viernes, 12 de agosto de 2016

La princesa que no quería ser rescatada

El príncipe James cabalgaba por el bosque oscuro con su caballo blanco (Luna) en busca de un antiguo castillo abandonado. El rey de Wenland había prometido la mano de su preciosa hija a quien pudiera encontrar este lugar y... rescatar a la princesa.
Decían que la había secuestrado un enorme dragón. El rey mandó patrullas de búsqueda, pero no encontraron más pistas que aquel castillo abandonado, donde podían escuchar, algunas veces, los rugidos del dragón. Pero ningún grupo conseguía acercarse, puesto que alertaban al dragón con su presencia.
De esta manera, el rey propuso a todos los príncipes de los reinos cercanos que buscaran el castillo en el bosque oscuro, mataran al dragón y rescataran a la princesa, entonces esta sería suya.
James no era el primero en ir hacia allí, pero todos los demás que habían ido antes que él, habían muerto en un fatal accidente. Los que no, habían vuelto con historias de terror sobre la ferocidad del dragón y lo peligroso que era acercarse a él. 
Luna galopaba entre los árboles del bosque oscuro. Conforme se adentraba, la vegetación se hacía más exuberante, dificultando el paso del caballo, mientras la luz parecía apagarse lentamente, hasta que todo era oscuridad casi completa. 
Después de mucho camino, logró atravesar todo el bosque y encontró un puente colgante en ruinas. Todavía parecía viable, así que se aventuró a cruzarlo con el caballo. Apenas llegó al otro lado, este cayó, dejando así la imposibilidad de dar marcha atrás.
Delante de él, se alzaba un gran castillo de piedra, era verdaderamente antiguo. Algunas partes parecían destrozadas, pero aún así su grandeza era muy imponente. Sus muros eran tan altos que eclipsaban al sol, dando la impresión de que a ese lado del castillo, ya hubiese anochecido.
El gran portón, que daba paso a los jardines del castillo, estaba abierto. Sin embargo, con el paso de los años habían crecido zarzas que impedían el paso. James desmontó y dejó a su caballo en la entrada. Después de coger todo su armamento, descubrió que había un hueco entre las zarzas, un hueco suficientemente grande cómo para que él pudiese pasar, arrastrándose por debajo de estas. Así logró entrar al jardín del castillo.
No había ni un alma, parecía completamente deshabitado, ya que el jardín estaba descuidado, habían crecido enredaderas que cubrían casi por completo los muros. No había rastro de vida, excepto una antorcha.
La antorcha estaba justo en la puerta de la entrada al edificio. James entró y allí descubrió que su camino estaba iluminado por muchas más antorchas, que le conducían por los pasillos laberínticos y las escaleras serpenteantes. Finalmente, llegó a su destino.
Igual que en los cuentos de hadas que se escuchaban en su reino, la princesa estaba encerrada en la torre más alta del castillo. En cuanto estuvo en frente de la puerta, se armó de valor y confianza para entrar. Supuso que estaría encerrada y no podría abrirla así como así, ya que decían que la princesa estaba atrapada allí. Se alejó unos pasos para coger carrerilla y arremeter contra la puerta, con la intención de tumbarla y podes así abrirla.
En cuanto él se lanzó contra la puerta, esta se abrió, pero no fue él quien lo hizo. En lugar de chocar contra la puerta, chocó contra la persona que estaba allí y cayeron los dos al suelo.
— ¿Pero qué demonios? ¡Apártate ahora mismo! —gritó ella.
James se levantó rápidamente y le ofreció la mano a ella, pero la chica se levantó por si sola. La miró detenidamente un momento. La princesa tenía un vestido azul brillante, el pelo castaño y largo, recogido de forma sencilla con algunas trenzas, los ojos verdes y la piel pálida. Ella era la princesa Alice, la más deseada de todos los reinos.
James hizo una reverencia.
—Princesa Alice... He venido a rescataros en nombre de mi reino...
— ¡Venga ya otra vez no! —Ella lo cortó y no dio tiempo para que pronunciara el nombre de su reino.
—... ¿Disculpe?
—Vuelve por donde has venido, antes de que el dragón te mate.
Se trataba de una seria amenaza.
—No os preocupéis princesa, yo lo mataré y me llevaré su cabeza para demostrarlo a los 12 reinos. Os llevaré de vuelta a vuestro hogar y luego...
—Os convertiré en mi esposa y bla bla bla... Gracias, pero no me interesa tu oferta. Ahora vete. Este castillo es mi hogar y ese dragón es mi familia. 
James se quedó atónito, pero no por eso abandonó su misión. La princesa debía estar, desde luego, hechizada, para que creyera que ese era el lugar donde debía estar. Pero James no estaba dispuesto a permitir que una criatura tan temible como un dragón, abusara de la inocencia de una princesa. Se ajustó la armadura y se arrodilló ante ella. Luego le cogió la mano y le dio un beso en el dorso.
—Volveré a por vos, mi amada.
Se levantó y salió de la habitación.
Alice hizo una mueca en cuanto él se fue y se limpió la mano contra el vestido. Él no era el primero que se las daba de valiente y luego moría: aplastado, asfixiado, quemado, masticado... O otras cosas que solía hacer el dragón a la visita no deseada.
Nadie, absolutamente nadie le entendía, excepto Alice, Alice podía hablar con él, era su mejor amigo. Él la protegía a ella y ella le hacía compañía. Era el último en su especie, el día que muriera, se extinguirían los dragones. Simplemente, ella no podía dejar que él estuviese tan solo el resto de su vida.


