martes, 30 de junio de 2015

Iniciativa Anime: Junio - Mushishi

Titulo: Mushishi
Audio: Japonés, castellano y español latino
Sinopsis: Ginko (ギンコ), el personaje principal, es un experto en Mushi. Él es un maestro de Mushi (蟲師 mushi-shi), que viaja para investigar y conocer más a estos seres. En el camino, ayudará a gente que tiene problemas con ciertos sucesos paranormales relacionados con los Mushi. Ginko toma generalmente, a modo de pago, objetos relacionados con los casos de Mushi que ha resuelto. Estos objetos son luego vendidos a coleccionistas. La historia se desenvuelve entre la era Edo, la era del aislamiento y del Japón feudal. Pero Ginko tiene una ropa diferente a la de todos los personajes en la serie, mucho más moderna. Este anime tiene tres temporadas: MushishiMushishi Zoku Shou y Mushishi Zoku Shou 2. Además, una película (live action). 

Opinión: Es un anime de 26 capítulos, en cada uno de ellos se nos muestra la historia de una persona diferente con problemas con los mushi. Los capítulos, tratando cada uno una historia diferente, no están conectados entre ellos. En mi opinión es un anime tranquilo, pude que lento, pero sobre todo tranquilo (junto con su banda sonora) perfecto para ver un día agobiante o caluroso. También un poco triste, ya que gracias a la banda sonora puedes adentrarte en la historia personal de cada personaje. (De verdad, yo lloré en muchos capítulos).
En conclusión,  a este anime le daría una nota de un 9.73 sobre 10, es 100% recomendable (a no ser que no te gusten los animes lentos...)La única pega que puedo encontrarle es que hay partes que dan un poco de grima. Pero, a mi personalmente, me ha gustado tanto que voy a dejar los estudios y me dedicaré a investigar sobre los mushis. ¡Yo de mayor voy a ser mushishi! :D

Aquí os dejo la opinión de otras personas con las que colaboro en la iniciativa.
-El chico de azul: Fran
-Reflexiones de un unocornio: Luu
-Drawing the music: Alba



jueves, 25 de junio de 2015

Dark Light 26

Capítulo 26
Exterior


El virus había afectado a la gran mayoría de los agentes de Dark Light, andaban cortos de personal. Se había proclamado estado de emergencia, ya nadie salía a hacer misiones de reconocimiento, se canceló el concurso por equipos anual, a penas salían agentes de rango muy alto fuera del edificio. La enfermería estaba saturada, muchas áreas del edificio habían sido bloqueadas por peligro de contagio, de hecho ya no era posible que se desvanecieran en el edificio. Los únicos que de momento parecían ser inmunes eran los vampiros, el virus no podía hacerle nada a alguien que ya había muerto, aunque la verdad era que no sabían mucho sobre el tema.
Pero el problema principal era que habían recibido una amenaza, todos. Beta había conseguido atravesar su sistema de seguridad y transmitir un mensaje de vídeo a todos los que estaban allí. Eso había ocurrido seis semanas después de que Lily fuera declarada como muerta.
Todas las pantallas se conectaron a la vez, las que monitorizaban misiones, las que estaban conectadas a cámaras de seguridad, los mapas, los anuncios... Todo. En ellos apareció Johann, se le podía ver muy contento. Su mensaje no fue muy largo, era más bien un aviso, querían meterles miedo, que supieran que podían oír y ver todo lo que hacían, que ellos empezaban a tener el control. Además, reconocieron ser ellos los causantes de la epidemia.
Luego, todos los que regresaban de alguna misión, fuera cual fuera, aunque no tuviera nada que ver, si regresaban todos tenían una beta marcada con sangre en el pecho, vivos o muertos, todos volvían así.
Se podía prevenir una guerra, una guerra que tal vez tuviera lugar en la sede de Dark Light y además era su peor momento.
Mientras en las plantas secretas investigaban alguna solución para el virus, empezaban a reclutar un pequeño ejército, alguien que debería defender a Dark Light con todo lo que estuviera a su alcance, si algo malo ocurriera. Así fue como empezaron a verse cada día más personas caminando por los pasillos. Venían de todas partes, preparados para recibir ordenes. Porque no todos trabajaban dentro del edificio.
Aura se encontró con unos cuantos un día, se dirigía a su departamento cuando aparecieron unas cuantas decenas de militares. Eran de Dark Light, pero llevaban uniforme militar, aunque algunos aún no se lo habían puesto.
Todos los presentes en el pasillo tuvieron que apartarse para dejarles pasar, iban en fila pero desordenados, Aura vio una cara conocida, alguien a quien no había vuelto a ver desde hacía más de diez años, pero no había cambiado nada. Era una chica joven, con el pelo rubio y largo, llevaba un vestido de color beige, con volantes de color rojo oscuro y bordados rojos. Una chaqueta larga de color granate, con botones, y guantes sin dedos. Aunque esos guantes se los estaba quitando al momento, para ponerse otros de piel negros. Podía escuchar sus tacones al chocar contra las baldosas pulidas, también se acababa de poner un auricular en su oído. Natalie, la agente 5524. Ella también la reconoció.
—Aura Edwin ¿cuánto tiempo no?
Paró, junto con otros compañeros, los otros siguieron caminando por el pasillo.
— ¿Qué haces por aquí? ¿Tú no eras una guía?
—Ah... Si, bueno. En situaciones de emergencia, las personas con experiencia vienen bien.
— ¿Va a pasar algo no? Algo grave.
Natalie recogió su pelo rubio en una cola en pocos segundos, uno de sus compañeros le impidió hablar.
—Eso es información clasificada. Más para gente que ha tenido relación con traidores.
—Tú no la conocías...
Natalie tenía un don para saber cuando la situación podía empeorar y sabía como usarlo para evitarlo. Mandó a su acompañante a la sala de informaciones, junto con los demás, antes de que Aura pudiera descontrolarse y que acabara en una pelea, mientras ella le decía unas últimas palabras.
—No puedo decirte mucho, porque nosotros tampoco sabemos demasiado. Beta sabe donde estamos, la verdad es que han habido algunos ataques en el exterior del edificio, debemos defenderlo hasta que cambien la posición.
— ¿Exterior? ¿Hay un exterior?
Natalie se arrepintió de haberlo dicho, pocas personas conocían la forma corpórea del edificio y lo que lo rodeaba, era difícil explicarlo en ese momento.
—Ha pasado mucho tiempo desde que estás aquí. ¿Qué rango tienes ahora?
—Me devolvieron al Plata hace no mucho.
—... Bueno, puedo hacer una excepción por ti. Acompáñame.
Le tendió la mano.
—No podemos desvanecernos dentro del edificio —dijo Aura.
—Tú no, pero el rango Diamante tiene permiso.
— ¿Diamante? ¿Tan cerca del Alpha?
Casi rozándolo, hubiera querido decir Natalie, pero se calló. Aura le dio la mano y las dos se desvanecieron. Aparecieron en medio de una colina neblinosa.
Aura miró a su alrededor, toda la gente que allí había vestían uniformes diferentes, la mayoría parecían militares. Había tiendas de campaña, gente corriendo a todos los lados, reuniendose y dando ordenes. Pero lo que más impresiono a Aura fue mirar detrás de si. Un edificio tan alto que no podía verle el techo. Estaba completamente cubierto de un material reflejante, no era espejo aunque lo parecía, era algo de color plateado. Solo había una entrada, una puerta de acero llena de cadenas gigantes, en lugar de parecer una entrada, parecía ser la guarida de un monstruo que no debería abrirse.
— ¿Qué...?
—Estás en frente de la primera sede de Dark Light, este es el lugar en el que se encuentra.
— ¿Pero donde estamos? ¿Cómo es que nadie ha encontrado esto?
No se veía nada más alrededor que colinas, bosques, montañas y mucha niebla.
—Esto no está en un mundo en el que pueda ser encontrado.
Aura no comprendía nada. Si no podía ser encontrado ¿por qué les habían encontrado? ¿A qué se refería con otro mundo?
— ¿Un mundo diferente?
—Es difícil de explicar, es el mismo mundo que del que vienes tú, pero una parte de él que es inaccesible por ninguno de los medios. Aún así nos encontraron y tenemos que defenderlo. Sin Dark Light, podría volver el caos, igual que hace mil años.
—Natalie. ¿Quién es esta pulga de mar? ¿Qué hace aquí?
El teinente Hermes apareció delante de ellas dos. Natalie se puso firme, mientras que Aura se quedó mirándolo embobada.
—Es...
—No me lo digas —la interrumpió—. Ya lo sé, es Aura Edwin, hermana de la desaparecida. Si se va a quedar, será mejor que se prepare, vete a informarla.
—Si señor —Natalie hizo un saludo militar.
Hermes solo asintió, luego pasó de largo.
En cuanto Natalie le dio un uniforme militar a Aura y ella se lo puso, dejó de ser una pulga de mar para cualquiera, allí todos dejaban de tener rango y pasaban a ser soldados. Le explicaron un poco sobre la zona que tenían que defender, la entrada, el muro principal. Había más equipos en la retaguardia y rodeando todo el edificio, tenían todo un campamento montado. Cada vez que llegaba gente nueva, la niebla retrocedía dándoles más terreno para ocupar.
El gran edificio de Dark Light ocupaba una llanura en lo alto de lo que parecía una colina, más abajo empezaban a crecer árboles y plantas, alrededor solo había montañas. No podían saber qué más había, porque si se adentraban en la niebla podían perderse y no volver nunca, de todas formas la niebla no les dejaría ver nada. El mayor problema era que si el enemigo se acercaba, no lo verían venir hasta que saliera de la niebla, por lo que tenían que ocupar la máxima zona posible.
Ese lugar no podía ser señalizado en un mapa, pero todos aseguraban que formaba parte del mismo planeta que conocían.
—Solo hay un camino para llegar aquí —le había dicho el teniente—. El de la huida. Cualquiera que de verdad huya del mundo que le rodea podrá llegar aquí, pero es difícil desprenderse de todo lo que hay allá fuera, por eso nadie lo consigue nunca.
— ¿Y por qué creéis entonces que Beta conseguirá llegar?
—Porque crearán otro camino.
Preparaban tácticas de ataque para cualquier tipo de grupo que se acercara, numeroso, pequeño, sigiloso o escandaloso. Balas, bombas, flechas o barreras. Eran unas estrategias que cada grupo de defensa debía memorizar a la perfección para que, cuando se diera la alarma, pudieran ponerlas en marcha sin equivocarse. Pero no se esperaban que apareciera una sola persona.
Primero se hizo visible su silueta a través de la niebla, luego apareció él. No tenía armas, parecía confundido. Casi todos los equipos que defendían la entrada acudieron allí y apuntaron con sus armas, pero él no respondía a ninguna de las preguntas que le habían gritado. Paró, los miró a todos sin entender nada y levantó las manos, tal vez pensando que eran militares de verdad.
— ¿Otra vez? —murmuró—. No parece tener fin...
—Delira —declaró Aura.
—Desde luego, delira —dijo Hermes—. ¡Alto el fuego! Él no es el enemigo... Solo se ha perdido.
Cuando todo el mundo bajó las armas y Aura empezó a acercarse a él, el chico pareció perder el equilibrio y cayó al suelo. Se había desmayado.
—No era el mejor momento —dijo Natalie—. Con las puertas cerradas, no podemos llevarle a dentro para interrogarle.
— ¿De dónde ha salido?
—Ha encontrado el camino para huir del mundo. Lo mejor que podemos hacer es llevarle a una tienda, encadenarlo e interrogarlo allí. Tal vez podamos reclutarlo y nos ayude con esto.
—Yo me encargo —dijo Aura.
Natalie se la quedó mirando esperando que fuera una broma.
— ¿Cómo vas a poder explicarle como ha llegado aquí si ni siquiera tú lo sabes?
—Me lo puedes decir tú ahora.

