viernes, 24 de abril de 2015

El último baile con la Muerte

Alison recibió una visita en el hospital. Se trataba de Diego, había venido más arreglado que de costumbre y traía un ramo de azucenas blancas en brazos. Tenía el pelo castaño oscuro, semilargo, lacio y el flequillo peinado hacia un  lado, tapando parte de su frente y, en ocasiones, su ojo derecho. Los ojos los tenía grandes y marrones, profundos y seductores. En cuanto la vio, intentó sonreír, pero era una media sonrisa forzada, triste. Llevaba una camisa blanca, chaleco y corbata, vaqueros y botas de piel marrones.
Ella se incorporó en su cama y le sonrió, Diego la abrazó de inmediato, no quería dejarla ir, pero al final fue Alison quién le hizo apartarse.
—Eh... Yo... Voy a buscar un jarrón con agua para las flores —dijo la hermana de Alison, desvió la mirada de Diego, se secó las lágrimas y salió por la puerta de la habitación corriendo, dejándolos solos.
Diego simplemente dejó el ramo de flores sobre la cama, a sus pies. Cuando Alison le hizo una seña, él se sentó a su lado. Ella lo vio demasiado triste.
— ¿Cómo estás Diego?
—Alison, me lo han dicho, pero quiero que me lo cuentes tú —fue directo—. Desde el principio, el miércoles pasado por la tarde, cuando te fuiste a tu casa.
Inspiró hondo, trató de serenarse, miró hacia arriba como si allí en el aire pudiera ver sus recuerdos.
—Todo empieza con un insignificante dolor de cabeza, pequeños fallos de memoria y... Bueno. El miércoles pasado por la tarde, cuando yo ya me iba a casa... Me dijeron que me dio una especie de ataque, cuando estaba en frente del semáforo. Yo no recuerdo nada, solo que sentía como si mi cabeza fuera a explotar y empecé a ver doble, luego nada. Me han dicho que llamaron a una ambulancia y entonces desperté en el hospital. Después de horas de pruebas, radiografías, resonancias y la opinión de varios especialistas... Dicen... —su voz se quebró en la última palabra, cerró los ojos y volvió a coger aire lentamente, cuanto antes lo dijera más fácil—. Tengo cáncer terminal, un tumor de grado cuatro en el cerebro que avanza con el tiempo y me mata cada día más.
—Dios... Alison...
Bajó la mirada hacia sus manos, empezó a juguetear con sus dedos nerviosa, se mordió el labio. No quería llorar, había llorado durante horas, había visto llorar a sus padres, a sus hermanos... Ahora escuchaba llorar a Diego.
— ¿Y bien? ¿No me lo preguntas? —dijo rompiendo el silencio.
— ¿El qué?
— ¡Oh no! —Puso voz dramática—. Pobre de ti Alison, eres tan joven. ¿Cuánto tiempo te han dado?
Diego rió, después se arrepintió. ¿Cómo podía reírse en un momento tan crítico? Pero es que ella siempre le hacía reír con sus tonterías. Alison volvió a sonreír.
—Es algo difícil de preguntar, pero sí que lo estaba pensando —reconoció él.
—De 2 a 6 meses, pero podría ser cualquier día... Me han dicho que hay un tratamiento experimental, sería la primera vez que lo probarían.
— ¿De verdad? —pareció un poco más esperanzado.
—Me he negado. Ya lo había hablado con mi familia.
— ¿Por qué?
—Si tengo que morir, moriré. No quiero ser un experimento, darme falsas esperanzas, o dárselas a otro. Algún día tenía que pasar, las puertas del paraíso me llaman. Dios requiere mi asistencia en el cielo.
Diego resopló, intentó no ponerse a llorar otra vez, los dos se quedaron en silencio varios segundos, tal vez un minuto entero. Él carraspeó e intentó buscar algo más que decir, miró a su alrededor. Se encontró con un cuaderno con unos cuantos folios arrancados y un bolígrafo al lado de Alison.
—... ¿Qué escribías?
Ella casi había olvidado lo que estaba haciendo, miró a su lado y en seguida recogió el cuaderno y los folios, con la intención de que su amigo no los viera.
—Nada... Tonterías.
—Eh... ¿Interrumpo?
Su hermana volvía a estar en la puerta, acompañado también de su otro hermano mayor. Los dos entraron a la vez, su hermana dejó el jarrón con agua en la mesita, junto a muchos otros y luego metió las azucenas en él.
—Oye Diego ¿te importa salir a fuera un momento?
— ¿Cómo?
—Quiero hablar contigo.
Diego miró a Alison, ella se encogió de hombros. Su hermana se sentó al lado de Diego y prácticamente le empujó hasta ocupar su sitio.
—Yo me quedaré con ella.
Diego se levantó y salió de la habitación, hasta que no se alejaron unos cinco metros de la puerta, Eric no dijo nada, e incluso cuando pararon, esperó. Los dos vieron al médico entrar en la habitación de Alison.
—Va a darle el alta —dijo Eric.
— ¿De verdad?
—No va a pasarse el resto de su vida allí. Es lo mejor. Pero no es de eso de lo que quería hablarte.
— ¿Y...?
— ¿Éste sábado era vuestra fiesta de graduación verdad? Una gala o algo así.
Diego se quedó sin habla, de normal cuando hablaba con el hermano de Alison se quedaba sin saber que decir.
— ¿Cómo lo sabes?
—Se pasó el último mes hablando solo de eso... Pero ahora dice que no quiere ir. Oye Diego... ¿A ti te gusta mi hermana?
— ¿Cómo? O sea... ¿Qué? ¿Por qué lo preguntas? Yo... Es decir...
Eric suspiró y negó con la cabeza.
—Olvida esa pregunta. Solo quiero pedirte una cosa. Quiero que lleves a Alison al baile.
— ¿Qué?
—Tío... Es imposible hablar contigo… Ni se te ocurra negarte o sufrirás las consecuencias.
—No iba a negarme... ¿Pero, hay alguna razón?
—Simplemente que a ella le haría ilusión ir a ese baile. Tú eres su amigo más cercano, concédele su último deseo.
Su último deseo, sonaba muy drástico.
—Mantén esto en secreto ¿vale? Queremos que sea una sorpresa. Ya te daré más detalles.