*   *   *

James fue a la parte trasera del castillo, donde encontró al dragón dormido. Pensó en ir despacio y cortarle el cuello con su espada. No le tenía miedo, aunque fuera tan grande que pudiera aplastarlo con una de sus gigantescas patas o comerlo de un bocado... Tal vez fuera tan grande que ocupara todo el patio trasero del castillo inclusive el muro derribado y el bosque. Tal vez midiera tanto como cuatro humanos, aunque de momento estaba acostado en el suelo... Pero se veía capaz de poder con él. Estaba recubierto de escamas azules y tenía cuernos en la cara, cosa que le daba un aspecto más fiero. Pero James no tenía miedo.
Se acercó a él y cuando estuvo suficientemente cerca de su cara, pudo notar su aliento tan caliente como un volcán en erupción.
—Adelante, prueba a ver —dijo Alice, que estaba al lado del dragón.
— ¿Cómo habéis llegado hasta aquí, mi señora?
Alice señaló la torre y su ventana, aunque muy alta, había escalado y había llegado antes que él.
—Es mejor que os alejéis princesa, esto podría volverse peligroso.
Alice negó con la cabeza, no se movió del lugar donde estaba.
Cuando James estuvo suficientemente cerca, el dragón despertó de repente y abrió uno de sus dos ojos negros. Le miró detenidamente, luego abrió la boca llena de afilados colmillos y rugió.
James retrocedió, el dragón se puso en pie de repente y miró a Alice. Parecía que ella le estuviese hablando, pero sin mover los labios, tal como hacían las brujas. Ella le decía que se marchara.
El dragón levantó el vuelo y desapareció en el cielo, en dirección al bosque. James echó a correr hacia el bosque también. No podía dejar que escapase.
Antes de que pudiera cruzar el muro derrumbado por el dragón, Alice le detuvo, estaba justo detrás de él.
—No lo hagas por favor, no necesito que me salves.
—Me enfrentaré a él, pase lo que pase.
—Morirás pase lo que pase. Todos murieron y tú lo harás también. Deja esta locura de hazaña y vuélvete por donde has venido antes de que seas tan solo un cadáver más de este bosque.
—No me importa morir. Me enfrentaré a la muerte con valentía y moriré con el honor de haber luchado contra un dragón, si es necesario.
Salió al bosque, pero antes de que se fuera...
— ¿Sabes algo de un tal, Sir Michael de Greenland que volvió de aquí?
James asintió. Él había sobrevivido y había conseguido volver a su reino después de enfrentarse al dragón, pero no lo venció.
— ¿Y no dijo nada?
Se detuvo a pensarlo. Había escuchado un rumor acerca de él cuando volvió, decía que la princesa no quería ser rescatada. Pero no le dio vueltas, a él solo le importaban dos cosas: matar al dragón, conseguir a la princesa... 
Se dio la vuelta y se marchó encaminado al bosque.
Alice no era capaz de entender de dónde se sacaban todos esa mentalidad heroica. ¿Por qué no podían aceptar un "no" por respuesta? ¿Todo tenía que ser tan radical y terminar con la muerte?
Príncipes... Vivían en su propio cuento de hadas, sin comprender que no todos los cuentos tenían un final feliz y que no todas las princesas soñaban con un héroe dispuesto a luchar y morir por ellas.

