sábado, 13 de diciembre de 2014

♪♫Notas Musicales♫♪ -2-

Pasaron tres días desde que Eva se había mudado, no había hecho muchas amistades, aun. Las únicas chicas con quien solía saludarse, eran Dakota y Angely. Era una especie de fan suya, era maja pero a veces parecía un poco demente, Angely por otro lado… no solía hablar mucho, de hecho no sabía ni como se llamaba. No iban al mismo instituto, ni al mismo curso. Eva iba a un instituto privado, mientras que las otras dos a uno público. Y mientras que ellas tenían 15 años recién cumplidos Eva ya tenía 17,  cumplidos en marzo. No se interesó por ellas más de la cuenta, era verdad que las había visto muchas veces por la calle pero solo se saludaban. Hasta que el jueves por la tarde, cuando su madre y su padrastro se habían ido, las oyó. El silencio en su casa era sepulcral cuando solo estaba ella y lo agradecía porque podía hacer lo que quisiera en cualquier parte, no solo en su habitación del sótano.
Ella preparaba una coreografía en la sala de estar, que tenía una puerta corredera de cristal que daba paso al jardín, por allí entraba mucha luz natural y si la mantenía abierta también entraba aire fresco. De repente escuchó el sonido de un piano, no era una grabación, era un piano completamente natural y bien afinado que se oía hasta su casa. Se quedó un rato escuchando, pero luego no pudo aguantar la curiosidad, miró por la puerta del jardín, que daba a la casa de al lado, no se veía nada, pero estaba claro que el sonido venía de ahí.
Salió al jardín y miró por encima de la valla, ahí estaban Angely y Dakota.
Estaba las dos enfrascadas grabando el vídeo de una canción en italiano y estaban de espaldas a la terraza, las últimas notas de piano resonaron, Dakota apagó la cámara y entonces sonaron aplausos solitarios desde el jardín vecino. Eva había conseguido alzarse por encima de la valla subiéndose encima de la decoración de jardín de su madre.
—Precioso —las dos se asustaron al verla de repente—. ¿Qué canción es?
Era el momento de que Eva también se convirtiera en una entrometida.
— ¿Cuánto llevas ahí? —le preguntó Angely un poco aterrorizada pensando que Eva la había estado mirando mientras cantaba.
—Pues… —miró su reloj de pulsera con indiferencia y se encogió de hombros—. Unos 20 segundos.
— ¿Y qué te ha parecido? Era Eppure Sentire de Elisa —dijo Dakota.
—No cantáis nada mal. ¿Habéis probado en concursos?
Angely se puso de los nervios tan solo con oír esa palabra, Dakota en cambio solo contestó.
—Yo estoy en un coro, participé hace unos años en un concurso local, quedé segunda frente a una de mis compañeras. A Angely mejor ni le hables de concursos.
Eva miró a la amiga de Dakota, que se había escapado de la conversación disimuladamente y estaba recogiendo la cámara, el micrófono…
— ¿Angely? no es un nombre común…
Al oír su nombre paró de repente, pero no se dio la vuelta.
—Es un apodo —dijo.
— ¿Y no sería mejor Angy?
Angely negó con la cabeza, ese recorte a su nombre no le gustaba nada.
—Oye por cierto... ¿Qué haces aquí?
— ¿Eh? Nada, solo había oído el piano y quería cotillear.
—Ah… ¿Y has descubierto algo interesante?
—Nada tan interesante como esta conversación —dijo con cierto tono de sarcasmo—. Adiós.
Eva se dio la vuelta y desapareció, Angely recogió las partituras del piano y las guardó en la carpeta de Dakota.
—Debería pedirle un autógrafo... —dijo Dakota mientras miraba la valla del jardín.
Eva volvió a su casa, cerró la puerta corredera y bajó al sótano. En el sótano había un equipo de música, una pared con espejos, su guitarra clásica colgada en otra pared, la batería, un bajo, altavoces... También había un micrófono y demás útiles de grabación. Todo regalo de su tía, por parte de madre, a la que le encantaba la afición de Eva. Ella se ató el pelo rubio en una cola y se preparó para empezar a ensayar de nuevo. Encendió el equipo de música y empezó a sonar una de sus canciones. Ya tenía media canción coreografiada, pero todavía le faltaba acabarla y perfeccionarla. Solo entonces podría hacer eso que llevaba esperando tanto tiempo. En un año, cumpliría los 18 por fin.
No se vería obligada a abandonarlo todo después del éxito. Cada vez que ganaba un concurso y tenía que rechazar el premio, que solían ser grabaciones de videoclips o incluso discos de música, se sentía como si tropezara en la última escalera. Lo difícil que era subir y lo fácil que era caer rodando hacia abajo, para tener que empezar de nuevo.