*   *   *

La de veces que Aida y Alison habían pasado por la tienda de París Tour… Cientos de veces, siempre que salían las dos juntas a comprar. Siempre que pasaban por ahí Alison se paraba a admirar el escaparate y dejar claro que el vestido malva hasta las rodillas, con vuelo, los tirantes cruzados y sin ningún otro adorno. Los demás complementos le daban igual, mientras tuviera ese vestido el día del baile de graduación.
Desde luego, ella había abandonado la idea de ir. No merecía la pena perder tantas horas en un baile con unas personas, con las que aunque hubiera ido con ellos durante años a las mismas clases, no conocía. No, quería aprovechar el tiempo con su familia. Esa noche su padre tenía preparada una maratón del Señor de los Anillos. Como Alison nunca había visto esas películas y a su padre le encantaban, pensó que sería buena idea verlas en familia, como una de las cosas que tenían que hacer juntos.
No tenía ni idea, de por qué su hermana había insistido en que todos se tenían que arreglar, sobre todo a Alison. Se pasó una hora en el salón arreglándole el pelo, estudiaba para peluquería y lo hacía realmente bien. Pero era demasiado elegante para una noche de ver películas. Y el maquillaje ¿por qué maquillaje? Daba lo mismo, mientras hiciera feliz a Aida.
Y así, mientras iba por la segunda bolsa de palomitas sonó el timbre, fue Eric el que había ido a abrir la puerta, luego volvió al salón.
—Creo que es para ti.
Alison se levantó del sofá y fue a la puerta. Cuál fue su sorpresa al ver a Diego ahí plantado, con el traje de gala, parecía que la esperara.
—Buenas noches ¿no vas a venir al baile?
— ¿Eh? —quedó tan perpleja, que no supo que responder.
—Uy, sí que va. Dale un momento para que se cambie —dijo su hermana.
— ¿Qué?
—Sí, mira hoy trajeron tú vestido.
Su madre apareció en la puerta también, llevaba el vestido de color malva guardado en una bolsa de la tintorería opaca. Lo había visto unas cuantas veces en el armario, pero no se le había ocurrido mirar qué era, en ese momento la bolsa estaba abierta.
—Ve a cambiarte rápido, no sea que lleguéis tarde —dijo Eric.
Alison no se lo podía creer, quería gritar de la emoción, empezaron a salirle las lágrimas.
— ¡Ni se te ocurra llorar! ¡No sabes lo que me ha costado el maquillaje!
Aida la cogió del brazo, con la otra mano se llevó el vestido y subieron la escalera hacia su habitación.
La madre de Alison invitó a Diego pasar adentro.
—No sabes lo feliz que debes estar haciendo a mi niña ahora mismo... —dijo ella, mientras acariciaba la cruz que tenía colgada en el cuello, parecía que estuviera rezando al mismo tiempo que hablara—. Muy feliz... Sí. Desde luego.
Unos minutos después, Alison bajó la escalera. Estaba guapísima, zapatos de tacón, el vestido malva hasta las rodillas, el pelo dorado ondulado hacia un lado. Sencilla, pero preciosa, como siempre en realidad.
— ¿Cómo estoy? —preguntó.
—Guapísima —dijo Aida.
—Preciosa —concluyó Diego.
—Demasiada pierna —objetó su madre—. Pero muy guapa. ¿Dónde está la cámara? Cariño, trae la cámara de fotos.
—Ya la llevaba.
—A ver, poneros juntos, quiero que este momento quede grabado para siempre.

*   *   *

Saludaron, se abrazaron, dos besos en las mejillas, todos se alegraban de volver a ver a Alison, aunque los dos llegaran bastante tarde. Continuaron con la fiesta, bailaron, se lo pasaron bien, hablaron, bailaron de nuevo... Pasaron las horas, pasó también la medianoche, pero casi nadie se había ido. Empezaba el momento en el que ponían música más lenta, perfecta para bailar un vals, un ambiente magnífico, todo tan tranquilo. Y justo cuando Diego se había decidido a, por fin, declararse, aunque no les quedara mucho tiempo juntos, Alison se desmayó.
En medio de la multitud, alguien gritó que llamaran a una ambulancia, Diego se agachó a su lado, no se movía, no respiraba, no sentía su pulso... Alison había abandonado la vida. Entonces él se levantó, se limpió el polvo de la ropa y sacó un cuaderno del interior de su chaqueta. Leyó lo que allí ponía, miró a la víctima, volvió a mirar el cuaderno y asintió, todo correcto, luego tachó el nombre de Alison con un bolígrafo de tinta roja.
Entre la confusión de la gente, él se alejó de Diego, la persona más cercana a Alison en el momento de su muerte, sacó su guadaña y la Muerte volvió a recuperar su aspecto de persona siniestra con capucha. Entonces desapareció, mientras Diego seguía allí, al lado de Alison, llorando. Se escuchaban los murmullos de la gente, la ambulancia se acercaba…

*   *   *


Diego leía la carta que había escrito Alison para él en el hospital, dos días después del entierro. No quería hacerlo, pero al final su amor hacia Alison le obligó a abrir la carta y ver cuáles eran sus últimas palabras, se arrepintió completamente de ello.