sábado, 20 de junio de 2015

Iniciativa: No muggles in Hogwarts

Ohayo gozaimas! Estoy participando en una iniciativa llamada "No muggles in Hogwarts" si os interesa saber sobre que va, aquí tenéis un link a la iniciativa. ¡Daros prisa que el plazo de matriculación acaba mañana (21 de junio). 

La casa de los sueños (2ª Parte)

(1ª Parte)
<<Querida Micaela, mi tesoro, mi princesa... Mi única nieta. ¿Recuerdas cuando veníais todos los fines de semanas a comer? ¿O cuándo te quedabas a dormir aquí los sábados? Todas las vacaciones de verano, las cenas de navidad y pascua. 
Tú abuelo y yo nos casamos bastante jóvenes, en cuanto cumplimos 19 años, todavía recuerdo cuando me pidió matrimonio. Decidimos empezar una nueva vida, juntos. El tenía un buen trabajo y yo también lo encontraría pronto. Al principio vivíamos los dos solos en un piso, pero los dos teníamos un sueño. Ahorramos mucho y nos esforzamos para poder cumplirlo. Tres años después, compramos una casa y nos mudamos a vivir allí. No era gran cosa, era muy vieja, tuvimos que reformarla, y eso hicimos. Tú abuelo dibujó los planos que ahora están guardados en un cajón de su estudio. Fuimos poco a poco construyendo nuestra casa, nuestro hogar con la base de nuestro sueño.
Tu madre y tu tía también lo recordarán, cuando ellas habían nacido no habíamos reformado ni un tercio. Pero la segunda mejor cosa de aquella época, fue el trabajo. Y no hay mucha gente que pueda decir eso, pero a los dos nos gustaba trabajar en algo que de vera deseábamos. Avanzaba el tiempo y nuestro sueño estaba cada vez más cerca de hacerse realidad. Nuestras hijas crecieron, se mudaron y se casaron. Luego vinisteis tú y tu hermano y también tu primo.
Supongo que tu ya no lo recordarás, pero a penas cuando tenías dos años, acabamos el estudio y decoramos toda la casa, por completo. Entonces se hizo realidad. Lo único que quisimos Tom y yo, era tener una casa propia, dónde pasar las tardes cuando nos jubillaramos, dónde vendrían nuestras dos hijas a comer los fines de semanas. Dónde veríamos a nuestros nietos crecer, mientras jugaban en el jardín y dónde celebraríamos las fiestas todos juntos. Ese era nuestro deseo desde el principio, vosotros.
Ahora que tu abuelo ya no está, te escribo esta carta, porque tengo miedo de que no tenga tiempo de despedirme y decirte lo MUCHO que te quiero y lo MUCHO que significáis los tres para mí. Y ahora que ya has crecido y no tienes tanto tiempo como antes, has dejado de ser una princesa, ahora eres una reina. Cuida de nuestra casa como la cuidamos nosotros. Te quiero y te querré siempre.
Celsa García Jimenez>>