*   *   *

Era viernes por la tarde, las seis para ser exactos. Dakota había oído un rumor acerca de que Eva estaría cerca del polideportivo ese día, a esa misma hora. Ya la conocían bastante en la ciudad, aunque todavía circulaban rumores sobre que era solo una artista ambulante. Y ahí estaban las dos, Dakota y Angely, sentadas en un banco y Dakota con su cámara de vídeo. Eva no falló, no sabía cómo se había enterado la gente, estaba acostumbrada a que se amontonaran mientras oían la música, no que la esperaran, pero no le dio importancia. Se sentó en el respaldo de un banco, sacó su guitarra y empezó a tocar, una canción con una melodía simple, pero bonita. Consiguió que esas pocas decenas de personas aplaudieran, un día más.
—Gracias, recordad a Eva cuando llegue la hora de votar —dijo, antes de recoger a toda prisa e irse.
Dakota no dudó en agarrar a Angely del brazo y arrastrarla con ella para seguir a su ídolo.
—Oye ¿qué buscas haciendo esto? —le preguntó, justo cuando estuvo a un metro de alcanzarla, al mismo tiempo que la grababa con su cámara. Con eso consiguió hacer que ralentizara su ritmo, por lo que la alcanzó.
— ¿Qué es esto? ¿Una entrevista? —preguntó al ver la cámara.
—Sí, di algo que suene profundo.
—Me estoy construyendo una historia. Subiendo mis escaleras al cielo. Dando a conocer mí nombre.
Dakota no estuvo segura de entenderlo, pero aplaudió con la cámara en la mano, luego la apagó.
— ¿Dónde vas? —Volvió a preguntar Dakota—. Es curiosidad y eso...
—A ensayar.
— ¿El qué?
—Eso es cosa mía, si lo supierais no sería un secreto —las dos la miraron, Angely no la conocía mucho, pero Dakota estaba segura de que iba a ensayar alguna nueva canción—.Nos vemos —dijo mientras las iba dejando atrás.
Angely y Dakota cambiaron de dirección y fueron a la biblioteca a hacer los deberes como todos los viernes. Pero esa vez llegaban una hora tarde porque Dakota había hecho tiempo para ver a Eva.
La biblioteca y el auditorio estaban muy cerca y el camino que ellas estaban recorriendo pasaba por allí. Se solían hacer conciertos de música, a veces hasta actuaciones de teatro. Antes de las vacaciones de navidad, había un escenario reservado para las escuelas, los niños iban a cantar villancicos.
Etherleen era una ciudad grande, por lo que contaba con ese auditorio de tres escenarios, en los que Dakota había tenido la ocasión de estar. Bien con el coro, bien con la orquestra tocando el violín o en aquel concurso de talentos local.
Angely solo iba a seguir hacia adelante 50 metros más y cruzar la calle para llegar a la biblioteca municipal, pero Dakota paró delante del auditorio. Angely se dio cuenta tres metros más adelante, cuando observó que hablaba sola. Volvió atrás. Dakota siempre se distraía por el camino, hacían buen equipo, una disléxica y otra que parecía tener un trastorno de hiperactividad con déficit de atención.
Dakota miraba el tablón de anuncios que había en frente del auditorio. Algunos antiguos, como el concurso de talentos que se había celebrado tres meses atrás, algunas audiciones, inscripciones abiertas para el coro, profesores particulares de música… Y un anuncio muy, pero que muy interesante.
—Notas musicales... —Dakota solo leyó el titulo, pero se quedó de piedra unos segundos, luego continuó leyendo en voz alta, aunque solo algunos trozos—. Notas Musicales hace su nueva función en la ciudad de Etherleen… Datos sobre la inscripción en el auditorio…
— ¿Qué pasa?
— ¡Notas Musicales! —no pudo aguantar y tuvo que gritarlo.
Angely pensó que todas las personas que había a las puertas del auditorio las iban a mirar mal por gritar, pero algunas solo rieron, otras cuchichearon y otras chicas hicieron lo mismo que Dakota.
— ¿Qué es eso?
— ¿No te acuerdas? Es el mayor concurso de música del país. Bueno, hasta a mí se me había olvidado… Todos los años, en el mes de marzo aparecen en una ciudad y es ahí donde se celebra el concurso.
— ¿Y qué con eso?
— ¡Angely! Vienen personas de todo el país a inscribirse, hay veces que vienen hasta extranjeros. Profesionales y no tan profesionales, todo depende de cómo lo hagas en las pruebas. Lo ponen en directo en Internet y las últimas pruebas en la televisión. La última que ganó este concurso fue Hana Rosette.
Se calló un momento y le dejó tiempo a Angely para que intentara recordar.
—Ah ya me acuerdo, salió en la tele hace unos días, ha sacado un nuevo disco  eso…