«No es el momento de una despedida, de decir adiós, de pensar que nos separamos, porque sabemos que nos volveremos a encontrar. No sé porqué escribo esto ahora mismo, porque tampoco tengo nada que contar, que confesar. Podría decir que fuiste siempre un gran amigo para mí, como mi segundo hermano, o podría decirte que te amo. ¿Pero acaso eso tendría sentido? ¿Por qué iba a hacerlo ahora, cuando es tarde? Todo el tiempo que podríamos haber pasado juntos si lo hubiera dicho antes, ya fue nuestro. Ahora no hay razón para que te deje con las últimas palabras de un amor que no pudo ser. Por eso no lo voy a decir. No voy a decirte cuanto te amo y te he amado o no, ni el valor que tuvo o no para mi tu amistad. Porque esto no es un adiós, la vida eterna nos espera en algún lugar. De todas formas, adiós Diego, aunque sé que pronto voy a verte, puedo oír tu voz desde esta habitación, como te acercas por el pasillo. Te volveré a ver ahora y te volveré a ver más tarde».



miércoles, 22 de abril de 2015

Dark Light 22

Parón de temporada*Nota al final del capítulo*

Capitulo 22
Foso

Corrió por los pasillos, había saltado una alarma en la sala de entrenamientos. Pero ella corrió, hasta que entró en el ascensor. Había una persona y, lo sentía mucho por ella, pero tuvo que cogerla y echarla del ascensor  a empujones.
Lo único que tenía en las manos, era esa pistola eléctrica y, según Karen, la electricidad se cortaba cuando llegaba allí. Aunque Johann también lo sabía, los aparatos eléctricos no se volverían a encender nunca.
"¿Qué es lo que estás planeando?" preguntó él.
—No hay tiempo de explicaciones —contestó ella al aire.
Lo mejor de todo era que, no estaba rompiendo tantas reglas, ni siquiera estaba pasando información importante al enemigo. Johann ya tenía planos de la mayoría de las plantas de Dark Light. También sabía cómo llegar al foso.
Lo malo, que si averiguaba algo más, antes de llegar allí, él lo sabría. También tenía el peligro de que ella muriera antes de que llegara, a no ser que la dejaran hacer lo que ella quería, solo para saber como acababa.
Las puertas del ascensor se abrieron. Se encontró con el mismo guardia de las últimas veces. Él solo la miró durante un segundo y volvió su periódico.
—A quién buscas lo han trasladado. Largo de aquí.
Lily lo sentía, no quería hacerle daño, al fin y al cabo era su trabajo. Pero si era un error, probablemente él era uno de los culpables. Se abalanzó sobre él, tal vez supiera defenderse y tuviera armas pero… Lily tenía la pistola eléctrica con el nivel mínimo y un botón muy simple de presionar. No dudó en electrocutarlo.
No supo si quedó inconsciente o otra cosa, pero se suponía que solo moriría con el nivel tres. Le cogió el manojo de llaves y abrió la puerta. Siguió corriendo, sabía cómo llegar al sector A.
Dejaba a su paso a todos los guardias inconscientes e indefensos, después de electrocutarlos. Pero no solo guardias se ponían en su camino, también las voces. No voces cualesquiera, nueve voces distorsionadas que hablaban por turnos, pero solo ella las escuchaba. No entendía porque intentaban detenerla con palabras y no se teletransportaban allí para pararla.
—Deja de huir, no servirá de nada.
—Cuando caigas, no podrás volver a subir, es imposible.
—No haber dejado que pasara esto —dijo Lily.
—Nosotros no nos enteramos de todo lo que aquí ocurre.
—No habrá salida.
—Fue un error, pero no por eso tenemos que perderte a ti también.
—No lo hagas. Todo puede cambiar.
—No hay salida Lily. Créeme. Incluso la muerte es mejor que estar allí abajo.
—Es mi mejor opción —afirmó ella.
Aura arriesgaba su vida todos los días en las misiones, a su manera. Lily lo hacía, también a su manera. Si tenía que arriesgar su vida para desvelar uno de los secretos de Dark Light, lo haría. Pero no lo haría ni por Johann ni por Dark Light. Lo haría por ella misma, por David.
La habitación del foso era como una cueva. Mucha tierra, piedras, estalactitas… Y sin embargo, era muy pequeña. Había cadenas enganchadas en las paredes. Era un cambio enorme, desde el pasillo luminoso lleno de celdas, pasar por la puerta y encontrarse en una cueva, de repente.
El foso era de tres metros de largo y uno de ancho, hacia abajo solo veía oscuridad y paredes de piedra.
Se cogió de uno de los barrotes de la puerta, entendió por qué necesitaban cadenas. El foso intentaba arrastrarla hacia abajo, tal vez lo lograría.
—Podemos buscar soluciones.
—Intentad detenerme si queréis. ¿O a caso solo queríais ganar tiempo?
Pudo escuchar también voces de fuera y pasos.
—Lily, no lo hagas… —esa fue la única voz que creyó reconocer, la única que se había mostrado tal y como era, pero no tuvo mucho tiempo para pensar.
Oyó alarmas detrás de la puerta, mucho estruendo y gente corriendo. Pero por mucho que alguien abriera esa puerta y la cogiera del brazo, ella ya había saltado.
Aunque Edgar había intentado detenerla, ella ya se había ido y casi se lo había llevado también. Lo último que había oído, fue una combinación de voces, la de Edgar, la de Johann, la de algún alfa... Pero ninguna de esas voces importaba ya.
Después de la caída, no quedaba nada, eso era lo único que sabían. Lily encontraría su eternidad en el fondo de un foso.

