miércoles, 31 de diciembre de 2014

Dark Light 14

Capitulo 14
Inocente

Lily entró en el ascensor, estaba sola, se cerraron las puertas. Cuando pensó en el lugar al que quería ir, imaginaba que: se abrirían las puertas y aparecería allí o no podría ir porque no tenía permiso. Pero no pasó ninguna de esas dos cosas. El ascensor empezó a bajar. El ascensor mágico que te llevaba a cualquier lugar del edificio y nunca se movía, empezó a moverse como uno normal. No tenía ningún sentido.
Y parecía que los calabozos estaban varios pisos por debajo, puesto que se pasó allí dentro casi 5 minutos. Cuando las puertas se abrieron, se encontró con un guardia. Él estaba sentado en una silla, leyendo un periódico. Un periódico, hacía mucho tiempo que Lily no veía uno. Eso sí, estaba armado como un policía, tenía un manojo de llaves, una radio y un detector de metales de mano. Cuando la vio, puso cara de pocos amigos y se levantó.
—Eh... Vengo a hacer una visita.
No podía decirle que no, las visitas no estaban prohibidas, según le había dicho Leandra. El guardia suspiró.
—Armas fuera, y todo lo de metal que lleves encima —le señaló una mesa que tenía al lado.
Lily se quitó el cinturón de armas, se sacó los cuchillos de dentro de la chaqueta, se quitó los pendientes, la insignia de Dark Light, el coletero (que tenía una mariposa de metal), un anillo (no el localizador, ese estaba en su cuarto, un anillo real) y un reloj de pulsera. Lo puso todo sobre la mesa.
El guardia le pasó el detector, luego le abrió la puerta con una de las llaves. Era raro, porque ninguna otra puerta de ese edificio se abría con llave. O se abría con la mano o no se abría, así de simple.
El primer pasillo, estaba vacío, solo había paredes, pero luego cuando dobló a la izquierda, empezó a ver las celdas. La gran mayoría estaban desocupadas, pero una de las primeras, no. David estaba acostado en la cama, mirando el techo blanco, mientras maldecía entre dientes. Habían pasado ocho horas desde que volvieron de la misión, faltaba media hora para su juicio.
—Hola —dijo ella.
David miró hacia ella, no se la esperaba allí. Se levantó.
— ¿Qué haces aquí?
—Dentro de media hora tienes el juicio.
— ¿Y qué? ¿Vas a ser mi abogada?
A pesar de todo, se rió.
—Según me han contado, los juicios aquí son diferentes. Solo estás tú y el juez, que decide tu sentencia según dictan las normas. Si alguien estaba allí de testigo, puede intervenir y defenderte, pero no sirve de mucho. Hay un espejo.
—Tú eres la única que estaba allí de testigo, aunque fueran solo unos segundos. ¿Me crees cuando digo que no lo hice?
—Claro que sí, yo lo vi. Pero aún con todo lo de antes, si dices la verdad delante del espejo, no podrán hacerte nada.
—No es tan fácil, ahora. Hace unos cuantos años, descubrieron una manera de engañar al espejo.
— ¿En serio? ¿Cómo?
—Creyéndose lo que uno dice, pero de verdad. Aunque puedes volverte loco cuando te lo crees. Por eso ya no se fían tanto de los espejos, en realidad casi que no los toman en cuenta, a no ser que respondan.
Se oyeron voces al final del pasillo, se abrió la puerta y se acercaban dos personas. Leandra y Alonso.
— ¿Lily? ¿Qué haces aquí? —preguntó Leandra.
—Pues eso, de visita.
—Lily, aléjate de la puerta. Tú —señaló a David—. Lo mismo.
Los dos se alejaron. Alonso tecleó un código en un monitor que había en la pared al lado de la celda. La puerta se abrió, Alonso le puso esposas a David y salió.
—Bueno, ni que tuviera a dónde ir —dijo él—. Tampoco es que sepa teletransportarme.
—Primero, no se llama así, es el arte de desvanecerse —dijo Alonso, mientras avanzaba por el pasillo—. Segundo, aquí abajo no te serviría de nada.
—Quedan 20 minutos para el juicio. ¿Por qué tan pronto?
Lily recogió todas sus cosas y entró en el ascensor.
—Porque, de normal, hay mucha gente que curiosea a quien van a juzgar —contestó Leandra—. No suelen entrar a mirar, pero sí que les gusta burlarse bastante. Mejor llegar antes de que se amontonen en la puerta. Es por tu bien, creo que te consideran un traidor o algo así.

