lunes, 6 de julio de 2015

El amigo de las sirenas Episodio 2

(Episodio 1 aquí)
Lo primero que hizo ella, fue gritar. Lo primero que hicieron los pescadores, fue acorralarla, para que no escapara. Y, como si no se tratara de una sirena, de un ser mitológico y bello que había aparecido por error en sus redes, la trataron como a cualquier otro animal, le dieron la bienvenida con dardos tranquilizantes.
Pero eso sí, estaba claro que era una nueva especie descubierta. ¿A quién llamarían primero? ¿A la prensa? ¿Al parque acuático? ¿A los científicos? La verdad, es que cada uno llamó a un sitio diferente, pero al principio solo una persona les tomó en serio. El director del parque acuático de aquella misma ciudad. ¿Y que menos que llevarla a su parque? Claro, él solo quería "ayudar a la ciencia" ya que llamó el mismo a algunos investigadores. Y "ayudar a una sirena perdida dándole un hogar". Como si no tuviera millones de kilómetros cuadrados de mar, pero al parecer era mejor un estanque. Y no faltaba menos que un par de radiografías, análisis de sangre, tensión, cardiograma... Pero, a suerte de Naomi, no se enteró de nada. Porque de haberlo hecho, hubiera perdido toda la fe que había llegado a tener de los humanos, pero ya la estaba perdiendo poco a poco. Y de tantos análisis, solo descubrieron que, era igual a las personas, salvo por la cola de pez y que si pasaba demasiado tiempo fuera del agua, su ritmo cardíaco disminuía y sus escamas y piel se secaban. Podía morir.
Pero de todo eso, lo que más le importaba a Lorenzo Hernandez García, era que iba a ganar montones de dinero, más incluso de los que ganaba hasta el momento. Su parque acuático era muy famoso. Decenas de atracciones de agua arriba, piscinas, toboganes... Y abajo, acuarios con tiburones, peces tropicales y todo tipo de animales acuáticos. La sirena real era lo que completaría su colección. Ya tenía chicas que se disfrazaban y buceaban, pero ellas necesitaba tomar aire, en cambio una real atraería a turistas de todo el mundo. Su nueva atracción, la sirena Virginia, le dio este nombre en honor a su querida nieta.


*   *   *

Era sábado a mediodía, Marcos estaba cerca de la playa. Justo acababa de volver de una visita a la casa de su tía. Su madre le llevaba en coche, pero el insistió en bajarse en cuanto llegó a la playa, le dijo que ya volvería a pié, que le apetecía caminar un rato. Pero no era esa la razón. Ellas lo estaban esperando. Corrió hacia el rompeolas, era extraño, pero no había nadie pescando y tampoco había mucha gente en la playa para ser mediodía. Alicia y Azula estaban allí, pero solo estaban ellas dos. En cuanto lo vieron, también se acercaron a él. Alicia estaba llorando.
— ¿Pasa algo? ¿Y Naomi? —les preguntó cuando llegó ahí.
—Se la han llevado —dijo Alicia—. Por mi culpa, ella me salvó y se la llevó un barco. Nadie quiere buscarla, porque está en tierra y nosotros no podemos estar allí.
— ¿Qué se la han llevado? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Quién?
—Ayer por la mañana —respondió Azula—. Un barco pesquero, vimos como paraba en un puerto cerca de aquí.
—Tienes que ayudarla —suplicó Alicia—. Eres el único que nos conoce y puede pisar tierra. Encuéntrala por favor.
—La encontraré, te lo prometo.
—Es mi hermana, se que aún no está todo perdido.
Iban apareciendo cada vez más olas, parecía que la corriente se las querría llevar.
—Nos tenemos que ir —dijo Azula—. No deberíamos estar aquí y cuando notan que faltamos... Manipulan las corrientes para llevarnos de vuelta.
—Encuéntrala —repitió Alicia.
Las dos desaparecieron entre las olas. En ese momento, un coche anunciante pasaba por el paseo de la playa, la grabación se repetía una y otra vez, encima del coche había un logotipo y una imagen.
—Parque Acuático Magic Sea. Vengan a ver nuestra nueva atracción. La sirena Virginia, de las profundidades del mar. De lunes a sábado, de doce a una y de cinco a seis. Parque Acuático Magic Sea...
Junto al logotipo había un dibujo de una sirena parecida a Naomi, no una foto, un dibujo.
Eran las doce y cuarto, el parque quedaba a diez minutos desde dónde él estaba.
No se lo pensó dos veces, empezó a correr.