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Y... parón de temporada. Se acabó Dark Light ¡temporalmente! La intención no es dejar esta novela a la mitad para siempre para llamar la atención a nadie. Tampoco es que me haya quedado sin ideas, los siguientes capítulos están escritos, solo es para dar algo de suspense y... Dejar que empiecen otras cosas. ¡No tardará mucho, Dark Light volverá! ¿Qué habrá sido de Lily...?

sábado, 18 de abril de 2015

Dark Light 21

Capitulo 21
Robo


Estaba oscuro, lo recordaba así justo antes de dormirse. Eso sí, se despertaba cada media hora, o eso creía ella. Solía moverse mucho cuando dormía y era difícil no despertarse si con cada movimiento tiraba de las esposas. Además, sabía que las esposas se adaptaban a las manos de cualquiera, pero las suyas estaban extremadamente apretadas. 
Por lo menos los numerosos cables del electrocardiógrafo, ya no estaban conectados, pero todavía le quedaba el suero de la muñeca derecha. No era fácil encontrar una posición cómoda.
La quinta vez que despertó, estaba tumbada de lado, con el brazo izquierdo incómodamente estirado detrás de la espalda. Seguía oscuro, pero había alguien más con ella. Parecía Néstor, estaba a su lado de pié.
— ¿Qué tal? —preguntó él indiferente.
—Pues nada, aquí. Lo típico, que tengo una mano dormida porque es imposible que pueda moverme así. ¿Y tú? ¿Qué te trae por aquí? ¿Las esposas no te valen y tienes que vigilarme?
Cambió de posición, de lado dejando esta vez el brazo derecho hacia atrás, mientras intentaba mover la mano derecha.
—Solo estoy de paso.
—Ya, de paso... Pues ya que estás, no sé tú, pero a mí no me importaría que me quitaras esto —levantó la mano izquierda todo lo que le permitía la cadena—. O por lo menos, cambiarlo de mano, porque así, te aseguro yo, no se puede vivir.
—Yo te quito las esposas si tú me dices la verdad.
Lily buscó con la mano, a tientas, pero no encontró la libreta cerca suya. Vio que Néstor la tenía en la mano.
—La verdad —repitió.
Encendió las luces, que casi dejaron ciega a Lily,  y señaló los espejos que había en las paredes.
Él, probablemente, todavía no se creía que Lily no fuera una espía, e imaginaba que ella no sabría qué decir. Pero ese no era un problema, porque podía decir la verdad sin que el espejo respondiera y haciendo pensar a Johann, o a quién escuchase, que ella se había creído su propia mentira. Pero todo su discurso cambió cuando el mismo Johann empezó a dictarle lo que debía decir y así empezó ella a recitarlo, aunque no era muy diferente al suyo.
—Yo no soy una traidora. Solo encontré la oportunidad de saber más, sobre un tema del que nadie tenía ni idea y la aproveché. Yo me infiltré entre ellos, aunque crean que estoy de su lado. No he vuelto a Dark Light como espía, si no casi, por mi propia voluntad. Aunque haya tenido que acabar en una cama de hospital y con una mano esposada.
Mientras la escuchaba, Néstor estaba mirando las hojas sueltas de la libreta, pero se dio cuenta de que su reflejo aún no había dicho nada. Pero, al fin y al cabo ella podía mentir.
—Y si has estado allí, para investigar. ¿Qué información traes?
—Nunca pude acercarme demasiado a nadie que supiera mucho.
Néstor sonrió, la primera vez que lo hacía desde que estaba allí.
— ¿Y cómo sabemos nosotros que eso es verdad y no sigues con ellos? ¿Qué de alguna manera no seguís en contacto?
—Te puedo asegurar que no, que no seguimos en contacto. Si no me crees, pregúntale a mi reflejo. 
—¿Sabías que se puede engañar el espejo?
—Lo sé. ¿Pero sabías tú que dicen que quién lo consigue se vuelve loco?
Néstor volvió a dejar la libreta en la cama, abierta justamente por la página que lo explicaba casi todo. <<Cada palabra que oigo, cada imagen que veo, todo, todo pueden saberlo ellos. Sigo escuchando sus voces algunas veces, cuando quieren que diga alguna mentira en especial, a veces simplemente tratando de apresurarme para que convenza a todo el mundo de que no soy una traidora. Porque un espía atrapado no sirve para nada y cada segundo que pasa, estoy más cerca de ser "despedida" por decirlo de alguna forma>>.
— ¿Me sueltas ya?
Néstor suspiró, le liberó la mano a Lily. Ella observó que le había dejado una marca alrededor de la muñeca. Unos segundos después, sintió que recuperaba toda la movilidad en la mano. Néstor, por suerte, decidió no esposar su otra mano. Apagó la luz.
—Demuéstrame, que aún puedo confiar en ti.
Se desvaneció. Aquella noche, Lily no volvió a dormir.
En realidad, fuera cual fuera la habitación de enfermería, todas tenían un armario. Un armario, que Lily abrió y en el que encontró varios uniformes, uno perfecto para ella. Se vistió, con los ojos cerrados obviamente.
"¿Dónde vas?" le preguntó Megan. Pero ella no se molestó en responder. Ni a todas las preguntas que esta le hizo después.
Solo había una persona, que ella supiera, que se había separado del grupo que ella conocía y que además tenía un rango más grande. Karen, había muchas posibilidades de que ella no se hubiera enterado de su desaparición y regreso. Solo tenía que encontrarla, pero se preguntaba si la encontraría antes de que todos pensaran que se había escapado.
El lugar más probable en el que podría encontrarla, era entrenando. Aunque su habitación estuviera oscura y, según Shannon, era de noche en Dark Light siempre había alguien trabajando. De hecho, había mucha gente por los pasillos. Ella pasó totalmente desapercibida en cuanto salió de la habitación.