*   *   *

El dragón estaba en un claro en el bosque, al otro lado del castillo. Empezaba a atardecer. El caballero armado apareció frente a él dispuesto a atacarle, pero el dragón no sabía que hacer. Alice le había dicho que huyera y que ella se encargaría del humano. ¿Debía atacar? ¿Debía esperar? ¿Huir? No quería defraudar a Alice, pero él tampoco iba a dejarse vencer por un humano recubierto de metal.
James se puso el casco y desenvainó su espada. El dragón no se movió, solo rugió con fuerza hacia él.
James corrió hacia el dragón y le atestó el primer golpe a una de sus patas delanteras, le cortó y eso dolió al dragón. Empezó a salir sangre de su pequeña herida, pero aunque el corte había sido profundo, para un dragón de tal envergadura, solo era un arañaszo. Levantó la garra del suelo y volvió a rugir, parecía dispuesto a echar fuego pro la boca en cualquier momento.
—Última oportunidad Sir James de no-sé-qué reino, vete ahora o no me haré responsable de lo que el dragón haga contigo.
Alice volvía a estar allí, entre los dos. James pensó en ese momento, que la muchacha se movía muy rápido por el bosque, a pesar de ser una princesa.
—Lucharé. Y si hace falta moriré en honor a mi reino.
Alice negó con la cabeza decepcionada, luego fue hacia su dragón, que agachó su cabeza. Alice le acarició, luego le susurró.
—Ya lo intenté, pero es igual que los demás... Haz que... se vaya.
El dragón se levantó, Alice se agarró a una de sus garras y observó la pelea desde allí.
James fue directo hacia el dragón, el dragón le atacó con una de las garras y James le cortó de nuevo, pero cayó al suelo del impulso.
El dragón echó llamas por la boca e incendio el bosque que les rodeaba, James volvió a atacar, pero no llegó a hacerle nada, pues volvió a caerse y no tuvo tiempo de levantarse. El dragón agachó la cabeza y le agarró con los dientes, James solo pudo gritar antes de que el dragón azul cerrara por completo su boca y convirtiera al príncipe en su aperitivo.
Su boca y sus dientes se llenaron de sangre, que chorreó hasta llegar al suelo. Luego lo escupió lejos, volvió a rugir y despegó el vuelo, con Alice todavía agarrada a él y ella con lágrimas en los ojos. Mientras se iban, prendió fuego a todo lo que quedaba del bosque.
Así termina la historia de James, terriblemente asesinado por un dragón. Y su caballo Luna, que huiría del terreno horas después.
Durante los años venideros, caballeros y príncipes de los 12 reinos acudieron nuevamente a rescatar a la princesa Alice. Hasta que un día, al fin comprendieron que no lo conseguirían nunca. La princesa no quería ser rescatada. Nadie más se acercó al castillo.
Nació una nueva leyenda, que sustituyó a la de la princesa cautiva. La leyenda de la bruja que susurraba a los dragones y arrasaba con cualquiera que le viniera al paso. La bruja Alice.
Más tarde, el dragón murió de viejo. El último de su especie, pero no estuvo solo, ya que Alice nunca rompió su promesa, nunca lo abandonó. Incluso cuando de él solo quedaron huesos, Alice se quedó a su lado, en el antiguo castillo. Hasta el fin de sus días.
Decían que estaba cautiva, decían que era una bruja... Pero puede que al final ella fuera la única princesa realmente libre de los 12 reinos.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Dark Light 55