Los muebles eran bastante viejos, podían intentar vender alguno como antigüedades, pero si no, podían vender la casa amueblada para ganar más. Ezequiel se estaba encargando de dar todos los detalles de la casa al agente inmobiliario mientras hacían un tour. Con 500 m2, garaje de dos plazas, la terraza, jardín, ático, cuatro habitaciones, tres baños, sótano con cuarto de la colada, estudio/biblioteca, trastero... Incluso se había molestado en buscar los planos en los cajones del estudio para enseñárselos y con la última reforma hacía 18 años. Cuando acabaron con la visita, volvieron al salón de la planta baja. Ezequiel, Isaac y Micaela se sentaron a esperar, el agente inmobiliario también se sentó. Después de pasar unos pocos minutos revisando los planos y haciendo cálculos, dijo:
—Es un poco vieja, hay que reconocerlo. La estructura parece estable y según lo que parece el cableado eléctrico y las tuberías fueron cambiadas cuando se compró la casa, aún así necesitará una revisión. Todavía tengo que llamar a alguien para que le haga una inspección, nuestra empresa no vende casas con termitas, cucarachas, roedores o cualquier otros parásitos. Pero, si todo va en regla, creo que como mínimo podría vender esta casa por este precio —les dio el papel en el que había escrito el número.
Micaela ni lo miró, no le interesaba lo más mínimo. Isaac y Ezequiel lo miraron sorprendidos. 900.000€
— ¿Estoy viendo bien verdad? —preguntó Ezequiel—. Aquí hay cinco ceros... Y esto es lo mínimo, o sea, que podría ser más.
—Que listo eres —dijo Micaela con tono sarcástico.
—Entonces ¿tenemos trato? —Preguntó el agente.
—Sí —respondieron los dos chicos.
—No vamos a venderla —dijo ella decidida.
Los tres se la quedaron mirando, después de unos segundos de silencio, el agente carraspeó y empezó a recoger.
—Un momento. Micaela ¿has mirado la cifra? —preguntó Ezequiel incrédulo.
—Me da igual lo que valga, no vamos a vender. Y si yo no quiero, no podéis hacerlo sin mí.
—Bueno, supongo que seguiremos en contacto —el agente se levantó.
—Le acompaño a la puerta —se ofreció Ezequiel.
Justo cuando llegaron a la entrada, mientras abría la puerta y fingía que se despedía dijo:
—Usted haga que inspeccionen la casa, que nosotros ya la convenceremos.
Cuando volvió al comedor, Micaela no estaba, había ido a la cocina. Una cosa estaba clara, la casa les pertenecía a los tres y si ella no cedía, no podían hacer nada. La encontraron subida a una silla, rebuscando en los armarios. Lo extraño es que todavía quedara comida. Encontró un bote con macarrones, lo cogió y lo miró con nostalgia.
— ¿Qué buscas? —le preguntó Isaac.
— ¿Queréis macarrones? —agitó el bote.
—No es el momento para estas tonterías... Ya comeremos luego. Baja de ahí, que tenemos asuntos pendientes.
—Cómo quieras, luego no digas que tienes hambre... —bajó de la silla de un salto y la dejó en su sitio.
Su hermano no sabía como sacar el tema, pero Ezequiel fue directo.
—A ver... ¿Cuál es el problema para que no quieras vender?
—Simplemente no quiero. No voy a vender los sueños de nuestros abuelos.
— ¿Cuál es tú plan? —preguntó Isaac—. ¿Vivir aquí? Los tres tenemos casa propia, o piso. Nuestros padres también. ¿Sabes lo que cuesta mantener una casa como esta? El agua, la luz, el gas. Además de la limpieza.
—No tenía planeado vivir aquí...
— ¿Entonces que? ¿Cerrar la puerta y dejar que se le acumule el polvo?
—Eso tampoco, pero... ¿Qué os escribió a vosotros?
—Eso es privado —dijo Ezequiel—. ¿Por qué lo preguntas?
—Porque a mi me dijo que la cuidara, tal y como la habían cuidado ellos. No voy a venderla, por más dinero que me ofrezcan, a cualquier persona. A saber en que la convertirán... No pienso venderla. Es un no rotundo.
Escondió la cabeza entre los brazos encima de la mesa, volvía a llorar. No tuvieron más remedio que dejar el tema.
Intentaron volver a hablar con ella por la noche, pero nada funcionaba. Después de que pasara la inspección, los dos decidieron que era una buena idea dejar que los interesados visitaran la casa. Aunque la idea fuera buena, Micaela se aseguraba de que no encontraran ningún interesado. Además de que les iba persiguiendo por la casa mirándolos fijamente, como una psicópata, cuando veía a alguien mirando la cocina solía gritar.
— ¡Una cucaracha! 
Por lo que ella y quien estuviera cerca, salían corriendo, para que todo fuera más creíble, había comprado algunos insecticidas y trampas para roedores que había esparcido por la casa. No olvidaba mencionar que ella vivió allí de pequeña, que había muchas goteras en el piso de arriba, tablones rotos escondidos debajo de las alfombras, la chimenea si se encendía se llenaba toda la casa de humo, el moho en las paredes de las alacenas y... Las voces, las voces pidiendo ayuda por las noches, puertas que se abrían solas, luces que se encendían y apagaban, esas extrañas presencias que sentía mientras dormía... Las razones por las que vendía. Claro, que su hermano y su primo no lo sabían, creían que ella sería capaz de comportarse y dejar que la gente viera tranquilamente la casa. Pero no supo comportarse. Cuando llegaron las diez de la noche, cerró la puerta y quitó el cartel de "SE VENDE". Todos los interesados habían salido corriendo por patas.
Era muy tarde, no tenía coche y su piso estaba bastante lejos. Optó por quedarse a dormir ahí, nunca le gustó salir de noche sola. Aunque había estufas, encendió la chimenea, que funcionaba perfectamente. Y claro, no tuvo otra "genial" idea que ver que había en el armario de la cocina a parte de los macarrones. Y encontró... Una botella de tequila. Por lo que su segunda "genial" idea fue beber toda la botella a palo seco. Después de mareos, lágrimas, risas, felicidad y depresión al mismo tiempo. El aburrimiento consiguió que acabara cogiendo su teléfono, miró su agenda y llamó a la primera persona que tenía. Extrañamente, no se sabía el número de ninguna persona cuyo nombre empezara por la a, b, c y d. Estaba su madre, pero tenía puesto "Mamá". Es decir, las primeras personas en su lista eran Ezequiel (primo) y Ezequiel (tío), por suerte la p iba antes que la t en el abecedario. En realidad no tenía ni idea de a quién llamaba, pero se sentía sola y quería hablar con cualquiera, aún que fuera una teleoperadora.
— ¿Sí? —contestó Ezequiel.
— ¿Quién eres? —le preguntó Micaela.
— ¿Micaela? ¿Cómo que quién soy?
— ¿Por qué me llamas?
— ¿Qué? ¡Pero si has llamado tú idiota!
—Me abuuuuurrrooo. La visita ha sido un desastre. ¿Qué haces?
—Estoy trabajando.
— ¡Pero si tu no trabajas nunca hasta tan tare! ¿Qué hora es?
—La una... ¿sigues en casa de los abuelos?
—Sip.
—Vale... Quédate ahí.
—No tengo a dónde ir. Jaja.
—... Nos vemos luego.
Ezequiel colgó. Micaela habló durante casi un minuto sola, hasta que se dio cuenta de que él había colgado. Entonces llamó a la teleoperadora, repetidas veces. Cuando empezaba a hablar y se daban cuenta de que estaba borracha, colgaban. Al final se quedó dormida, en el suelo junto a la chimenea.
Ezequiel llamó a Isaac, más o menos media hora después aparecieron los dos allí. En lo primero en que se fijaron, fue que ya no estaba el cartel, luego cuando entraron lo vieron hecho pedazos en la entrada. Entonces entraron en el salón y se encontraron a Micaela tirada en el suelo. La primera reacción de Isaac fue asustarse, pero luego vio que solo estaba dormida.
—Micaela... —probó a despertarla.
—Déjame, tengo sueño —se quejó ella.
—Micaela ¿estás borracha?
—Solo un poco. Jaja.
—Se nota... Apestas a alcohol. ¿Qué has bebido? —luego vio la botella vacía—. Estás loca.
Ya no contestó. No la despertarían ni mil cohetes explotando a su lado. Isaac la cogió en brazos y se levantó, su primo no pudo evitar reírse.
—Cuidado, no vayas a romperte una uña.
—No soy esa clase de modelos...
Subió las escaleras hacia su habitación. Cuando volvió, solo, Ezequiel le preguntó:
— ¿Estás seguro de eso?
—Completamente. Si es lo que ella quiere... ¿Qué podemos hacer nosotros?
—Patata envenenada —susurró Ezequiel.
La mañana siguiente, más bien mediodía u hora de comer, Micaela despertó. Además de unos mareos, nauseas y resaca terribles, tenía una nota en la mesilla de noche.
<<Si no quieres vender, no venderemos.
Isaac>>