*   *   *

Miraba a la pared donde estaban los estantes. Tenía unas horas libres, después de mucho tiempo, y no estaba cansada. Tenía que entrenar un poco, ese día sus reflejos habían fallado mucho, había cometido un error por distraerse. Tuvieron que abortar la misión por su culpa, era mejor que no le volviera a ocurrir.
—Karen… Hola.
Lily apareció a su lado, hacía mucho tiempo que no la veía. Meses enteros.
—Ah, hola. Cuanto tiempo. ¿Qué tal?
—Emm… Bien. Oye, venía a preguntarte algo… Como tú ya eres del rango oro...
—Zafiro soy zafiro.
Lily quedó bloqueada. Había pasado mucho tiempo, pero no creía que tanto como para que pasara del oro al perla y del perla al zafiro…
— ¿Tan rápido?
—Una vez llegas al oro, pasar es fácil si sabes cómo. ¿Qué querías?
Dejó su cinturón con armas en una taquilla, cerrada y que se abría con tarjeta electrónica. Antes de acercarse a las armas de fuego, miró un momento las vitrinas. Allí se encontraba el arma más potente de Dark Light, solo para rango Esmeralda. Mirándola, Lily cambió de tema sin quererlo realmente.
— ¿Eso es una pistola eléctrica?
—Sí. Pero ni pienses en intentar cogerla, necesitas un código y si te pillan con una robada…
—Las he visto en películas. Creo que también sirven como defensa personal o algo así… ¿no?
—No es solo una pistola eléctrica. Tiene tres niveles. El primero siempre depende de la duración de la descarga. El segundo te puede dejar en coma para siempre. El tercero te fríe en un segundo. Son las armas más peligrosas de este sitio… Creo que ni siquiera hace falta cargarlas, pero están contadas.
Luego cogió una pistola, de entre tantas, para prácticas. Eran las normas, armas de prácticas para entrenar y las armas de equipamiento guardadas.
—Quiero que me digas que sabes sobre las prisiones.
— ¿Cómo? ¿Qué pasa con las prisiones? Pues… Es donde encierran a los delincuentes.
Se puso en la zona de tiro.
—Comando de voz: Contrarreloj. Treinta segundos.
Apareció un temporizador en la pared. Descargó el arma y dejó caer las municiones al suelo. Cuando comenzó la cuenta atrás, las volvió a coger, cargó y empezó a disparar a las figuras que aparecían.
—Trasladan a los prisioneros. Se supone que la visita está permitida, sobre todo si son miembros de Dark Light que… Han cometido errores. Pero trasladaron a David y Leandra dice que no la dejan visitarlo. Se supone que solo tendría que estar encerrado 2 años.
—Ah bueno…Pues no sé. Siempre puedes poner una queja en el buzón de sugerencias.
En los últimos cinco segundos, solo acertó a tres de cinco. Y había fallado más. ¿Cómo podía ser eso? Karen no era así.
—Voy en serio. Sé que las celdas están vacías, pocas veces he visto prisioneros. Y si los veía, pocos días después, desaparecían. ¿A dónde se los llevan? ¿Qué ocurre realmente?
Karen puso los ojos en blanco, se giró hacia Lily y la miró seria.
—Mira… En Dark Light no solo trabajamos nosotros con las misiones. También hay otro tipo de trabajos, algunos incluso tan peligrosos como estos, cada uno con su secreto. Los doctores y enfermeros conocen secretos de la cirugía que los humanos envidiarían. Los cocineros saben de dónde viene la sangre de los vampiros. Los pilotos saben cómo sacarte de Dark Light volando, tal vez incluso saben dónde estamos, se conocen el planeta como su propia mano. Hay gente, que ni conocemos, que trabaja en las plantas sin acceso, de las que no sabemos absolutamente nada. Los magos, de normal, modifican las armas y no son solo cosa de magia. Hay quienes hacen experimentos e investigaciones… Los guardias saben que pasa en las prisiones. Nosotros solo nos encargamos de coger delincuentes...
En ese momento, su mano empezó a temblar, dejó caer la pistola sin querer. Pero se agachó rápido a cogerla. Entonces se dio cuenta de que no sentía su mano, ya no podía mover los dedos.
—Pero ¿tú sabes algo verdad? Necesito saberlo Karen, tengo que encontrar a David, o por lo menos saber dónde está.
Karen se dio la vuelta, volvió hacia su taquilla, algo iba mal. Mientras cogía sus cosas, pensaba que no era para tanto decirle lo que sabía…
—No sé mucho pero… En el sector A de la última planta de prisiones, hay una habitación. Según se solo entran los guardias. Yo solo te digo lo que me cuentan. Al parecer, hay un foso y lanzan ahí a los prisioneros que van a pasarse la eternidad encerrados. Creo que no los matan solo… Llegan a algún sitio. También dicen que allí abajo todo cambia, la electricidad se corta y en cuanto uno cae deja de oír lo que hay arriba, aunque esté cerca.
— ¿Cómo? ¿Estás de broma?
—No sé si está ahí el chico que buscas. Pero si dices que tendría que estar unos años... O lo han trasladado a otra zona más segura o lo está ahí por error. Claro que solo te digo lo que me cuentan. Pero en Dark Light también hay muchas leyendas, como que el ascensor sube hacia la azotea porque Dark Light está en una dimensión donde no hace falta subir o bajar y la azotea es el único sitio de salida... Bla, bla, bla...
Esa sensación fue subiendo por el brazo, hasta que dejó de sentir todo su brazo derecho hasta el hombro. Entonces empezó a asustarse más que antes.
— ¿A dónde vas? —dijo Lily.
Karen se marchaba muy rápido pese a haber llegado hacía pocos minutos.
—A la enfermería.
Karen se fue. Lily esperó unos minutos. La sala de entrenamiento se iba vaciando, mientras ella miraba las armas. No tenía nada, ni cinturón, ni armas, ni busca… Pero sabía que lo del foso era cierto, había cotilleado mucho en el ordenador de Johann, aunque el tampoco sabía demasiado sobre el foso, tenía suficiente información como para saber llegar a él. De hecho, Frank había llegado allí pero había conseguido escapar antes de que lo tiraran. Entonces pudo oír de nuevo a Megan, haciéndole preguntas enfadada. Quería saber que estaba tramando Lily, pero no había manera de que ella contestara.