Capítulo 55
Salto

Parecía una especie de adivinanza o pista, tal vez Mae solo se estaba burlando de ella. Quién sabe qué cosas tenía en la cabeza esa niña.
Lily se fue a ver a Sally y le dijo que le mandara un mensaje si Aura despertaba mientras ella no estaba. Luego fue hacia los ascensores y pensó en la planta 27, la planta de entrenamientos sector B. Era el sector donde se entrenaba el manejo de armas, sabía que ese era el único sitio en el que había taquillas. En las taquillas cada uno guardaba todo lo que llevaba encima antes de coger las armas de entrenamiento. Solo en la planta 27, dónde entrenaban los de rango más alto, tenían taquillas personales, con nombre y llave.
Nadie le prestó atención cuando se coló en la sala de entrenamientos, a pesar de que había mucha gente en el interior, más interesados en hablar con sus compañeros que en entrenar. Tal vez por eso no se fijaron en Lily.
Estuvo paseándose durante un largo rato buscando las taquillas a partir de cinco mil. ¡Eran demasiadas! Después de media hora buscando, encontró finalmente la taquilla 5524. Se dio cuenta solo al final que las taquillas tenían el número del agente de Dark Light, por eso no estaban ordenadas numéricamente. La que ella buscaba estaba al final de la sala, en la parte de arriba, a su altura. Miró la llave para comprobar que era la correcta, solo entonces se dio cuenta de que tenía un llavero de un vampiro chibi. Eso le extrañó, pero no le dio demasiada importancia.
Abrió la taquilla sin darse cuenta de que había un niño a su lado mirándola (era un elfo). Este, en cuanto vio que abría la taquilla, envió rápidamente un mensaje a su compañera.
Dentro de la taquilla no había nada extraño, unos pares de esposas, algo de munición que había sido olvidada allí... Y el pañuelo rojo de Aura.
Lo sacó casi sin poder creérselo, pensando todavía que era imposible que fuera el mismo, pero no cabía duda, era ese. Cuando lo extendió, se dio cuenta de que estaba rasgado, seguía de una pieza, sin embargo, tenía las marcas de unas garras de lado a lado.
Alguien cerró de repente la puerta de la taquilla.
Lily se dio la vuelta asustada. Era una joven, con el pelo rubio y largo, llevaba un vestido de color beige, con volantes de color rojo oscuro y bordados rojos. Una chaqueta larga de color granate con botones y guantes sin dedos. Tenía los ojos rojos, una sonrisa muy simpática y unos colmillos aterradores.
— ¡Vaya! Esa es la llave que perdí. Gracias —dijo con una voz melódica.
Natalie se la quitó de las manos.
—Pero... ¿Por qué la tenías tú eh?
—Yo...
—Ladrona... —murmuró Natalie, su humor parecía haber cambiado de golpe—. ¿Qué hacías husmeando en mi taquilla? ¿Pensabas encontrar algo interesante Lily?
—... ¿Cómo sabes quién soy?
—Primero, conocí a tu hermana. Segundo, todo el mundo sabe quien eres. Pero por si no lo sabías, husmear en las taquillas de tus superiores es un delito gravemente castigado por Dark Light y...
En ese momento, sonó una alarma en el busca de Lily, una alarma que ella no había llegado a escuchar nunca, porque todo el tiempo que llevaba en Dark Light, lo llevaba siento una "Principiante".
Mientras Lily sacaba el busca para mirarlo, Natalie y el niño elfo que estaba a su lado miraron instintivamente hacia el panel de novedades.
—Un Salto. Ha dado un salto de nueve rangos —dijo el niño.
Lily no estaba tan emocionada cuando vio en su busca la notificación de su subida de rango, estaba preparándose para escribir un mensaje. Entonces Natalie vio también la anotación de su próximo ascenso.
—... Esto... Olvida lo que he dicho —dijo Natalie—. Toma, te regalo la taquilla si te hacía tanta ilusión.
Le volvió a poner su llave en la mano.
Pero a Lily no le hacía tanta ilusión tenerla. Le devolvió la llave, pero no soltó el pañuelo de Aura en ningún momento.
—Tengo prisa, adiós.
Lily se fue corriendo.
— ¡Oye! ¡Espera! ...


*   *   *

Sabía perfectamente que no podía desvanecerse hacia la planta de los Alphas, iba a ir corriendo hacia el ascensor. No se dio cuenta de que todo le mundo reconocía su cara y la estaban mirando.
Antes de que llegara a su destino, Víctor se interpuso en su camino, la cogió de la mano y se desvaneció con ella, sin darle la oportunidad de elegir su destino.