—Ella vivía en un pueblo pequeño, pero cruzó medio país para ir a Notas Musicales. No parecía gran cosa, pero en la primera prueba su potente voz deslumbró al jurado y a todos los espectadores en la red. Casi que ni tuvo que abrirse paso entre los demás concursantes, ella, el jurado, sus rivales y el público sabían que iba a ganar desde el principio. Todos fueron cayendo en cada prueba, luchaban entre ellos por conseguir alcanzar a Hana. Pero, hasta en la última prueba, la chica que iba contra ella sabía que iba a perder.
—… ¿Te has memorizado todo eso de algún artículo de una revista?
—Sí.
Angely suspiró. Miró de nuevo todas las personas que se iban acumulando a la entrada y en la escalera y la enorme cola que debía haber dentro.
Se le fue el santo al cielo y Dakota se puso en la cola, Angely la siguió.
—Creo que a esto se refería Eva con lo del ensayo. ¿Sabrá que hoy es el único día para inscribirse?
Dijo eso mientras sacaba su móvil y twiteaba " Haciendo cola para Notas Musicales :D"
— ¿Piensas apuntarte?
—No. Pienso apuntarnos.
—Ah, claro… Tal vez. Quizás debería irme ya...
—Sí, sí, lo que tu digas. Puedes irte cuando quieras… O cuando lo consigas.
Entonces Dakota usó su técnica secreta del abrazo con el que no dejaría que Angely se marchara. De hecho Angely intentó soltarse, pero sabía que no lo iba a conseguir.
—Puedo contigo y lo sabes.
—No lo voy a hacer, ya sabes que yo... no puedo cantar en público, me pongo demasiado nerviosa y me olvido hasta de mi nombre.
—Angely, por favor, hazlo por mí. Solo inscríbete, no tienes nada que perder. ¡Al menos haz cola conmigo!
— ¿Y tú? ¿Estás segura de que quieres apuntarte en un concurso de profesionales? Recuerda que…
Angely miró la mirada esperanzada que tenía Dakota y no pudo seguir con la misma idea, ella no era una rompe sueños.
—… Solo voy para hacerte compañía, pero no voy a apuntarme.
Dakota daba saltos de alegría, mientras Angely seguía preocupada porque todos la miraran. Pero todos los que estaban allí estaban más interesados en emocionarse por el concurso que en mirarlas a ellas.
La cola avanzaba bastante rápido, aunque todavía parecía muy larga. Llegaba hasta el primer piso, donde habían puesto una mesa en la sala de espera y había tres empleados del auditorio. Enseguida les tocó a ellas dos y las atendieron un chico bastante joven (20 años) y otra que podría pasar por su hermana, el primero dijo.
—Vaya, si tú eres Dakota. Te veo mucho por aquí. Suerte.
—Gracias. ¿Qué hay que hacer? —cada uno le explicó lo que había que hacer.
—Rellenas este formulario, con letra clara y sin dejarte ningún dato o no lo aceptarán. Luego lo metes en el sobre y lo dejas ahí —señaló otra mesa en la que recogían los formularios—. Y ya está. Mañana a las ocho en punto se publicarán unos números en la página oficial del concurso y aquí en el tablón de anuncios. Tienes que estar aquí para cuando te toque tu número y hacer una prueba. El resto será comunicado solo a esos 5000 afortunados que pasen la primera prueba. Siguiente —dijo la chica. Empezaron a empujarse entre todos para dar paso a los siguientes. Dakota aprovechó para coger un formulario de inscripción demás.
— ¿Qué tipo de prueba? —preguntó Angely.
—En el sobre hay una nota informativa —dijo el chico mientras atendía a otros.
Las dos pasaron a la sala de las audiciones más pequeña (era la del primer piso) y se buscaron un hueco en otra de las mesas para rellenar el formulario, aunque Angely solo estaba esperando a Dakota mirando a las paredes. Dakota rellenó el segundo formulario con su nombre y Angely pareció no darse cuenta, luego dejó los dos sobres en su sitio. Después de hacerlo leyeron la nota informativa del sobre. Decía que podrían cantar, tocar algún instrumento o simplemente bailar, pero si desde el principio no le gustaba al jurado (formado por cinco personas) las descalificarían. Advertía que el proceso de selección podría durar todo el día o más y si no estaban en el escenario cuando pronunciaran su nombre y su número, quedarían fuera. Además, todos los instrumentos estarían disponibles para todos, y si querían algún instrumental de una canción deberían escribirla en "preferencias" del formulario.
—Mira que bien —dijo Dakota alegre— puedes tocar la guitarra en la primera prueba.
—No pienso apuntarme… —se quedó un segundo en silencio pensando y mirando a su amiga que sonreía—. ¿Me acabas de inscribir tú verdad? —dijo de mala gana.
—Seguro que vendrá muchísima gente. Notas Musicales... ¡Qué emoción! —desde luego, no hacía falta que contestara a su pregunta.

Angely pudo habérselo impedido, vio que tenía dos sobres desde el principio, pero no hizo nada. Tal vez había algo dentro de ella que sí quería hacerla participar, aunque cayera en la primera prueba.

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