miércoles, 17 de junio de 2015

Dark Light 25

Capítulo 25
Trato


Una dimensión alterna, eso era lo que todos creían que era. Los que más tiempo llevaban allí, habían desarrollado sus propias teorías, pero nadie sabía nada en realidad. Había una zona, en la que ellos se encontraban, donde aparecían todos. Caían, pero nadie veía a nadie caer del cielo, aunque la caída doliera, simplemente aparecían allí.
Los únicos que se quedaban toda la eternidad no haciendo nada, por aquella zona, eran los tranquilitos. Luego estaban los que vagaban por ese mundo, pasando el tiempo o buscando una salida.
Cuando los que estaban reunidos en aquel bosque de rocas, amigos de David, les vieron llegar y observaron que Lily tenía todavía el arma se rieron de ella.
— ¿Para qué llevas eso niña? ¿No sabes que aquí nada funciona?
—Podría pasar cualquier cosa —dijo ella indiferente.
Un hombre que estaba sentado en una roca, a pocos metros de ella, se rió ante su comentario. Entonces se levantó, desenfundó su pistola y empezó a dispararle. Lily tuvo el impulso de apartarse y correr, pero no lo hizo, porque antes de que las balas llegaran a ella, habían desaparecido, entonces el hombre empezó a reírse histéricamente.
— ¿Qué podría pasar? —dijo, en cuanto dejó de reirse—. Nada funciona bien aquí, como mucho se encenderá y lanzará chispas pero... ¿Hará daño a alguien? —negó con la cabeza—. No lo creas.
Eso hizo dudar a Lily, que sacó la pistola eléctrica y la encendió, parecía funcionar, quería probarla, saber si de verdad funcionaba, pero si así era... probarla sería un error. Podría electrocutarse a si misma o a cualquiera, pero la atacarían de las dos formas.
—No importa, la guardaré por si acaso... Cuando salgamos de aquí...
— ¿Salir de aquí? —la interrumpió una chica con los colmillos muy afilados—. No hay salida amiga, deja de soñar.
—Eso es lo que todos creéis, pero yo encontraré una salida, pase lo que pase volveré.
— ¿Y para qué querrías volver?
—Para demostrar que puedo superar a Dark Light.
Algunos de los presentes sonrieron, llevaban uniformes de Dark Light, por lo que Lily supuso que eran traidores a los que les habían dado la perpetua en ese mundo. La vampiresa se le acercó y le preguntó.
— ¿A caso eres una traidora? ¿Por qué estás aquí? ¿Para quién trabajas?
—Soy espía —dijo Lily, a continuación levantó la manga de su chaqueta para mostrar su tatuaje—. Trabajo para Johann.
Respeto, era la palabra que definiría la nueva actitud de los allí presentes hacia Lily, cualquier miembro de Beta se lo merecía, más si se había arriesgado por Beta como para llegar allí.
—Encantada de conocerte —dijo la vampiresa, le ofreció la mano izquierda para estrechársela, pudo ver que ella tenía el mismo tatuaje—. April, fiel discípula de Alexter.
—Lily —le estrechó la mano—. He de reconocer que yo solo he llegado a conocer a Johann, por el pequeño incidente que tuvo mi hermana con Alexter, al matarlo...
April se la quedó mirando.
— ¿Hermana?
— ¿Hermana? —repitieron los demás que se encontraban allí, parecía que no habían estado atentos a la conversación.
—Sí, no me enorgullece reconocerlo, pero Aura la asesina de Alexter es mi hermana.
April hizo una mueca.
—En fin, supongo que no es culpa tuya ¿no? Nadie puede decidir de quien ser familia.¿Por dónde íbamos? ¿decías que querías salir de aquí? ¿A caso tienes un plan?
—Alejarme cuanto pueda de la zona de la caída —dijo ella.
Todos se rieron. El tipo de la risa histérica se acercó a ellas.
— ¿Alejarte? ¿Sabes que te harán si sales ahí fuera con todos esos locos? Están por todas partes, les dan igual las normas de este mundo. No podrás dar un paso al frente.
— ¿A qué te refieres?
April rió. 
—A que te matarán una y otra y otra vez, solo querrán verte sufrir... Sería algo así.
Sin previo aviso, sacó dos cuchillos de sus mangas y se abalanzó sobre Lily, entonces se los clavó en el pecho, volviéndola a matar. Mientras Lily caía al suelo, David tomaba su venganza contra April, siendo esta asesinada por lo que más odiaba, un hombre lobo. Nadie se inmutó ante el espectáculo.
Se recuperaron casi al mismo tiempo, Lily no pidió explicaciones, no esperó a nada. Se acercó a April, que se estaba aún levantando del suelo, esta se pensó que Lily quería atacarla, pero no lo hizo.
—En este caso, acompáñame.
Eso sorprendió mucho a April, a David y a todo ser presente.
— ¿Qué?
—La unión hace la fuerza. Acompáñame, si encontramos la forma de salir, saldremos todos.
David la miraba como si se hubiera vuelto loca, April se lo estaba pensando, los demás también.
— ¿Y qué me das tú a cambio?
No había nada material que ella pudiera ofrecerle, nada en ese mundo y en ese momento. Y cuando por fin se le ocurrió algo, no era una cosa que pudiera ofrecerle antes de tiempo.
—Te aseguro que tengo algo a lo que no te puedes negar... ¿Pero eres una traidora no? No puedo fiarme de una traidora, antes tendrías que venir conmigo.
—Antes yo quiero saber qué es. Y qué tienes planeado, porque no pienso salir de la zona segura para vagar eternamente.
— ¿Tú eres un vampiro, me equivoco?
April se señaló los colmillos con obviedad, no entendía el porqué de la pregunta. 
—Mi sangre, te ofrezco mi sangre a cambio de tu protección. Supongo que debo añadir que soy humana.
April se quedó atónita, pero aceptó enseguida, de hecho ya tenía ganas de pegarle un bocado.
David se la llevó un poco más lejos del grupo, mientras los demás discutían con April. 
— ¿Estas loca? ¿No crees que es una mala idea, en el caso de que consigamos salir, darles la libertad a "esos"?
Lily miró hacia atrás insegura.
— ¿No pueden oírnos? Ya sabes... Vampiros con super oidos...
—No es lo mismo que en nuestro mundo.
—Ah... Pues no, no es mala idea, porque no pienso dejar que salgan.
— ¿Tienes algún plan, realmente?
—No, solo se que si hay entrada hay salida.
David no sabía que decirle, no le gustaba nada esa idea de ir a lo loco, pero tampoco podía abandonarla.
— ¿Y eso de vender tu sangre?
—Oye, en realidad, eso de que el dolor aquí no desaparezca... Al final acabas ignorándolo.
— ¿Ah si? Pues ya me dirás cuando media decena de vampiros te hinquen los dientes, ya me dirás... 
—Tú no te preocupes por mi. No tengo un plan, es una intuición, más bien solo tengo una pista, pero la única opción que tenemos es la de dar vueltas hasta encontrarlo.
— ¿Encontrar qué?
Lily no contestó, ni ella misma estaba segura de lo que hacía.

martes, 16 de junio de 2015

La casa de los sueños (1ª Parte)

