miércoles, 4 de mayo de 2016

Dark Light 50

Capítulo 50
Londres


Sabía que no podía pasearse por el territorio de Christopher así como así, que tendría antes que hacerle saber que iría, hablar con el y esas historias, porque si no se pensarían que iba a atacarles, que les estaba invadiendo y etc, etc. Pero para localizar el rastro de Aura (o Jane).
Tuvo la suerte de pasar desapercibido aquella noche, sobre todo porque todo el maldito mundo le conocía y si alguien le veía le reconocería enseguida, persona o lobo. Pero encontró su rastro.
No le fue difícil seguirlo, pero tampoco duró mucho, porque en cuanto se acercó a la guarida de Christopher, supo que allí paraba. Aunque también le extrañaba que después de todo ese tiempo no se hubiera ido su esencia. 
El caso era que Aura podía desvanecerse y seguir a alguien que desaparecía de un lugar e iba a otro era muy complicado, porque interrumpía su rastro y tal vez no la encontrara nunca.
Siguió vagando toda la noche por los alrededores, buscando esa esencia perdida, algo más reciente que el de la guarida de Christopher, pero solo cuando amaneció se dio por vencido. No había otra forma de buscarla que adentrarse en Londres, si es que había llegado allí, así que se desvaneció.
Pero no tuvo en cuenta que el lugar en el que había aparecido, a plena luz del día y con muchos turistas, no era muy bueno para que andara paseandose un lobo gigante. La gente empezó a gritar y a huir, él tuvo que hacer lo mismo para pasar desapercibido, hasta que se alejó de la masa de población para poder transformarse de nuevo en una persona.
Entonces se dio cuenta, de que su objetivo estaba cada vez más cerca, muy cerca. No se había equivocado. Solo tenía que encontrarla definitivamente, y eso no le costaría más que unas pocas horas. Luego solo tendría que volver a encontrar a Lily


*   *   *

Era cerca del atardecer cuando vio a Mark aparecer en frente suya. Ella seguía donde la había dejado, solo que se había sentado en el suelo.
—No te has movido ni un milímetro en todas estas horas? —le dijo en tono burlón.
—No es que tuviera planes en realidad. ¿Ya la tienes o es que te has rendido porque va a caer la noche?
—Qué poca confianza... Claro que la he encontrado. Esta es la dirección —sacó un papel de su bolsillo—. El lugar donde la vi por última vez, no te será muy dificil encontrarla esta noche.
Lily se levantó del suelo y cogió el papel de su mano.
—Es una discoteca —dijo Mark.
—Oye... ¿Y qué hay del trato? ¿Cómo voy a pagarte por esto?
—Dejémoslo en que me debes un gran favor. Mientras tanto, si no te importa, y si te importa me da igual, ahora es mío —dijo señalando el pañuelo rojo que llevaba en el cuello—. El resto es problema tuyo.
Lily advirtió que iba a irse, pero ella todavía tenía algo que pedirle.
—Oye espera.
Mark se dio la vuelta.
— ¿Y ahora qué?
—... Es que nunca he estado en Londres —reconoció un poco avergonzada.
Mark la miró, sin creérselo, luego suspiró y le dio la mano. Los dos se desvanecieron, pero cuando Lily apareció en medio de la ciudad, estaba sola y tenía que comenzar a buscar.


*   *   *

Y ya muy entrada la noche no pudo soportar mucho más tiempo su presencia. El ruido a su alrededor volvió a hacerse insoportable, el aire que respiraba aunque no lo necesitara... Se deshizo de su brazo bruscamente y desapareció entre la multitud de gente.
Las luces parpadeantes y casi epilépticas, las personas que no dejaban de moverse y gritar. Un borracho aquí, otro desmayado por allí, alguien muerto por allá... Un auténtico caos.
Ella estaba mareada de nuevo, empezaba a ver borroso y ya no distinguía las palabras que decía la gente. Su pesadilla volvía a acercarse, a cernirse sobre ella y recordarle todo lo que había hecho. Quería escapar de allí, cuanto antes. A un lugar tranquilo, donde dejara de escuchar toda esa música taladrándole en los oidos, donde no pudieran encontrarla jamás. Pero no había ningun lugar así.
Los guardias la tenían ya muy vista, ni siquiera le hicieron caso cuando se acercó sola a la puerta trasera, aunque nadie podía salir de allí sin permiso. Fue tambaleandose hasta llegar a la salida, abrió la puerta y se hizo el silencio.
Era un callejón completamente oscuro que nadie transitaba, no había ni una sola luz excepto la de la luna llena y las que provenían de la calle desde lejos. Cualquiera se hubiera acercado allí. El suelo estaba mojado, de hecho había algunos charcos por la constante lluvia, pero había parado. Levantó la mirada al cielo y vio algo que no veía desde hacía mucho tiempo, las estrellas. Tantas estrellas que no las hubiera podido contar.
Pero volvió a perder el equilibrio y cerró los ojos mientras se agarraba a uno de los muros. Ella podía escuchar restos de la música de dentro.
Cuando abrió los ojos, una sombra se estaba acercando a ella, pero paró unos metros atrás, en frente suya y se la quedó mirando inquisitiva.
—No... Tú otra vez no —dijo Aura con la voz cortada—. Déjame ya en paz... Solo te pido eso, olvídame.

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