No quedó nadie en la sala. Le dio un golpe con el puño al cristal de la vitrina, robó una pistola eléctrica. Se fue corriendo.

jueves, 9 de abril de 2015

Dark Light 20

Capitulo 20
Nancy


Los tres aparecieron en el departamento de Nancy, Aura y Sally. Ella fue la primera en llegar y la que se sentó. Por primera vez, desde hacía mucho tiempo, estaba preocupada.
—Nancy, ya estás explicándote o te tendré que detener. ¿Por qué tú también tienes el tatuaje? Es más. ¿Por qué te estás delatando?
—No me estoy delatando idiota. Ahora siéntate, calla y escucha.
Tanto Aura como Néstor se sentaron.
—Aura. ¿Recuerdas cuando dijiste que tal vez Lily no nos había traicionado? Que tal vez solo se estaba infiltrando entre ellos... Puede que sea verdad.
— ¿Ah si? ?Cómo lo sabes?
Aura y Nancy le dirigieron una mirada asesina a Néstor.
—He dicho que te calles Néstor. No estoy segura, pero si no fuera así no nos hubiera dicho que nos estaban escuchando. Esto se remonta, más o menos, 30 años atrás, cuando yo aún tenía 17 años y podía seguir cumpliendo más. Por esa época ya estaba en Dark Light e hice la mayor tontería de mi vida.
>>Alexter tenía la costumbre de que siempre que se cruzaba con Dark Light, buscar aliados por si alguien caía. A mí se me ocurrió, que si me unía a él, tal vez descubriría información interesante para Dark Light. Pero no tuve mucho tiempo, yo no era nada para Alexter, de hecho casi que ni hablé con él. No tenía acceso a mucha información, y después... Llegó la hora de mi misión allí. Me dijeron que volviera a Dark Light y que me convirtiera en una espía. Aunque yo dudaba de que me creyeran cuando volviera y les explicara que no los había traicionado, además, ya tenía ese maldito tatuaje que, por cierto, nadie sabe aún como quitarlo.
>>El caso es que para poder mantener el contacto con ellos, me hicieron una operación, creo... Tenía un localizador en el brazo, Shannon consiguió quitármelo, y algo así como microchips, tampoco estoy segura de que sean eso, en los ojos y en los oídos. Por lo que ellos podían ver y oír lo que yo veía y oía, además de escuchar sus yo órdenes. Por cierto, todavía los tengo.
— ¿Todavía los tienes? ¿Quieres decir que aún escuchan? —preguntó Néstor alarmado.
Nancy puso los ojos en blanco.
—No, no nos escuchan ni nos ven, están desactivados. Pero lo peor de todo es, que para tenerme controlada y que no hablara sobre ellos, si lo hacía mi corazón se pararía a causa de otro aparatejo raro.
— ¿Eso tiene Lily?
—Creo que sí, era algo que solo hacían con los espías que ya venían de aquí. Aún así, todavía yo podía comunicarme escribiendo, pero sin mirar. De esa manera podía decir lo que sabía sin preocuparme porque supieran que hacía. Pero nadie me podía decir nada a mí.
—Pero, si tú lo tienes desactivado... ¿Lily también puede salvarse no?
—De momento, necesitamos una prueba de que ella tampoco es una traidora. Así este podrá quitarle las esposas... Pero para eso dale tiempo a Shannon. La manera de desactivarlo... Es algo más compleja...