Hacía cinco años, el abuelo Tom falleció, dejando sola a la abuela Celsa. Aunque no tan sola, siempre le quedaron sus dos hijas, que aún la visitaban en el asilo, y sus tres nietos Micaela, Isaac y Ezequiel  pero ellos tress se habían hecho mayores y ya no pasaban tanto tiempo con ella. Estaba en ese asilo por la intención de que no estuviera siempre sola. Además, con su salud, le convenía estar siempre cerca de alguna enfermera.
Pero, no imaginaban que a sus 76 años, su vida estaría a punto de concluir. Una enfermedad en fase terminal, eso estaba acabando con ella. Tuvieron que ingresarla en un hospital y... ya sabían que no le quedaba mucho tiempo. El 17 de enero, se reunió con Tom. El domingo 19, la enterraron.
Aquella mañana no asistió mucha gente, solo la familia más cercana, que no era mucha. Pero lo hicieron tal como ella quería, al lado del abuelo, porque les contó que cuando ellos dos se casaron, pusieron en los votos, que ni la muerte les separaría.
Por la tarde, esperaron al notario. Habían acordado que todos irían a la casa de la abuela para leer el testamento. Micaeia e Isaac fueron los primeros en llegar, Micaela tenía las llaves de la casa. Abrieron la puerta, todo estaba oscuro, las cortinas echadas, ventanas cerradas, luces apagadas y mucho polvo acumulado. Lo primero que hizo Micaela, fue abrir todas las ventanas y dejar que entrara la luz y ventilar un poco la casa. Hacía frío, pero ya encenderían las estufas cuando llegaran sus padres o los tíos. Luego se sentó en el sofá que estaba junto a la estantería, Isaac se sentó a su lado. Ninguno de los os se había quitado el abrigo, hacía demasiado frío.
— ¿Eso es... un álbum de fotos?
— ¿Eh?
Micaela miró hacia donde señalaba Isaac. En la estantería había un álbum de fotos viejo, con la tapa de piel negra y muy desgastada. Micaela lo cogió, pesaba mucho y también hacía mucho que no lo veía.
—Ahora es más rápido hacer un álbum por face...
—Pero seguramente, ella ni sabía lo que era eso —Micaela lo abrió por la primera página.
Había fotos viejas en blanco y negro, pegadas con celo en las páginas amarillas y arrugadas. Fue pasando, había fotos de sus abuelos cuando se casaron y cuando compraron la casa. Estaba hecha un desastre, pero ellos dos la arreglaron con el tiempo, con mucho tiempo. Entonces llegaron a las fotos en las que salían sus padres, luego llegaron a sus fotos de pequeños.
— ¿Esa soy yo? —dijo incrédula—. ¿Por qué tenía el pelo así?
Estaba mirando una foto de dos niños, ellos dos, cuando Micaela tenía cinco años e Isaac 7. Micaela tenía el pelo moreno y corto, pero era irregular. Su hermano se rió al recordarlo.
—Te lo cortaste tú. No se de dónde, pero sacaste unas tijeras y te hiciste "una sesión de peluquería".
—Increíble... 
—Ahora tienes el pelo muy largo —y lo tenía, largo hasta la cintura—. Será algún trauma, por cómo te riñó mamá. Estabas horrible...
—Oye, que tu de pequeño tampoco eras tan guapo.
—No, pero pregúntale a mis adoradas fans si lo soy ahora.
Isaac era modelo e ingeniero. Aunque había estudiado mucho, en ese momento le gustaba más la profesión de modelo, aunque su padre tal vez no estaba demasiado de acuerdo. Pero tenía razón, las adolescentes caían rendidas a los pies del famoso Isaac, aquel chico rubio de ojos azules, cachas, alto y con buen estilo. Aunque lo del buen estilo era mentira, si no fuera porque otros le elegían la ropa...
Micaela siguió pasando paginas, llegando a fotografían más actuales... La última, una con ellos dos y su abuela en la estación de trenes. Entonces se echó a llorar, otra vez.
—Vamos Micaela —su hermano la abrazó tratando de consolarla—. Deja de llorar un momento, que ya tienes 20 años, no estás como para esto.
—Cállate —dijo ella, mientras seguía llorando sin dejar de abrazarlo.
Entonces llamaron a la puerta, e Isaac tuvo que levantarse y abrir. Sus padres cerraban el paraguas y entraban, al parecer se había puesto a llover.
— ¿Y los tíos, no venían con vosotros?
—Están aparcando.
Dijo su madre, una mujer de 47 (Carmen), aunque en realidad aparentaba muchos menos, no como su padre, de 50 años, (George) que ya tenía todo el pelo de la cabeza y la barba blanca. Pronto llegaron tres personas más. La hermana de su madre, Sara, su marido, Ezequiel, y su hijo con el nombre de su padre, de 18 años.
—Hola nenes —dijo su tía cariñosamente, dio un beso a Isaac y luego se acercó a Micaela, que se estaba secando las lagrimas aún—. Anda, no llores que te quedan muy mal las lágrimas. 
—Pero que frío hace aquí —se quejó Carmen, que estaba dejándo su abrigo y su paraguas—. Que alguien cierre las ventanas.
—Voy —dijo George, se quitó también la chaqueta y empezó a cerrar ventanas en el primer piso, luego subió arriba.
—Vamos a hacer un poco de té Carmen —Sara también se quitó el abrigo y lo tiró en el sofá, luego se llevó a su hermana a la cocina.
El tío Ezequiel bajó al sótano y encendió la caldera, a continuación, las estufas. Su primo se sentó cómodamente en una butaca y encendió la tele, ante su actitud, Micaela le dijo:
—Oye, si quieres hablar, siempre puedes contar con nosotros...
—Ahora solo intento distraerme, no quiero... pensar en ello.
—Bueno...
Isaac cogió el abrigo de piel de su tía y lo dejó en la percha con los demás, también dejó el suyo.
—Voy a ver si puedo ayudar a mamá en algo —Micaela fue hacia la cocina.
La puerta estaba cerrada, iba a abrir pero oyó que su madre y su tía hablaban en voz baja. Pegó la oreja a la puerta de madera y se paró a escuchar, nunca había podido evitar escuchar a escondidas. Su madre, que había soportado bastante bien la perdida de la abuela y a la que no había visto llorar, cuando la veía... Estaba llorando entonces.
—Vamos chica, no te tortures —decía Sara.
—Ahora creo... que todos hubiéramos podido pasar más tiempo con ella.
—Ella sabe que nos hubiera gustado, siempre lo supo.
—Pero el maldito trabajo...
La vieja tetera empezó a expulsar vapor a presión, Micaela aprovechó para entrar. Su madre le daba la espalda, estaba apagando el fuego.
—Anda nena, lleva esto al salón. Cuidado que quema.
Sara sacó el azucarero del armario, una bandeja y puso en ella el azúcar, la tetera, cucharillas y las tazas.
—Mamá... ¿Estas bien?
—Eh... Claro —no de giró, cogió un paño y limpio la encimera—. Ve a dejar el té, que viene bien cuando hace frío.
Sara le abrió la puerta, Micaela volvió al salón y dejó la bandeja en la mesita de café. Empezó a servir el té, su tío y su padre ya se habían sentado. Entonces sonó el timbre, esta vez se levantó Ezequiel, venía el notario.
—Genial, a ver que nos ha dejado la vieja...
Ante este comentario, Micaela se distrajo y derramó una de las tazas.
—Vigila —dijo su hermano, que se levantó y limpió en su lugar—. Siéntate, que tú eres más desastre... Serías capaz de derramarlas todas.
El notario entró, era un hombre de edad media, vestía con traje y gabardina negra, que dejó en el perchero junto a su bombín y su paraguas.
—Buenas tardes.
—Muy buenas —saludó su tío.
—Yo no diría, pero bueno... —contradijo Micaela.
— ¿Estamos todos presentes?
—Sí.
Sara y Carmen acababan de llegar de la cocina, se sentaron en el sofá junto a Micaela. El notario y el primo Ezequiel se sentaron en las dos butacas, Isaac le sirvió también el té y luego se sentó en el otro sofá con su tío y su padre.
—Bien, pues procedamos.
Abrió el maletín y sacó algunos documentos, los ordenó y luego cerró el maletín y lo dejó a sus pies.
—Celsa García Jimenez, fallecida el pasado 17 de enero, con residencia en la calle de Miguel de Cervantes, número 23. Esta misma casa... Yendo a lo directo —abrió el primer sobre y empezó a leer—. A mi hija Carmen, le dejo mi tocadiscos y la colección de los discos de Jazz y música clásica con los que aprendió a bailar, además de la cubertería de plata que nos regalaron el día de nuestra boda —Micaela observó cómo brillaban los ojos de su madre y le temblaba el labio inferior, un poco más y lloraba—. A su marido George, Tom nunca tuvo la oportunidad de hacer un testamento, pero, en su nombre, a ti te dejo su reloj de bolsillo suizo, que su padre le regaló a él. A mi hija menor, Sara. A ti te dejo mi colección de porcelana china, la que mi madre me dio a mi, y ahora yo te la doy a ti, también la caja de música que tanto te gustaba escuchar de pequeña —Sara si que empezó a llorar, las lagrimas resbalaban silenciosamente sobre sus mejillas—. A Ezequiel Senior, los vinos de gran reserva que guardábamos para las ocasiones especiales. A mis queridísimos sobrinos, para Micaela, la colcha que hicimos juntas en el verano del 2003 —Micaela lloró, una vez más—. Para Isaac, los libros de nuestra biblioteca, grandes clásicos que espero te sean provechosos —Isaac no lloró, el hermano mayor no podía llorar delante de la hermana pequeña, pero su abuela lo conocía muy bien, sabía que le encantaba leer—. Y para mi Ezequiel Junior,  los cuadros que decoran las paredes de toda nuestra casa y que yo misma pinté en mi juventud.
Durante un segundo quedaron en silencio, solo se oían los sollozos de Micaela. El notario iba a seguir, pero le interrumpió Ezequiel Junior.
— ¿Y ya está? ¿Qué pasa de la casa? ¿No nos la deja a nosotros?
—Si me deja continuar... Gracias —continuó leyendo—. Los ahorros que conseguimos después de reformar esta casa, durante tantos años, los dejo repartidos para todos, y espero que hagáis un buen uso. 
— ¿Cuánto toca a cada uno? —interrumpió Ezequiel de nuevo.
—Según los datos bancarios, 1380 a cada miembro de la familia cuyo nombre ha sido mencionado en el testamento —volvió a emprender la lectura—. Nuestra casa, la que construimos durante media vida con las bases de nuestros sueños, la dejo para los más jóvenes, que la casa de nuestros sueños les acompañe durante mucho tiempo.
—Oh... —Ezequiel no podía con la emoción, un tercio de la casa para él.
—Además, dejó unas cartas para que las leyeran ustedes mismos —les dejó 5 sobres.
Uno para Micaela, otro para Isaac, uno para Ezquiel y dos para Sara y Carmen. Entonces a Carmen se le escaparon un par de lágrimas que secó disimuladamente con un pañuelo.
(2ª Parte)