*   *   *

Todos los que habían ido a esa misión aquel día, estaban allí presentes. El chico que había detenido a David, dijo lo que habían visto todos, casi todos. David solo en la primera planta, todos los prisioneros muertos con las balas provenientes de su rifle. David intentó explicarle lo que había pasado en realidad. Que uno de los prisioneros, al que aún no le había puesto las esposas, le había atacado por detrás. Luego le obligó a disparar a todos los que estaban allí. Técnicamente, David había apretado el gatillo, pero en realidad el otro era el que no le soltaba y le hizo disparar. Lily no olvidó decir que ella también lo vio y Aura, ella no podía mentir, dijo que no estaba segura de lo que había visto, pero no creía que David pudiera haberlo hecho.
—Es decir... Tu supuesto "agresor" te pilló de sorpresa por la espalda. Cogió tu arma, pero no te la quitó. Hizo que tú dispararas a todos los demás presos, es decir disparó a sus propios compañeros y luego se disparó a sí mismo.
Era el mismo juez que había juzgado a Aura años atrás. Machintosh, un duende algo bajito y bastante viejo, según decían llevaba allí desde que se creó Dark Light.
—Exacto —dijo David.
— ¿Me estás vacilando?
—No.
De repente, todos se quedaron en absoluto silencio.
—Eso no tiene el menor sentido. ¿Por qué haría algo así?
—Esa no es la cuestión —intervino Lily— la cuestión es que su reflejo no ha dicho nada, por lo que David no ha podido mentir.
—No hay pruebas concluyentes de que eso sea verdad.
— ¿No hay pruebas? ¿Y qué pasa conmigo (testigo) y una confesión frente al espejo?
—Aún así, las normas son las normas. Era su arma y fue él quien apretó el gatillo, siendo de rango principiante y sin supervisión. La sanción es ser retenido.
— ¡Un momento!
Esta vez intervino Aura, que se levantó.
—Cuando me juzgaron a mí, solo iban a destituirme y bajarme el rango. ¿Por qué le tienen que detener?
—Porque él ya está en el rango más bajo. Y una vez que se entra en Dark Light, no se sale, por lo que no podríamos echarle. La sanción es ser retenido durante dos años en las cárceles, pasado este periodo de tiempo tendrá que volver a hacer la prueba inicial además de un examen psicológico.
— ¿Dos años encerrado? —David no podía creérselo.
— ¡Menudo asco de leyes! ¿Quién es el subnormal que las ha inventado? —dijo Lily.
Todos los que estaban allí presentes la miraron, aunque todos sabían que lo que decía era verdad. Por un momento, Lily, se sintió como cuando tenía 8 años y dijo en la iglesia, delante del cura y un montón de creyentes, que Dios no podía existir, que era imposible.
Machintosh dio el golpe con el martillo, firmó un papel con su sentencia y le iba a poner un sello, cuando un guardia intervino en la sala.
Era el mismo guardia que estaba abajo controlando la entrada a las celdas, pero en ese momento tenía migas en la camisa y una mancha de azúcar glasé en la barbilla. Se acercó a Machintosh y le dio una nota. Podría haber susurrado, pero la mayoría de los que estaban presentes no eran humanos, le hubieran oído perfectamente.
— ¿De verdad?
Machintosh miró al guardia que asintió luego miró a David y después a Lily. Rebuscó en un cajón y sacó otro sello, que mojó en tinta, al parecer llevaba mucho tiempo sin utilizarlo.
—Podéis llevároslo —dijo al final.

Otros dos guardias, que estaban al lado de David le cogieron y se lo llevaron. A Lily le hubiera gustado hacer algo. Las leyes y normas de Dark Light eran injustas ¿pero qué podía hacer ella contra una organización tan poderosa?

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