*   *   *

Le había dejado un bolígrafo y un cuaderno en la cama, al alcance de su mano derecha. No había dicho nada al respecto, porque si Lily no era una traidora, sabría qué hacer.
—Será mejor que te recuperes, porque tienes el juicio en una semana —decía Shannon, hablaba como si no pasara nada—. El juez lo había puesto para mañana, pero tu hermana consiguió aplazarlo.
Lily había empezado a escribir sin quitar la vista de la doctora, Shannon también fingía que no veía nada. Pero cuando vio que Lily dejaba de escribir, arrancó esa página del cuaderno y se puso de espaldas a ella.
Había decidido dejar las explicaciones, e ir directamente a por lo que sabía, Johann había hablado mucho sobre él. Su mala letra, sumada a que no miraba mientras escribía y a que no tenía fuerzas en la mano, era el resultado de un jeroglífico. Pero Shannon supo leerlo.
<<Johann Knight 22 años, vampiro. Convertido 1944. Se unió a Alexter en 1950, nunca se encontró con Dark Light. Alexter había dejado un testamento, en el que dejaba como última voluntad, a Johann a cargo de todo. Su imperio está extendido por todo el mundo, tiene bases en la mayoría de las capitales y equipos formados por sus aliados atacando ciudades continuamente. Chicago, túneles bajo tierra. Bélgica, dónde estuvo la última vez, en un bloque de apartamentos en construcción. Japón, edificio abandonado cerca del río Hikawa… Y muchas más que no conozco>>
—Tú no te preocupes por nada, que Néstor ya se convencerá.
Shannon guardó el papel en su bolsillo. Miró como Lily escribía una larga lista de nombres, los nombres de los infiltrados que ella conocía. Cuando la acabó, empezó a leer.
—Oh... 
Llamó a Aura con el busca, ella apareció allí de la nada.
—Tengo que ir a... Consultar esto con los superiores... Quédate tú aquí.
Shannon se desvaneció, dejando a Aura y a Lily a solas.
Aura miraba como seguía escribiendo. No le gustaban demasiado las opciones que le había dado Nancy. La única manera de que todo se desactivara, o de que la bomba no surtiese efecto, era que Lily muriera antes. Cuando su corazón dejara de latir, todo dejaría de funcionar. Algunos, como el localizador, se podían eliminar con una operación, pero otros, como los microships, no.
Aura podía dejar que Lily muriera o, como Nancy, que se convirtiera también. Ninguna de las opciones le gustaba, pero ella tenía que decidir, porque Lily no podía.
— ¿Sabes algo de David? —preguntó Lily.
Aura se sorprendió, no imaginaba que Lily fuera a hablar.
—Eh... Pues no, le tendría que preguntar a Leandra...
—Pregúntale.
Lily arrancó, como pudo con una sola mano, una hoja del cuaderno. Mientras Aura enviaba un mensaje a Leandra. Tuvieron que pasar unos largos minutos hasta que Leandra contestó.
<< ¿Error? Voy donde tú. >> Decía su mensaje.
A continuación Leandra apareció delante de Aura. Entonces empezó a hablar tan rápido que tanto a Lily como a Aura les costaba seguirla.
—Me han dicho que no puedo ir a visitarlo y que no está, porque lo han trasladado. Pregunté a dónde, cuándo y porqué pero me dijeron que no aparece en los archivos. Luego les dije que estaba en mi derecho de visitar a cualquier preso y... Me echaron. ¿Qué se supone que es eso? ¿Un error? ¿A quién debería ir a quejarme?
— ¿No está?
Leandra se dio la vuelta, entonces vio que Lily estaba ahí, sentada en la cama, una mano esposada y un bolígrafo en la otra. Decidió ignorarla y no responder a su pregunta. A nadie le gustaban los traidores.
— ¿Qué está escribiendo? —le preguntó a Aura.
Lily dejó caer el bolígrafo sobre la cama. Aura no contestó, le hizo una seña, que solo Leandra pudo ver. Ella las miró a las dos.
"¿Qué escribes preciosa?" Le preguntó Megan.
— ¿De verdad? ¿Y qué se supone que significa eso?
Lily se apresuró en escribir otro mensaje y le enseñó a Leandra la hoja en la que lo había puesto. Al mismo tiempo que dejaba el boli fuera de su vista demostrando a quien viera lo mismo que ella, que no estaba escribiendo nada.
<<Simplemente significa que todo lo que veo y oigo está siendo monitorizado en algún lugar, y pueden verlo personas que no deberían. Por cierto, no, no soy lo que tú crees que soy. Y sí, ok, controlo al espejo. Pero te digo que…>>
—No soy la traidora de Dark Light, solo de Johann —acabó ella el mensaje en voz alta.
Seguramente Leandra no la creería. Hizo una mueca y la miró con desconfianza. No tenía razones para confiar en ella. Por la suerte de Lily, nadie le habló. Ella miró desconfiada al espejo.
— ¿Qué significa que lo han trasladado? —preguntó Lily.
Leandra dudó.
—No lo sé, pero me voy a averiguarlo. Si no me lo dicen, estarán quebrantando las normas.
Leandra desapareció, pero enseguida volvió Shannon. Que se llevó a Aura a parte, dónde no alcanzaba el oído de Lily.
—Ha escrito una lista con, lo que suponemos, la mayoría de los infiltrados. Tenemos que empezar a detenerlos a todos. Pero cuando sepan que les hemos descubierto, probablemente sospechen que Lily ha dicho algo y no dudarán en deshacerse de ella. Tienes que decidir Aura.
—Que muera o que se convierta. ¿No?
—Eso, o siempre podemos probar a electrocutarla...
— ¿Qué?
—Hay una posibilidad entre diez millones de que sobreviva al desfibrilador. Pero si lo hace, la descarga desactivará todos los aparatos. Se han hecho experimentos, pero la descarga sería demasiado fuerte para ella. Tienes hasta mañana por la mañana para decirme por cuál te decides.
— ¿Por la mañana?
—Amanece dentro de 10 horas —añadió.