domingo, 14 de junio de 2015

Dark Light 24

Capitulo 24
Cicatrices

No imaginaba como sería la caída. Fue rápido, pero se le había hecho eterno, fue peor que cuando había caído desde la torre Eiffele. Pero sintió como descendía a una gran velocidad y el impacto contra suelo de tierra. Le extrañaba no haber muerto en aquel mismo momento.
Podía escuchar el eco de muchas voces, suplicas, gritos, llantos... Las escuchaba en tantos idiomas, en tantas tonalidades... ¿Por qué no dejaban de gritar? Era como si el sufrimiento de todo el mundo intentara meterse en su cabeza.
Veía doble y borroso, tenía las palmas de las manos ensangrentadas y llenas de polvo de tierra, sentía como le escocían las heridas. Tenía un dolor punzante en el pecho, todos los huesos parecían habérsele roto en pedazos. Trató de levantarse, apoyó las manos en el suelo, consiguió ponerse de rodillas, pero estaba temblando. Se miró las manos, movió los dedos y estos crujieron. A su vez parecía que todos los arañazos estaban desapareciendo. La pistola eléctrica había caído con ella ¿Seguiría funcionando? No lo comprobó, solo la recogió del suelo y se la puso en el cinturón, era su única arma. Aunque no funcionara, podría al menos aparentar.
Se puso en pié, tambaleando, se frotó los ojos, miró a su alrededor. ¿Dónde estaba? Había mucha luz, pero era una luz oscura como la de la playa después del atardecer, que daba a todo un tono azul grisáceo. El cielo era gris anaranjado. La tierra que pisaba era roja, había rocas, a penas algunos hierbajos secos. Parecía un desierto infinito, creía estar sola.
Lo primero que pensó, fue en Johann. No escuchó nada, no le hablaban. Podría haber pensado que tal vez no tenían nada que decirle, pero tenía un presentimiento. Adiós electricidad, adiós voces, adiós a tener la vida entre sus manos.
—Cuánto tiempo. ¿No Joley? Aunque creo que me mentiste, aquí hay gente que me ha dicho tu verdadero nombre. La famosa Aura, la que mató a Alexter.
Lily se dio la vuelta. Medía dos o tres palmos más que ella, tenía el pelo corto y castaño, llevaba vaqueros grises raídos, deportivas y una cazadora de cuero negra. Fuera quién fuera, tenía un asunto pendiente con su hermana y la habían vuelto a confundir. ¿A caso los vampiros no podían oler la sangre humana? O tal vez era porque allí todo olía a agua de mar y era imposible diferenciarlo.
—Yo no soy Aura... —dio un paso atrás.
Samuel se movía rápido, ya estaba en frente suya.
—Te recuerdo perfectamente pequeña mentirosa. ¿Cómo has acabado aquí eh? Al final todos caen.
—Oye... Te equivocas. Aura es mi hermana. Yo no te conozco de nada.
— ¿Hermana? ¿Y qué? ¿Te convirtió a ti también?
—No yo...
Tal vez se había equivocado al negarlo, porque si no la había convertido, significaba que era humana. Samuel se lanzó sobre ella, cayó al suelo.
—Nunca moriré de hambre aquí, pero no voy a desaprovechar este trocito de cielo.
Lily se retorció, forcejeó, intentó librarse de él, pero no podía. Samuel le clavó los colmillos en el cuello, le chupó la sangre, era tan dulce como la imaginaba. Desgarró su piel, la mordió, arrancó pedazos de su carne como si nada. Lily no murió, solo se desmayó y perdió el movimiento. Volvió a escuchar las voces que gritaban ayuda, sentía fuego en sus venas y el dolor no desaparecería.
Daba la casualidad, de que la manga izquierda de su chaqueta estaba desgarrada, en cuanto no pudo moverse más y dejó caer el brazo, su tatuaje quedó visible. Samuel lo vio y casi no pudo creérselo. ¿Humanos en Beta?
Pese a que le hubiese encantado vivir toda la eternidad disfrutando de la sangre de Lily, la dejó. Por principios más que por otra cosa, aunque ya hiciera 10 años que él estaba allí, seguiría siendo leal a su grupo.
Justo cuando se había levantado, un lobo blanco se le había lanzado encima. Le gruñó, lo mordió y araño hasta que Samuel salió corriendo. Luego se dirigió hacia Lily, parecía que ya estuviera muerta, pero él sabía que se recuperaría. Lo que le preocupó fue ver su tatuaje, no hubiera imaginado que ella acabaría en el otro bando. Se quedó sentado esperando, mirando al cielo sin luna ni sol.
No pasaron muchos minutos, cuando Lily volvió a abrir los ojos. Nada había desaparecido, el dolor punzante en el pecho, la presión en todos los huesos, el fuego en la sangre. Pensó que lo había soñado, puso una mano en su cuello, no había sangre ni cortes ni nada, solo una cicatriz.
— ¿David?
Estaba a su lado, ya con forma humana, sentado en el suelo mirando al cielo. Ella se volvió a poner de rodillas, se acercó más a él.
— ¿Qué has hecho Lily? ¿Por qué estás aquí? —ni siquiera la miró.
—No es lo que piensas.
— ¿Ah no? ¿No traicionaste a Dark Light te pillaron y te lanzaron aquí? No creía que tú fueras así, no creía que acabarías aquí.
—Yo no soy así. Estar aquí no es mi sentencia, yo me lancé. Déjame... 
David le cogió el brazo izquierdo, misteriosamente la manga estaba entera, él se la apartó, dejando su brazo al descubierto y el tatuaje de la cruz egipcia.
— ¿Entonces como explicas esto?
—Fue en mi última misión. Encontramos a Johann, es el nuevo líder del grupo Beta.
— ¿Grupo qué?
—Beta. La banda de Alexter, ahora de Johann —empezó a explicar apresuradamente—. Él me propuso unirme. Todos los demás que iban a la misma misión escaparon, pero yo me quedé. Aunque no traicioné a Dark Light, fue al contrario. Cuando conseguí volver... Fue difícil demostrar que era inocente, porque ya sabía cómo engañar al espejo, tenías razón, uno se puede volver loco intentándolo. Pero sabía más sobre Beta que nadie en Dark Light, así que supongo que casi les convencí.
— ¿Volviste así como así?
Era complicado, pero Lily procuró contarle cada detalle de lo que había pasado en los últimos meses. Volvía a sentirse libre, nadie la estaba vigilando, podía decir lo que le diera la gana, porque cuando cayó, toda la electricidad se cortó.
—La electricidad se corta en cuanto caes —le aseguró David—. Nada funciona, créeme lo he comprobado. Ni siquiera las pistolas más simples funcionan. Disparan balas infinitas que se desintegran en el aire. Nada aquí desaparece. Si cuando caíste tenían hambre, nunca te saciarás, hasta la eternidad, si tenías frío no se te pasará ni aunque te quemes. Si tenías sueño, duermas lo que duermas lo seguirás teniendo. Si había heridas, dolerán y no se curarán. Y cuando aquí te hagas daño... O mueras. No morirás, pero todas las cicatrices duelen como heridas recientes.
Lily no pudo evitar tocarse la cicatriz del cuello, era cierto, todavía sentía como si tuviera los dientes de Samuel en el cuello. Intentó pensar en otra cosa, cogió la pistola eléctrica y la miró detenidamente. Seguía en el nivel mínimo. Pulsó el botón.
Vio como se iluminaba, escuchó el sonido de la electricidad, sintió en su mano como se movía y tuvo que aferrarlo más fuerte para que no se le cayera.
— ¿Cómo? —David miró estupefacto. Había visto muchas cosas eléctricas en ese mundo y ninguna funcionaba.
—Esto no es solo una pistola eléctrica —repitió lo que Karen le había dicho.
— ¿Te he dicho que eres idiota? —preguntó David de repente.
— ¿Por qué?