*   *   *

Todo estaba oscuro a su alrededor, oía sonidos y no sabía de dónde venían. A parte de algunas bombillas verdes, no había nada que iluminara el sitio en el que estaba, pero en menos de un minuto podría verlo todo. Empezó a sonar una voz desde fuera.
—Damas y caballeros, niños y niñas. Tenemos el honor de presentarles, a Virginia. Una verdadera sirena. Solo aquí, para nosotros.
Se abrieron las cortinas, dejando ver el acuario en el que estaba encerrada Naomi. Ella se asustó, primero de ver a cientos de personas al otro lado del cristal, luego de los flashes de las cámaras que se dispararon y casi la dejaron ciega. Después, cuando vio dónde estaba. Un acuario con decoraciones de plástico, corales, rocas incluso una foto del fondo marino en la pare de atrás. Todos los que estaban fuera la señalaban, la miraban, le hacían fotos... Ella gritaba y golpeaba el cristal, pero no servía de nada, no había salida. Ni siquiera en la parte de arriba, tenía una rejilla de metal que le bloqueaba el acceso a la superficie. Y por más que ella gritara, nadie la oía, aunque ella a los que estaba fuera si. Tal vez porque su oído era mucho más sensible.
Entonces se miró a si misma asqueada. ¿Qué se suponía que llevaba? ¿Un disfraz? Eso parecía. Un chal de gasa de color verde esmeralda (a juego con su cola) que tenía puesto sobre la espalda y cogido a unas pulseras verdes en cada mano, en un lado visible había un bordado que decía "Virginia" con letra cursiva. Llevaba anillos dorados, que también tenían ese nombre grabado. Un guardapelo de plata con una V, pulseras de perlas (falsas, por supuesto) alrededor de la cola. Pinzas con forma de estrellas del mar en el pelo, una corona con piedras brillantes. Estaba preparada para ser expuesta al mundo como una verdadera sirena que venía del mar, como las de los cuentos de hadas. Pero ella, no era Virginia. Se arrancó el chal, se quitó las pulseras, el guardapelo la corona las pinzas, todo cayó al fondo del acuario. Para rematar, dio un golpe con la cola contra el cristal que lo hizo temblar y emitió un estruendo.
Varias personas retrocedieron más. Aunque ya había una distancia de un metro del cristal, no querían que lo mancharan o que alguien se quedara sin poder ver (por eso también tenían cámaras que la grababan continuamente). La mayoría de las personas que habían ido allí, fueron porque pensaban que sería alguna chica disfrazada, pero "Virginia" llevaba mucho tiempo en el agua. No veían ningún truco, ninguna manguera con oxígeno, ningún rincón oculto. Parecía real.
Ella no paró de moverse de un lado a otro mientras todavía daba golpes al cristal, que por lo menos asustaba a algunos. Entonces llegó Marcos. Eran las doce y media cuando consiguió entrar. Se coló entre la gente, dio empujones, los apartaba, chocaba con ellos. Así hasta que llegó delante del todo, dónde estaban los niños pequeños.
— ¡Naomi! —gritó su nombre.
—Se llama Virginia pringao ¿Qué no sabes leer? —un niño le señaló el cartel que decía "Sirena Virginia".
—Yo quiero jugar con ella. El abuelo me prometió que cuando cerraran las puertas me dejaría jugar con ella —dijo la verdadera Virginia.
Naomi, cuando oyó su nombre, se dio la vuelta y pudo reconocer, de entre todos, a Marcos por su llamativo pelo verde. Ella se acercó al cristal. Marcos saltó sobre la cuerda de terciopelo (sobre la que no había que pasar). Muchos se quejaron, pero Marcos tenía unos segundos antes de que los de seguridad le cogieran. Apoyó sus dos manos en el cristal, Naomi también lo hizo, estaban cara a cara, con las manos juntas, pero separadas por el cristal de una pecera.
Ella intentó hablarle, pero Marcos no la oía. Aunque podía ver perfectamente, que le pedía ayuda.
—Te sacaré de aquí —le dijo él.
Naomi si que pudo oírlo, los de seguridad también, que lo cogieron cada uno por un brazo y le sacaron a rastras, mientras Naomi le seguía con la mirada. Si hubiera podido llorar bajo el agua, hubiera llorado. Pero no podía, no podía hacer nada en ese lugar. Estaba encerrada.

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