó con su arma en la cabeza—. Estarás contenta. Vamos a divertirnos un rato.
La chica se rió, sus dos amigos la imitaron.

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