—Has saltado por voluntad propia. No se puede salir de aquí.

viernes, 5 de junio de 2015

Dark Light 23

Capitulo 23
Cuarentena

Todo lo que había empezado con unos simples mareos, fiebre, algunos temblores y casos aislados de desmayos y partes del cuerpo adormecidas, se había convertido en un caos. Todos los que habían experimentado esos síntomas tenían que ir a la enfermería y hacerse las pruebas. Los que habían estado en contacto con algún enfermo también.  Medio edificio estaba en cuarentena, se había cortado el acceso por los pasillos y nadie podía desvanecerse por esas zonas.
Aura esperaba en una sala de la enfermería, de hecho había muchos más vampiros esperando en esa misma sala. Muchos estaban de pie, no había ni camas ni sillas suficientes para todos. Había un enfermero extrayéndoles muestras de sangre por turnos, sonaba extraño que un vampiro necesitara un análisis de sangre. Shannon acababa de entrar, en cuanto cerró la puerta detrás de ella se quitó la mascarilla, los guantes y dejó suelto su pelo pelirrojo.
El enfermero justamente le había sacado una muestra de sangre a Aura, Shannon se le acercó.
—Está bien, ningún vampiro está infectado, el virus no les afecta.
— ¿Qué es lo que pasa? —preguntó Aura.
—De alguna manera, ha entrado un virus en Dark Light, es bastante peligroso y se contagia por el simple contacto de la piel... Pero bueno, el voluntario infectado directamente por el virus no tiene síntomas, vosotros estaréis bien. De momento sois los únicos. Héctor prepara el informe médico de todos.
El enfermero, más confiado, también se quitó la mascarilla de la boca y dejó todo el instrumental sobre la mesa. Luego se fue.
— ¿Qué se sabe de mi hermana? No me han dejado salir de aquí desde que sonó la alarma.
—Creo que no soy yo quién tiene que decirte esto... Tus amigos están afuera, ya puedes irte.
El pánico invadió su cuerpo, si ella no podía decírselo, solo podía significar que eran muy malas noticias. Salió corriendo de la sala de enfermerías, al fondo del pasillo estaban Edgar y Néstor, los dos equipados. Edgar estaba sentado en el suelo con la cabeza gacha, había dejado sus armas a un lado, desde luego no parecían buenas noticias.
— ¡Edgar!
Los dos miraron a Aura que iba hacia ellos. Edgar no se molestó en levantarse cuando ella estuvo delante de él, ni se molestó en dejarla hablar.
—Lo siento...
— ¿Qué ha pasado?
—Aura... Ella lo decidió. Robó una pistola eléctrica, entró en los calabozos por la fuerza y... Se tiró al foso.
Aura no sabía nada sobre ningún foso, por lo que no lo entendió. ¿Su hermana seguía viva o no?
— ¿Qué foso? ¿De qué hablas Edgar?
—Un foso que lleva a una dimensión alterna de la que nadie puede salir. Es donde lanzan a todos los presos con cadena perpetua.
—Pero... ¿Qué? ... ¿Está viva?
—Lo está. Pero no tiene vuelta atrás.
—No... No, no, no, no... Tiene que haber una forma. ¿Cómo pudiste...? ¡Cómo pudiste dejar que lo hiciera!
A pesar de que sus gritos llegaron a todos los rincones del pasillo, Edgar ni se inmutó.
—Los Alphas intentaron intervenir y detenerla. Yo lo intenté... Pero ella se lanzó.
Las lagrimas invadieron sus ojos, pero entre tristeza porque Lily podría estar perdida para siempre y la rabia de que nadie hubiera hecho nada por ella, ganó la rabia. Podría haber matado a Edgar en ese mismo momento.
—Aura... No es culpa de Edgar.
Ella miró a Néstor, no había tenido la intención de hablar con él, pero él había querido obligarla a hacerlo.
—Claro... No es culpa de Edgar... ¡Es completamente tuya! Creo recordar que le pusiste esposas. ¿¡Verdad!?
Se fue acercando a él, tanto que lo tuvo al alcance de su mano. Edgar se dio cuenta y se levantó.
— ¡Las esposas solo las puede quitar quien las pone Néstor! ¿¡Por qué demonios tuviste que quitárselas!? ¿Qué te hizo cambiar de opinión? 
—Aura, cálmate... —Edgar puso una mano en su hombro, intentó hacerla retroceder.
Aura le quitó la mano de un manotazo, fue Edgar quién retrocedió ante su mano de plata. Había sido mala idea.
—No te me vuelvas a acercar —Aura le amenazó con la mano de plata.
Edgar volvió a intentar acercarse a ella, pero Aura le pegó una bofetada. Eso debía dolerle muchísimo, ella no quería parar, pero su mano se detuvo en el aire cuando intentó pegarle de nuevo. Se dio la vuelta, Néstor estaba impidiéndole que volviera a hacerlo. No podía mover el brazo.
—Lo siento Aura. Ha sido culpa mía, así que deja a Edgar en paz, soy yo quién se merece ese golpe.
— ¡Lily no volverá porque tú lo sientas!
Volvió a dejarla libre, en cuanto Edgar se apartó.
—Lily simplemente no volverá. Y yo lo siento tanto como tú o incluso más.
— ¿Como puedes siquiera atreverte a decir eso? Lily es mi hermana. ¡Y tú no debiste dejarla libre!
—Ella era tu hermana. Pero yo la amaba más de lo que pudieran amarla mil hermanas como tú.
— ¡No te pongas melodramático ahora, tú no eres Hamlet, ella no era Ophelia!
—Lily era una traidora. ¿Crees que alguien hubiera acudido a la llamada de socorro de una traidora? Absolutamente nadie, fueran cuales fueran las circunstancias. Pero tú querías ir. ¿Crees que alguien te lo hubiera permitido? Ni siquiera los Alphas hubieran dejado que lo hicieras. Y si lo hubieran permitido ¿crees que algún piloto arriesgaría su vida para ir a buscarla? Nadie te hubiera ayudado, pero yo lo hice, te acompañé. Falsifiqué informes y cambié el sistema de localizadores para que no supieran que era ella.
—Y si tanto dices que hiciste por ella. Si tanto dices que la quieres... ¿Por qué la soltaste?
—Por esa misma razón. Y porque me demostró que no mentía.
—Te mereces estar en su lugar. Ahora mismo debería...
—Hazlo, sin barrera, sin trucos. Sin remordimiento. Porque sabes que deseas reventarme la cara.
Aura no se lo pensó dos veces, le pegó un puñetazo en el ojo a Néstor. Había dicho la verdad, no había puesto ninguna barrera entre ellos dos. En cuanto lo vio tambalearse hacia atrás, se desvaneció.
Aunque la reacción de Aura ante el suicidio de Lily no era lo que le más de interesaba a Dark Light en ese momento, Aura recibió un mensaje en su busca. En el remitente estaba escrito el símbolo α, no había que ser un genio para adivinar de quién venía el mensaje. <<Velaremos por ella>>.
No había entendido porqué le mandaron ese mensaje. Simplemente tiró el busca al suelo y lo aplastó con el pié.
Nancy y Sally no tardaron mucho tiempo en ir hasta su departamento después de hacerse las pruebas. Intentaron consolarla, pero a ninguna se le daba bien. Menos a Nancy.
—Vamos Aura, los vampiros no lloran, no tenemos alma —solo era una de las cosas que le había dicho.
Luego no pudo esperar más tiempo para decírselo, eran malas noticias.
—Me han dado tu bajada de rango... Acabo de pasar por las oficinas.
— ¡Venga ya!
Aura cogió la carpeta que tenía Nancy. En ella estaban sus datos, su rango anterior y el rango al cual la bajaban, del Oro que había conseguido hacía poco al Plata. Involucrarse demasiado con el caso del grupo Beta. Grupo Beta... Leyó ese término varias veces antes de continuar.
— ¿Grupo Beta?
—Los de Dark Light eran Alphas... Como fue Alexter quién les dio ese nombre antes de separarse de ellos, se llamaron a si mismo Grupo Beta...
— ¿Y cómo saben esto de repente?
—Lily lo descubrió. Aunque lo de las cruces egipcias sigue siendo un misterio.
—Me importan un bledo las cruces.
Tal vez dijeran que era por involucrarse demasiado, pero tenía la sensación de que lo hacían para que no abusara de su rango e intentara recuperar a Lily por su cuenta.
Nadie había estado allí abajo y había salido para contarlo. No había manera de salir de allí, por eso era el sitio perfecto para castigar a los presos. La muerte era demasiado digna para alguien que había cometido tantos crímenes. Y tener a alguien encerrado en una celda, dándole de comer gratis y estando sin hacer nada, tampoco era un castigo exactamente. Sabían que en el otro lado nunca morirían, aunque fueran mortales, el tiempo se detendría para siempre. No conocían mucho de aquel foso, pero lo dominaban.