miércoles, 1 de abril de 2015

Dark Light 19

Capitulo 19
Traición

Había varias posibilidades y teorías. Que Lily hubiera abandonado a Johann, quisiera volver a Dark Light y resultara herida. Que Johann, o sus aliados, intentaran deshacerse de Lily y ella no tuvo más remedio que acudir a Dark Light. O que fuera una trampa.
Lily también había escuchado partes de las conversaciones, pero no conseguía recordar nada.
Un día, simplemente abrió los ojos, la luz la cegaba. Tenía la vista borrosa y cada vez que parpadeaba sentía ese dolor punzante en los ojos, que se extendía hasta convertirse en un dolor de cabeza. No notaba su cuerpo, como si tuviera los músculos dormidos. Pero empezaba a mover las manos.
Levantó la mano izquierda a la altura de sus ojos, hasta que consiguió verla bien definida. Veía su tatuaje de la cruz egipcia y sabía que más abajo, en su muñeca, tenía un localizador. En cuanto empezó a pensar en cómo le encantaría deshacerse de ese tatuaje, se aceleraron sus latidos, aunque estaba segura que nadie podría leer su mente. Escuchó como el sonido del electrocardiógrafo se aceleró también. Dejó caer la mano de nuevo. De momento no le habían dicho nada, pero en cualquier momento lo harían.
La doctora, la que siempre veía allí cuando se acercaba a las enfermerías, se acercó a ella. No la sorprendió que Lily estuviera despierta, si no que su ritmo cardíaco aumentara. Pero Lily intentó controlarlo, respirar más lenta y pausadamente... Por lo menos respiraba por sí misma.
Cuando su vista se aclaró del todo, se dio cuenta de que no estaba sola y que aquella no era una enfermería normal. Aunque pareciera ser como las demás, estaba llena de espejos. Estaban allí Aura, Nancy y Néstor. En cuanto Aura vio que Lily la miraba, se abalanzó sobre ella y la abrazó.
—Te creía perdida. ¿Qué ha pasado? ¿Qué has hecho? ¿Dónde has estado? ¿Por qué has vuelto?
—Déjala respirar —dijo la doctora, separó a Aura de su hermana.
— ¿Cuánto...? ¿...tiempo ha pasado? —preguntó Lily, le costó encontrar su voz de nuevo.
—Una semana, has estado en coma —contestó la doctora—. La bala se fragmentó y ha sido difícil sacarla.
Néstor se levantó y se acercó a ella, la miró atentamente. Él estaba diferente, nunca le había visto tan serio, verdaderamente no confiaba en ella.
— ¿Está suficientemente consciente como para asimilar conceptos?
—Yo diría que sí —contestó la doctora.
A Aura no le iba a gustar, él lo sabía, pero Aura no lo hubiera hecho y a alguien le tenía que tocar. Cogió su mano.
—Lily Edwin, estás detenida por traición a Dark Light.
— ¡Néstor no! —protestó Aura.
Pero él acababa de esposarle la mano izquierda a la cama. Lily se incorporó de golpe, tan de golpe que volvió a marearse, pero intentó no desmayarse. Tiró de las esposas, para asegurarse de que lo que veía era verdad. Dio tal tirón, que hizo presión con las esposas dónde no debía. El localizador se lo habían puesto como una inyección, allí era dónde no debía tocar, porque si lo hacía sentía un dolor parecido a que le volvieran a disparar.
— ¿Esposas? ¿A dónde crees que se va a ir así? —dijo la doctora.
—Da igual lo herida que esté, son las normas —replicó Néstor—. La seguridad de Dark Light es lo primero, sobre todo si hay una traidora entre nosotros...
—Todavía está débil, su salud es lo primero.
Estar sentada... no le sentaba muy bien a Lily. Volvía a ver borroso y cuando se movía, notaba que la herida de bala no se había curado del todo. No pudo seguir aguantando la posición, volvió a caer con la cabeza sobre la almohada y cerró los ojos. Pero no era el momento de volver a dormirse, tenía que seguir consciente, aunque no viera nada con la niebla que tenía ante los ojos.
Oía a Néstor y a Aura discutir, de vez en cuando la doctora también intervenía, pero hablaban tan rápido que no sabía que decían.
"Recuerda Lily, tienes que recuperar su confianza" le decía la voz de Johann en su cabeza.
"Aunque si no lo consigues, tampoco pasa nada, hay más como tú" había dicho Megan.
Los escuchaba demasiado cerca y eso hacía que su dolor de cabeza aumentara. Tuvo que encontrar la manera de decirles que estaban hablando demasiado.
—Néstor... Silencio —dijo Lily.
Se habían callado los tres, Lily no sabía si la estaban mirando, porque seguía con los ojos cerrados, prefería que "ellos" no vieran sus reacciones ante algo que no habían visto hacer a Lily. Levantó la mano libre y acercó su dedo índice a los labios, sin abrir los ojos. Un signo que, para una bibliotecaria significaría solo "silencio", pero si uno hacía eso en Dark Light significaba "silencio, alguien más nos escucha".
Néstor se llevó las manos a la cabeza, suspiró, empezó a pasearse por la habitación.
—Venga ya... No... Esto no puede ser Lily. ¿Es una broma? No, no, no...
Lily negaba con la cabeza, todavía sin abrir los ojos.
—No. No es lo que tú crees, yo no he traicionado a nadie —dijo.
—Venga ya. Hace tiempo que lo hemos descubierto. Todos los que están con Johann, han aprendido a engañar al espejo, así que no pongas tus esperanzas en que te creamos ahora.
—Pero yo ahora no miento. Esto no ha sido traición, sino todo lo contrario.
¿Seguiría creyendo Johann que ella mentía? Esperaba que sí.
—Oh no... —Nancy se acababa de levantar, no la había visto antes—. Me lo temía...
— ¿De qué hablas? —Néstor miró a Nancy.
Lily abrió los ojos de nuevo. Pudo oír como Nancy maldecía entre dientes. Se acababa de quitar la chaqueta de cuero y se estaba subiendo la manga de la camiseta. Había dejado al descubierto su brazo izquierdo, aunque Lily no veía nada desde su posición.
Aura miraba continuamente de Lily a Nancy y de Nancy a Lily. Néstor abrió los ojos de par en par.
— ¿Cómo? ¿Qué significa esto? ¿Tú también Nancy?
—Anda, no te pongas histérico Néstor. Es hora de que hablemos sobre algo... —Miró hacia Lily—. Pero no aquí. Shannon, vigila bien. Todavía no sabemos nada.
La doctora asintió. Antes de desvanecerse de la habitación, Nancy volvió a bajarse la manga.
Nancy tenía muchos tatuajes, que se había hecho a lo largo de su adolescencia. Le había enseñado a Aura unos cuantos, el de las espinas que le rodeaba todo el brazo derecho, la rosa negra en el hombro, el del infinito en el cuello... Pero nunca había visto que en el antebrazo izquierdo solo tenía uno, una solitaria cruz egipcia.
—Parece que tenemos problemas... —Dijo Shannon.
Por suerte, podía dar las gracias de que Alexter estuviera muerto, ya que su sucesor no la conocía. Porque si hubiera sido Alexter en lugar de Johann, no hubiera dudado en matar a Lily, cuando abrió los ojos y vio a su doctora.

De momento, su única preocupación era si Lily era como Nancy o si de verdad era una traidora.