*   *   *

El Teniente no solía presentarse mucho por los calabozos, pero había convocado una reunión para las únicas 23 personas que trabajaban en el sector del foso. Se encargaban de vigilar que nadie se acercara ni entrara, eran los que lanzaban a los presos adentro, los que se encargaban de que NO hubiera ERRORES. Tenían el deber de repasar los informes al menos 10 veces y preguntar a todas las personas que supieran sobre ese foso de que los datos estuvieran puestos correctamente y que no se equivocaran de persona. Al preso lo tenían que trasladar de su celda a la más cercana del foso y esperar 24 horas hasta la última confirmación del Teniente, entonces podían lanzar al preso.
Pero de alguna manera, David que solo tenía que estar un tiempo encerrado había acabado allí, de alguna manera se equivocaron y olvidaron el protocolo, haciendo que alguien inocente acabara en un lugar del que no podía salir. Lily también había conseguido entrar, había tenido que electrocutar a la mitad del personal, que estaban en la enfermería pero tenían monitorizada la reunión. Aún así, por alguna razón los demás no opusieron demasiada resistencia.
El Teniente Hermes era un hombre que aparentaba bien los cuarenta y tantos años, tenía una barba gris, el pelo de la cabeza se lo escondía la gorra de teniente. Su uniforme era negro y de cuero, como el de la mayoría, pero tenía muchas más medallas en el pecho. Muchos decían que era un hombre lobo, pero los inmortales sabían que llevaba allí mucho más de 40 años y seguía igual que siempre, por lo que, de alguna manera, había conseguido la inmortalidad. ¿Sería un premio por llegar a Teniente? Los 16 que no estaban en la enfermería, habían formado filas en el pasillo.
—El responsable, o los responsables de la caída de esos dos chicos no van a quedar impunes. Pero si no salen ahora, el castigo será peor que foso. ¿Alguien se anima?
Nadie confesó ni chivó nada, pero Hermes ya lo sabía. No podía estar al tanto de lo que pasaba en los calabozos en cada momento, pero si que podía rebovinar y saber que había ocurrido el día que David había caído.

miércoles, 3 de junio de 2015

Pesadillas literarias - No querer decir adiós.

El curso ya ha acabado, hoy prácticamente ha sido el último día. Queda mañana, un día dedicado al deporte y el siguiente, para la música. Las notas casi están puestas, ya no nos van a dar clase. Solo queda una excursión de fin de curso.
El tiempo ha pasado demasiado rápido, tanto que nadie se ha dado cuenta. Cuatro años ¿parece mucho tiempo verdad? Cuatro años con la misma gente, todos los días en la misma clase. Llevamos juntos desde primero de la ESO y ahora se acabó. Todos vamos a tomar caminos distintos, iremos a otras clases y, tal vez, a otros institutos, pronto a otras universidades. Es hora de decir adiós.
Creo que soy la única que se ha dado cuenta hoy, nadie más parece haberlo hecho. Llevamos cuatro años juntos, tal vez con algunas personas menos, pero este curso ha sido genial. No de las que se relacionan con todo el mundo, pero me ha tocado una clase llena de gente magnífica. Todos tan diferentes y especiales a su manera, las mejores personas con las que he convivido. Y ahora, la verdad, no consigo hacerme a la idea de que no volveré a estar en la misma clase con ellos el año que viene. Se acabó, pero yo no quiero decir adiós.
Hoy, a última hora, mientras dábamos la última clase de castellano y la última clase de la ESO, de repente empecé a llorar. Solo se dio cuenta la amiga que tenía al lado, por suerte. Fue porque miré el reloj y el calendario, en el que no quedaban muchos días por tachar. Me dí cuenta de que se había acabado. Los miré a todos cientos de veces, todos los grupitos estaban como siempre y quería guardarme esa imagen para siempre.
Tomaremos caminos diferentes, nos volveremos a ver muchas veces, tal vez todos los días, pero no será lo mismo. El ambiente de este año ha sido único y lo he amado, los he amado a todos porque eran los que hacían que cada odiosa mañana cruzara la puerta para entrar en el instituto. Esta es irreemplazable y aunque en próximos años espero encontrarme con gente genial también, ellos serán únicos. Después de muchos años, nos separamos un poco, pero aquí estábamos hoy tan bien como siempre. Habrá más clases y los volveré a ver a todos, pero dudo que se repita la ocasión en la que volvamos a estar juntos de nuevo sin que nada haya cambiado.
Tal vez ellos no lo notaron, pero yo sí. Cuando la profesora nos dejó salir antes, cuando, en el pasillo, vi como cada uno de ellos se iba, sentí que se llevaban todos un trozo de mi alma. Aquí muchos me preguntaron porqué lloraba, porque no pude evitarlo, luego hicieron bromas... Intentaron animarme.
No quiero decirles adiós, a todas estas personas que han contribuido a mi felicidad durante tanto tiempo, quiero volver atrás en el tiempo, cuando todavía estaba en primero de la ESO y poder disfrutarlo más, pasar más tiempo con ellos, porque los quiero y significan mucho para mi.
Todavía nos queda una excursión a la que vamos a ir la mayoría, estoy segura de que entonces volveré a llorar y entonces sí, llegará la hora de decir adiós y que nuestros caminos al fin se separen. 
Ellos no leerán esto, porque no saben quién soy aquí. Ojalá fuera lo suficientemente extrovertida como para decírselo yo misma, pero es difícil. Seguro que se sorprenderían.Solo deseo una cosa, para todos, deseo que nunca cambien, porque todos son magníficos y les echaré de menos. Ya lo hago y todavía nos volveremos a ver mañana. 

N.Neicker 03/06/15